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Las elecciones británicas se mueven entre el terrorismo, el 'Brexit' y el efecto Trump

La primera ministra Theresa May convocó elecciones anticipadas con la previsión de que arrasaría, pero este jueves puede perder la mayoría en el Parlamento. El impacto de los atentados de Londres y Manchester es incierto.
6 Jun 2017 – 11:14 AM EDT

Cuando el 18 de abril la primera ministra conservadora Theresa May convocó por sorpresa elecciones en el Reino Unido, su partido tenía 20 puntos o más de ventaja en intención de voto en relación al Partido Laborista. Según las últimas encuestas, May puede ganar por poco los comicios de este jueves e incluso perder la mayoría y el puesto.

May no tenía por qué anticipar las elecciones, que tocaban dentro de tres años, pero quiso hacerlo porque, según ella, así sería más fuerte a la hora de negociar las condiciones de salida del Reino Unido de la Unión Europea de aquí a 2019. May llegó al poder de rebote el año pasado cuando el primer ministro David Cameron dimitió tras el referéndum del brexit y el partido la designó a ella, entonces ministra de Interior, como sucesora.

La primera ministra contaba con la impopularidad de su principal rival, el laborista Jeremy Corbyn, y el hundimiento de su competidor a la derecha, el Partido Independentista de Reino Unido (UKIP), el partido de Nigel Farage y artífice del B rexit.

Desde mediados de abril, ha habido dos atentados terroristas en el Reino Unido, la primera ministra ha cometido varios errores de mensaje y otros líderes europeos han puesto en evidencia a May por sus promesas electorales sobre las buenas condiciones que supuestamente conseguirá al separarse de su principal socio comercial, la Unión Europea.

Por si fuera poco, en el Reino Unido se percibe la resistencia de May a criticar a Donald Trump, una figura muy impopular incluso entre los votantes más a la derecha.

El efecto del terror

El “ keep calm and carry on” (“mantén la calma y sigue”) de los pósters del Gobierno británico durante la Segunda Guerra Mundial sigue siendo un lema del que presumen los políticos y ciudadanos británicos de cualquier ideología.

En años 80, tras los atentados terroristas del Ejército Republicano Irlandés (IRA), Margaret Thatcher subrayaba el hecho de que seguía cumpliendo con su agenda. El año pasado, cuando la campaña del referéndum sobre el brexit, se detuvo por el asesinato de la diputada laborista Jo Cox por parte de un nacionalista británico algunos conservadores se quejaron de que se dejara que la violencia tuviera un impacto en la normalidad política.

Tras el atentado del sábado en Londres, la campaña electoral se suspendió apenas unas horas. Al día siguiente, a última hora, los partidos ya estaban de nuevo en actos electorales.

A diferencia de otros atentados, éste, sin embargo, se ha convertido en asunto electoral. El año pasado, ni los analistas se atrevían a mencionar el asesinato de Jo Cox. En el referéndum ganó el mensaje nacionalista y antiinmigración contra el que ella luchaba.

Ahora, tanto May como Corbyn no han dejado de lado el atentado.

La primera ministra dio un discurso vigoroso, indicando que buscará restricciones en internet y una lucha más agresiva contra los que defienden ideas radicales en la comunidad musulmana. Por su parte, Corbyn ataca a May por los recortes al presupuesto de la policía, le pide responsabilidades por su etapa como ministra del Interior e incluso ha dicho que debería dimitir.

Es difícil calibrar el efecto de los atentados en la votación.

May ha transmitido una sensación de inseguridad en los últimos meses. El Economist la ha apodado "Theresa Maybe" y, a diferencia de 2010 y 2015, no ha apoyado a los conservadores. De otro lado, Corbyn es un líder que está a la izquierda de las posiciones de las últimas décadas de su partido, ha hablado poco de seguridad y ha sido criticado por su reticencia a condenar al IRA.

El efecto Trump

La repentina ofensiva tuitera de Trump contra el alcalde de Londres está poniendo en apuros en las últimas horas a May.

Este lunes la primera ministra contestó nerviosa que le parecía “mal” que el presidente de Estados Unidos hubiera atacado a un alcalde que está haciendo “un trabajo excelente”. Pero de momento no ha retirado la invitación a Trump para que visite en octubre su país ni le ha pedido que se retracte.

May no tiene especial afinidad personal ni ideológica con Trump, pero fue la primera líder mundial en ir a visitarle a la Casa Blanca, una semana después de su toma de posesión. Y ha sido mucho más cauta a la hora de criticar al presidente que otros líderes europeos. Por ejemplo, aunque ha repetido que no está de acuerdo con la decisión de Estados Unidos de abandonar el pacto de lucha contra el cambio climático, no quiso unirse a la declaración conjunta con Alemania, Francia e Italia el día en que Trump anunció su decisión.

La posición de May es delicada porque tras una negociación dura su país puede perder mercado en el resto de la UE y necesita un nuevo pacto comercial con Estados Unidos.

Goles en propia meta

May sigue teniendo más aceptación que su principal contrincante, pero ha cometido varios errores durante la campaña con su propio electorado.

Uno bastante grave fue anunciar que los más mayores deberían pagar más por sus cuidados de salud. Tras las críticas, May dio marcha atrás, pero el daño ya estaba hecho. La edad es ahora el principal factor de predicción del voto conservador: a más edad, más voto por los conservadores. La caída en las encuestas de May, de hecho, se ha producido por su pérdida de apoyos entre las mujeres más mayores.

Otro posible error de May fue no acudir al debate de la BBC con los demás candidatos. Corbyn aseguró que no iría si no lo hacía la primera ministra, pero la misma mañana del debate anunció que sí estaría. May fue la única ausente y varios candidatos resaltaron que eso reflejaba una falta de interés en dar respuestas a los ciudadanos.

El Brexit

May esperaba que la mayoría de la campaña se centrara en qué tipo de posición que debe mantener el gobierno británico en las negociaciones del Brexit. Tanto ella como Corbyn hicieron campaña y votaron a favor de quedarse en la Unión Europea, pero ahora la primera ministra defiende condiciones duras de salida.

Su posición, sin embargo, es dudosa ya que el Reino Unido tiene más que perder y la Unión Europea está fortalecida ahora por la alianza de Alemania y Francia con dos líderes estables, la canciller Angela Merkel, con buenas perspectivas de ser reelegida en septiembre, y el presidente Emmanuel Macron, recién elegido.

Los laboristas son menos claros en este asunto e incluso han dejado una puerta abierta a retrasar el brexit o incluso volver a considerarlo según las condiciones de salida.

May calculaba por tanto que ella podría aparecer como la figura más fuerte y exigente a la hora de llevar las charlas en Bruselas. Pero el debate del Brexit no ha sido tan intenso como esperaba, y los principales debates han girado alrededor de los recortes, las ayudas universitarias y ahora el terrorismo.

¿Y entonces?

Las encuestas siguen prediciendo una victoria del partido de May este jueves, pero la gran cuestión es por cuánto.

Si no consiguiera la mayoría, ella o Corbyn tendrían que pactar con los liberaldemócratas, los nacionalistas escoceses o los verdes para gobernar en un Parlamento más fragmentado de lo habitual. En 2010, Cameron no logró la mayoría pero le bastó con acuerdo con los liberaldemócratas, un partido centrista y europeísta que ha ido perdiendo peso. En el Reino Unido, las coaliciones no son habituales.

Si May lograra la mayoría pero aún así perdiera escaños, su propio partido podría derrocarla y sustituirla por otro conservador, por ejemplo Boris Johnson, uno de los defensores del Brexit dentro del partido.

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