El fracturado Partido Republicano que no pudo reparar Paul Ryan desde el Congreso

Es considerado uno de los últimos líderes moderados del partido. Ahora es uno más que se va en los tiempos de Donald Trump, fortaleciendo al ala más extrema entre los conservadores, los mismos que forzaron la salida de su predecesor John Bohener y que parecen seguir en rebeldía.
22 Dic 2018 – 11:00 AM EST

Paul Ryan está enfocado en su legado. Al dejar su carrera política y el liderazgo en el Congreso quiere hablar de su trabajo durante los últimos 20 años. Pero la misma polarización política que forzó la salida de su predecesor, fue el peso más grande en su trayectoria y la última piedra en su camino antes de irse de Washington.

Era su último paso como líder de la Cámara de Representantes. Dejar el presupuesto aprobado antes de que termine el año para permitir el funcionamiento del gobierno. Pero este viernes el presidente Donald Trump dio un rotundo "no" al difícil acuerdo logrado en el Congreso, a menos que los legisladores incluyan el dinero para financiar su estruendosa promesa de campaña: el muro en la frontera con México.

El mismo que, según dijo cuando era candidato presidencial, sería pagado por México, pero que ahora insiste en incluir en el presupuesto del Congreso estadounidense.

Trump no está solo en este juego. El presidente es alentado por los legisladores del Freedom Caucus, un grupo de unos treinta representantes que es considerado el ala más extrema del Partido Republicano en el Capitolio.

Los congresistas intentaron boicotear el acuerdo al interior de la Cámara Baja sin el apoyo suficiente. El líder del grupo, el congresista Mark Meadows, de Carolina del Norte, ha insistido en que Trump debe vetar la legislación si no incluye el dinero para asegurar la frontera, porque deben luchar por las promesas que se le han hecho al pueblo estadounidense.

Es la última zancadilla en una larga historia de desacuerdos entre el ala más extrema del Partido Republicano y sus colegas en el Congreso. Una que empezó mucho antes de que Ryan llegara a liderar la Cámara de Representantes en 2015.

Un partido fracturado

“Crean en la decencia de las personas, necesaria para reunirse y hacer lo que se puede”. Esas fueron una de las últimas palabras de John Boehner el republicano ex presidente de la Cámara de Representantes, quien le entregó el liderazgo a Ryan luego de ver forzada su renuncia por la facción más extrema del partido, el Freedom Caucus, quienes fracturaron la cohesión necesaria para que Boehner pudiera continuar.

Ryan no quería reemplazarlo y aceptó renuente. Esta semana en su discurso de despedida, el congresista de Wisconsin habló de cómo “la indignación se ha convertido en una marca y, como todo lo que se comercializa, se incrementa. Es solo un pábulo emocional alimentado desde un abismo de indignación. Es agotador. Agota el significado de la política, y desalienta a las buenas personas a buscar el servicio público", dijo Ryan en su discurso final en la Biblioteca del Congreso.

El presidente de la Cámara de Representantes estaba hablando sin decir nombres del gobierno de Trump, como también de la manera en que el Freedom Caucus ha vapuleado y obstaculizado su gestión durante estos tres años.

“A Ryan le ha tocado liderar en un ambiente sumamente polarizado y a pesar de eso, pasó una de las reformas económicas de mayor envergadura de esta Administración”, explicó a Univisión Noticias el estratega republicano Alfonso Aguilar, refiriéndose a la reforma tributaria.

Pero aunque el congresista ha liderado con principios conservadores, con importantes recortes presupuestarios, además de la promesa de desmantelar Obamacare, no ha sido suficiente para el ala más extrema del Partido Republicano.

En busca de su legado

Este miércoles, el mismo día en que realizó su discurso de despedida, la oficina de Ryan lanzó seis videos que cuentan la historia desde que comenzó su carrera política, en busca de una reforma tributaria.

El legislador, sus colegas, jefes de gabinete e incluso su hermano lo definen como un hombre enfocado en la política pública, que partió con el sueño de reformar el sistema tributario y se va con el trabajo cumplido.

Lo que no está en la historia es cómo Ryan, el halcón presupuestario más importante de los republicanos, no fue capaz de cumplir con uno de los pilares con los que llegó al Congreso y por los que se destacó entre sus pares: reducir el déficit presupuestario.

De hecho, fue la negociación de la reforma tributaria el año pasado, la que lo obligó a ceder en el área de gasto militar.


Bajo el liderazgo de Ryan el déficit nacional ha crecido desde 438,000 millones de dólares a 779,000 millones de dólares en 2018.

En 2011, cuando Ryan estaba en pleno ascenso en el Partido Republicano, dio el discurso de respuesta al Estado de la Unión. Fue entonces cuando destacó que reducir el déficit fiscal era imperativo.

“Nos enfrentamos a una aplastante carga de deuda. La deuda pronto eclipsará a toda nuestra economía y crecerá a niveles catastróficos en los próximos años”, dijo.

“Ninguna economía puede sostener niveles tan altos de deuda e impuestos. La próxima generación heredará una economía estancada y un país disminuido. Francamente, es una de mis mayores preocupaciones como padre y sé que muchos de ustedes sienten lo mismo”, vaticinó.


"Me arrepiento de eso"

Ryan era uno de los grandes impulsores de una reforma a Medicare y Medicaid, como una clave para reducir el déficit fiscal y este fracaso no estuvo ausente de su discurso final.

"Reconozco claramente que mis ambiciones de reforma han superado la realidad política, y considero que este es nuestro mayor asunto pendiente. Este problema requerirá un mayor grado de voluntad política de la que existe hoy en día. Me arrepiento de eso", aseguró el congresista.

El estratega republicano Brendan Steinhauser explicó a Univisión Noticias que aunque Ryan “ha sido una voz líder para la reducción de la deuda y el déficit en los últimos años, el presidente Trump y el Partido Republicano no han mostrado interés en unirse a él en sus esfuerzos”, lo que ha decepcionado a muchos republicanos al interior del partido, incluyéndolo.

Bien o mal a nivel de imagen, Ryan se va de la misma manera en que lo hizo Boehner: agotado de un juego político que no responde a las reglas tradicionales.

Su promesa es dedicarse a su familia, recuperar el tiempo que les ha quitado en Washington. Pero incluso antes de su partida, voces entre los republicanos auguran un retorno.

“Es un buen momento para retirarse de la política por un tiempo en este ambiente tan caldeado. Pero creo que él tiene un futuro brillante. Lo veo regresando para en algún momento correr por la presidencia”, auguró Aguilar.


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