El 'chef de Putin' y su granja de trolls con la que interfirió en las elecciones de EEUU

Un exconvicto devenido en oligarca y una organización con nombre de institución académica son el centro de las primeras acusaciones contra rusos presentadas por la fiscalía especial que investiga el 'Rusiagate'.

En principio ambos nombres podían haber sonado inofensivos y totalmente desvinculados: Yevgeny Viktorovich Prigozhin, un exitoso hombre del ramo de la hostelería, y la Agencia de Investigaciones de Internet, un nombre con resonancias académicas o quizá ecos de oficina gubernamental.

Pero la figura de Prigozhin ha estado vinculada a la guerra informática de Rusia contra EEUU al menos desde junio de 2014, cuando un trabajo de BuzzFeed, basado en documentos filtrados, reveló la existencia de una estrategia de propaganda rusa en internet organizada por la entonces poco conocida Agencia de Investigaciones de Internet de la cual es su financista principal, de acuerdo con la acusación presentada este viernes por el fiscal especial que investiga el llamado ' Rusiagate'.

Esa conexión, de la que se hablado en los últimos años, es la que establece el fiscal especial Robert Mueller al acusar ante un Gran Jurado a Prigozhin y otros doce ciudadanos rusos de haber interferido desde 2014 en el proceso electoral estadounidense a través de la agencia y otras dos empresas rusas.

Progozhin es un oligarca ruso con estrechos vínculos con el Kremlin y es señalado como el principal financista de la agencia. Es apodado 'el chef de Putin', porque ha agasajado al presidente Vladimir Putin en sus restaurantes y hasta ha servido en banquetes oficiales. Esa cercanía le habría facilitado obtener millonarios contratos con el Estado ruso.

La Agencia de Investigaciones de Internet es una ya famosa 'granja de trolls' que empezó esparciendo propaganda favorable a las políticas de Moscú durante la crisis de Ucrania y posterior anexión de la península de Crimea en 2014 y terminó convirtiéndose en una maquinaria para tratar de influir en elecciones de otros países inmiscuyéndose en el debate político local en redes sociales.


De convicto a oligarca

La trayectoria de vida de Prigozhin podría presentarse como una historia de éxito, de un hombre que se hizo a sí mismo aprovechando las oportunidades del cambio de sistema de la férreamente comunista Unión Soviética al caótico capitalismo centralizado de la Rusia de fines del siglo XX.

Nacido en 1961 en la entonces Leningrado, hoy San Petersburgo, Prigozhin fue un esquiador de campo traviesa hasta que en 1981 fue sentenciado a 12 años de prisión por robo, fraude y prostitución de menores. Salió de prisión tres años antes de cumplir su sentencia, justo para presenciar los momentos finales de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

En los albores del capitalismo ruso, Prigozhin abrió un pequeño café, negocio que fue prosperando para convertirse en una serie de pequeños mercados. Para 1996 ya era dueño del lujoso ‘Staraya Tamozhnya’, sitio frecuentado por la élite política de San Petersburgo, entre ellos el futuro presidente Vladimir Putin.

Mientras seguía sumando locales a su lista de restaurantes, Prigozhin creó una empresa de suministros con la que estableció contratos millonarios para la alimentación de niños de escuelas de Moscú y posteriormente de las fuerzas armadas rusas.

Sus críticos afirman que los contactos políticos que hizo desde su ascenso como propietario de lujosos restaurantes facilitó la obtención de jugosos contratos, incluyendo uno en 2012 por 1,600 millones de dólares para proveer el 90% de los alimentos que consumen los soldados rusos.

En su sitio web, la Fundación Anti-Corrupción, de Alexei Navalny, uno de los más duros críticos de Putin que sufre persecución incluidos asiduos encarcelamientos, asegura que el único mérito que ha permitido a Prigozhin obtener esos contratos es que ha sabido “cocinar la confianza” del mandatario ruso.

De acuerdo con un reporte de un diario local ruso que cita The New York Times, Prigozhin figura en el puesto 83 de la lista de los 300 millonarios de la ciudad, con una fortuna cercana a los 200 millones de dólares (sólo contando las propiedades que aparecen vinculadas a su nombre en los registros públicos).


A Prigozhin no parece preocuparle mucho estar al centro de una acusación ante la justicia federal estadounidense, a juzgar por la reacción casi inmediata que dio a la agencia oficial de noticias rusa Novosti tras la decisión de encausarlo del fiscal especial Mueller.

“Los estadounidenses son gente muy impresionable y ven lo que quieren ver. Yo los respeto mucho (…) No estoy en lo absoluto desilusionado de aparecer en esa lista (de indiciados) Si ellos quieren ver al diablo, déjenlos”.

“La Granja”

En la acusación presentada por Mueller, Prigozhin es nombrado como el financista mayor de la Agencia de Investigaciones de Internet, también conocida como 'la granja de trolls' desde la que se realizaron operaciones de guerra informática contra EEUU.

El texto de la acusación indica que la agencia fue creada alrededor de julio de 2013 y que se registró ante el gobierno ruso como una corporación rusa. A principios del 2014 la empresa generó al menos siete subdivisiones que “obscurecieron su conducta”.

De acuerdo con la investigación de Mueller, cientos de personas trabajan para la agencia, que opera con un presupuesto de “millones de dólares” (aunque no especifica montos) y como es de esperar en toda compañía está dividida en varios departamentos: análisis de datos, optimización de búsquedas (SEO), tecnología y finanzas.


Los señalamientos corroboran lo que desde 2014 se ha venido publicando en diferentes medios estadounidenses, empezando por el trabajo aparecido en BuzzFeed en junio de aquel año, en el que se habla por primera vez de la existencia de una 'granja de trolls' vinculada al Kremlin para esparcir propaganda pro-rusa.

En 2015, un trabajo de Adrian Chen titulado ‘La agencia’, publicado en la revista de The New York Times explicaba cómo la 'granja' trabajaba desde un edificio sin relevancia de San Petersburgo donde se había “perfeccionado el arte del trolling”.

Ya en 2014 la agencia tenía entre su estrategia interferir en las elecciones de 2016 “diseminando desconfianza hacia los candidatos y el sistema político en general”, de acuerdo con la acusación.

La agencia usó identidades falsas, facilitadas en parte por un hombre de California que se dedicaba a venderlas y que se ha declarado culpable ante la oficina de Mueller, para crear perfiles en grupos de redes sociales desde los que agudizaban discusiones políticamente sensibles, como tensiones raciales o religiosas.

Desde el principio, los trolls enfilaron contra Hillary Clinton y, durante las primaras republicanas, contra Ted Cruz y Marco Rubio, los dos precandidatos más fuertes a los que se enfrentó Donald Trump. También favorecieron a Bernie Sanders durante las primarias demócratas.

Una vez en la campaña electoral, el trabajo se concentró en atacar a Clinton, favorece a Trump y desincentivar la participación electoral entre las minorías. La intención era generar divisiones y fomentar la rabia ciudadana expresada a través de las redes.

Una vez pasada las elecciones, el trabajo pasó a ser el de agudizar la polarización y al menos en una ocasión, el 12 de noviembre, organizaron en Nueva York dos eventos paralelos de signo contrario: uno bautizado “Trump no es mi presidente” y otro “Apoya a Trump”.

La clave era ocultar que todo ese trabajo promocional provenía de fuera del país y para eso la agencia usó varias Redes Virtuales Privadas (VPN) que enrutaban el tráfico para hacer parecer que se generaba dentro de EEUU.

Los operarios rusos tuvieron tanto éxito en su trabajo que llegaron a contar con un centenar de verdaderos ciudadanos estadounidenses, en su mayoría activistas de las causas en las que los trolls intervenían que desconocían que estaban tratando con agentes extranjeros y que ayudaron a movilizar la opinión pública y hasta organizar demostraciones de calle, dándole mayor autenticidad.

Todo eso requería dinero, al menos un millón de dólares al año de acuerdo con la acusación presentada por Mueller contra los rusos, aportados mayormente en efectivo por Prigozhin y sus socios.

El Kremlin y Prigozhin niegan cualquier vínculo con la agencia, pero es notable que las operaciones realizadas desde la 'granja' sean muy similares a las campañas de desinformación que se daban en la era soviética, en tiempos cuando Putin era un agente de inteligencia de la desaparecida KGB. La única diferencia es cómo la tecnología ayuda a la masificación del engaño.