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Estas son las irregularidades que cometió Trump en sus contactos con el director del FBI

El presidente pidió lealtad, sugirió cambios en la marcha de una investigación federal y se contactó demasiado con un funcionario que debería contar con la mayor independencia de la Casa Blanca.
7 Jun 2017 – 4:55 PM EDT

Varias cosas irregulares quedan en evidencia leyendo la declaración inicial que dará este jueves el exdirector del FBI James Comey ante el Comité de Inteligencia del Senado: desde el instinto de Comey de hacer notas de sus conversaciones con Donald Trump, hasta el número de contactos que en solo cuatro meses tuvieron ambos hombres.

Lo que hasta ahora destaca más es la insistencia de Trump para que el FBI despejara "la nube" que representa el 'Rusiagate' o que "dejara ir" a uno de los investigados o hasta que dejara claro que el presidente no era objeto de esas averiguaciones, puede sugerir a muchos un patrón de interferencia en una investigación federal y hasta obstrucción a la justicia.

Además está la solicitud de lealtad que le hizo Donald Trump a Comey, obviando que el cargo del director del Buró Federal de Investigaciones es uno que requiere total independencia para poder cumplir con sus labores.


El director del FBI responde directamente al secretario de Justicia. Es propuesto por el presidente y aprobado por el Senado para para un período de 10 años, lo que lo protege de cambios en el poder ejecutivo, aunque el presidente tenga la potestad de despedirlo como hizo Trump con Comey este año y antes Bill Clinton con William Sessions en 1993.

De la narración fría, fáctica, que hace Comey de cómo fueron sus númerosos intercambios con el presidente Trump en esos últimos cuatro meses que estuvo al frente del FBI se desprenden varias cosas que alimentarán la polémica sobre el ‘Rusiagate’ y el estilo personal de Trump.

Intuición de abogado

Lo primero son las minutas que Comey sintió que debía hacer de esos contactos. Él reconoce que en las dos charlas que tuvo con Barack Obama desde que lo seleccionó para el cargo en 2013 nunca pensó en dejar un registro. Con Trump sí lo hizo, quizá cediendo al instinto de abogado.

La frecuencia de los contactos también resulta inusual: tres cara a cara, seis por teléfono. Aunque no explica por qué, es claro que el entonces director del FBI sentía la necesidad de memorizar bien las cosas al punto que empezó a tomar notas en su computadora portátil en su auto una vez terminada la primer reunión en la Torre Trump el 6 de enero.

En algún momento comparte sus preocupaciones con sus colegas del buró y hasta le pide al fiscal general Jeff Sessions que le indique al presidente que siga los canales regulares en sus solicitudes al FBI.

Contactos demasiado frecuentes

Es muy irregular también el número de veces que Trump buscó contactarse personalmente con Comey. Por lo general, los presidentes escuchan a sus asesores de inteligencia en reuniones colectivas para evaluar asuntos de seguridad nacional, pero raramente en un cara a cara y menos aun cuando una agencia tiene abierta una investigación al entorno presidencial.

En ese sentido, es muy inusual que el presidente le pidiera a Comey quedarse con él en la Oficina Oval tras una reunión con la comunidad de inteligencia el 14 de febrero, un día después de que renunciara Michael Flynn, el asesor de seguridad nacional, por no haber informado sobre la naturaleza de sus contactos con el embajador ruso en Washington.

Y más inusual aun que le pida al jefe del FBI que busque “la manera de dejar ir” a Flynn. Ese pasaje de la declaración de Comey con seguridad será empleada por quienes aseguran que el presidente puede ser acusado formalmente de intento de obstruir la marcha de una investigación federal.

La nube de Trump

Al parecer, la preocupación central del mandatario era la “nube” que estaba sobre su gobierno a causa de la investigación del llamado ‘Rusiagate’, según le dijo en una llamada del 30 de marzo de la que no se sabía hasta ahora.

Comey no indica en sus apuntes que Trump lo llamara “caza de brujas” como suele decir en público, pero sí que era algo que le estaba impidiendo llevar a cabo su trabajo.

Aquí algunos podrían interpretar que el presidente siguió ejerciendo presión para cambiar el ritmo de una investigación federal, aunque otros podrían alegar que es una preocupación natural de un gobernante que quiere dejar atrás lo antes posible un problema de imagen pública que, aunque no lo reconozca en público, le está afectando más de la cuenta.

El buen nombre de Trump

El presidente también faltó a la manera como tradicionalmente se maneja la Casa Blanca en relación a investigaciones que adelantan agencias federales.

Trump tenía una gran preocupación porque se supiera que él no estaba siendo objetivo de averiguaciones por parte del FBI. Al menos en tres ocasiones quedó claro que ese no era el caso. Pero el presidente quería que el FBI lo informara públicamente, sugiriendo a una agencia federal como presentar resultados de una pesquisa que aún no había sido cerrada.

De hecho, la reticencia de Comey a cumplir con los deseos presidenciales radicaba en que eso podía cambiar, si la investigación adquiría otra dinámica. El propio Comey dijo en su última comparecencia ante el Senado que no descartaba a nadie de la investigación, incluyendo al mismo presidente.

Por cierto que el presidente no niega que algunos "satélites" suyos puedan haber incurrido en irregularidades. Como dijo en una reciente entrevista con Fox News, él solo puede hablar por él. Algo que suena lógico, pero no parece reflejar el mismo grado de lealtad que le pide a los suyos.

¿Por qué fue despedido?

La declaración escrita presentada el Senado presenta datos sobre los encuentros que tuvo Comey con Trump, pero no llega a valorar ni entra a analizar su significado. Por ejemplo no dice por qué creyó necesario llevar un registro de esos contactos.

Pero en ningún momento da a entender por qué piensa que fue despedido por el presidente de la manera abrupta como ocurrió. En su carta de despedida al FBI Comey reconoce que un director de la agencia puede ser sacado del cargo por el presidente con o sin razón alguna.

Esa valoraciones serán las que este jueves los senadores querrán saber, en el que es el testimonio más esperado en Washington de las últimas décadas.


Los 10 momentos que llevaron a la abrupta salida de James Comey del FBI

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