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¿Quién es Nikki Haley, la diplomática más 'guerrera' del gobierno de Donald Trump?

A raíz de la crisis en Siria, la embajadora ante la ONU se ha convertido en una de las portavoces más dura en política exterior, incluso llevándole la contraria al jefe de la diplomacia estadounidense, el secretario de Estado Rex Tillerson.
5 Dic 2018 – 10:55 AM EST
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La embajadora de EEUU ante la ONU Nikki Haley se ha revelado como uno de los factores más activos en política exterior, al punto que sus posiciones parecen contradecir las del departamento de Estado, la oficina que se supone que centraliza la política exterior de EEUU.

En la estructura diplomática el cargo de embajador está por debajo del de secretario de Estado. Pero en EEUU esa relación de subordinación no está tan clara, como indica las opoiones diversas que tienen sobre qué hacer en Siria el secretario Rex Tillerson y la embajadora de EEUU ante la Organización de Naciones Unidas Nikki Haley.

Este domingo quedó en evidencia las diferencias cuando en diferentes programas de televisión Haley asomó un cambio radical en la política de Washington hacia Siria, sugiriendo que la salida del poder del presidente sirio Bahar al-Asad era un objetivo luego del bombardeo estadounidense contra una base militar en el oeste de Siria, mientras que en otros programas Tillerson aseguraba la continuidad de la estrategia de la Casa Blanca en la región sin descartar que el mandatario sirio sea parte de una eventual salida política negociada.

¿Cómo puede la embajadora estar tan desalineada con el secretario de Estado? ¿Acaso no existe una línea que deban seguir los diplomáticos estadounidenses a la hora de explicar las políticas oficiales?

En la relación entre la representante permanente en la ONU y la cancillería estadounidense esa sujeción puede ser confusa a veces. Y sobre todo cuando el jefe de la diplomacia es una persona renuente a expresarse en público y bajo el escrutinio de los medios de comunicación.

Haley se ha convertido en la cara más visible de la diplomacia estadounidense y en la voz más guerrerista de un gobierno que había llegado al poder dando a entender que no buscaría ejercer la función de gendarme global que sus predecesores han sentido como obligación nacional ejercer.

Cuestión de formas

Algunos indican que el repliegue de Tillerson, roto esta semana a raíz del bombardeo contra Siria en represalia por el ataque químico realizado en un pueblo del oeste del país el martes pasado y del que Washington culpa a al-Asad, ha facilitado la elevación del perfil de Haley.

Pero es la estructura de la misión ante la ONU ayuda a que trasciendan esas diferencias de enfoque entre el diplomático mayor de Washington y una de sus más importantes embajadoras, pero embajadora al fin.

Haley, de 45 años - exgobernadora de Carolina del Sur, primera mujer y primera indio-estadounidense en dirigir el estado- es embajadora, pero su cargo tiene rango de miembro del gabinete, de acuerdo con la reestructuración del puesto que hizo en 2008 el entonces presidente electo Barack Obama.

“Uno, sobrevalora el papel y la importancia que la ONU debería tener en la política exterior de EEUU”, comentó en esa ocasión a The New York Times John Bolton, quien fue designado para el cargo por George W. Bush y cuya desconfianza hacia el organismo refleja la de la mayoría de los republicanos.

“Segundo, no deberías tener dos secretarios en el mismo departamento”, dijo en referencia a la nivelación que la decisión de Obama hacia entre la misión en la ONU y el departamento de Estado. Bolton, por cierto, nunca se ha considerado un amigo del organismo internacional.

Sin filtros presidenciales

La función primordial de la misión es informar al departamento de Estado sobre los asuntos que se ventilan en el organismo multilateral y además aconsejar al gobierno sobre las políticas a adoptar para atender esos problemas.

Pero por su rango de miembro de gabinete, la embajadora Haley tiene acceso directo al presidente Trump y en última instancia no necesita la intermediación de Tillerson para hacer sus propios planteamientos.

Los gobiernos demócratas tienden a darle más importancia a Naciones Unidas y por tanto a su representante ante ellas. Pocos esperaban que Trump, con su anunciada política aislacionista, no prestara demasiada atención al foro con sede en Nueva York o que seguiría la ruta del unilateralismo que marcó George W. Bush cuando decidió invadir Irak.

Por eso, cuando se anunció que Haley sería la representante ante el organismo algunos consideraron que era una manera de anular a la gobernadora de Carolina del Norte, quien fue una dura crítica hasta el momento que ganó la nominación republicana.

¿Haley, presidenta?

En cualquier caso Haley ha demostrado en sus pocas semanas en el cargo ser una voz independiente, como se pudo entrever durante su confirmación en el Senado. Cuando se le preguntó por su opinión sobre la OTAN que tanto criticó el candidato Trump, ella respondió destacando el valor de la alianza en el mantenimiento de la paz y expresando su esperanza de que el presidente terminara viéndolo también.

En su primer discurso en el Consejo de Seguridad arremetió contra Rusia por su anexión de Crimea, pese a que por esos días el presidente Trump mantenía la necesidad de acercarse a Moscú para atacar algunos problemas globales, como el planteado por la guerra civil en Siria.

La semana pasada, en el apasionado discurso que dio Haley ante el Consejo tras el ataque con armas químicas en Siria, fue la primera vocera de alto rango del gobierno estadounidense que sugirió que Washington tomaría acciones de represalia.

Al día siguiente se produjo el ataque con misiles Tomahawk contra las instalaciones de la fuerza aérea de Siria, desde donde la inteligencia estadounidense asegura que partió el bombardeo químico del martes anterior.

En círculos políticos se especula con la posibilidad de que Haley esté aprovechando el podio que le da la ONU para ganar experiencia internacional, reconocimiento dentro y fuera de EEUU y eventualmente hacerse “presidenciable”.

Por su gestión en Carolina del Sur entre 2011 y 2017 cuenta ya con el apoyo de sectores que valoran sus claras posiciones conservadoras moderadas. Pero su combativo trabajo en la ONU la está convirtiendo en persona grata a los ojos de los ‘halcones’ del partido.

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