Ahora EEUU es la víctima del resto del mundo, según la queja de Donald Trump

Escuchar al presidente de la superpotencia a la que el resto del mundo suele culpar de sus males y limitaciones quejarse del “maltrato” que recibe de otros países para salirse del Acuerdo de París es una notable novedad.
2 Jun 2017 – 2:18 PM EDT

En otras partes del mundo se está más acostumbrado a ese discurso quejoso de las cosas que otros, más poderosos, han hecho a la soberanía nacional. Ha sido el argumento de revoluciones de todo signo en América latina, África y Asia. Y ha sonado en la Europa posterior a la Segunda Guerra Mundial, pasto de la desconfianza hacia la dominación militar, económica y cultural de un país que poco antes veían con desdén.

En EEUU no existía ese fenómeno en el discurso político, hasta que llegó a la Casa Blanca Donald Trump. Los líderes permanentemente refuerzan la idea de lo poderoso que es el “mejor país del mundo”, la “democracia más grande”, con un destino manifiesto que lo convierte en el líder del llamado mundo libre.

La autoimagen que la sociedad estadounidense tiene de sí misma no puede ser mejor, independientemente de que a veces pueda estar basada en una ilusión alimentada por un discurso patriótico (aunque no necesariamente aislacionista).

Por eso, al anunciar el retiro del Acuerdo de París sobre cambio climático este jueves, el presidente sonó como el gamberro del colegio que se queja de que sus víctimas lo golpean, mientras las víctimas asisten a su lloriqueo con incredulidad.

Trump sacó a EEUU de uno de los debates más importantes de la agenda internacional con un mensaje de media hora lleno de referencias nacionalistas y agresivas lamentaciones sobre un supuesto maltrato recibido a manos de otros en conciliábulo con políticos que negociaron esos acuerdos sin aparentemente tomar en cuenta el interés nacional. Ese que, ahora sí, defiende Trump.

Como el agresor que no asume sus culpas pese a ser sorprendido in fraganti, ahora la Casa Blanca se sustrae de colaborar en la solución de un problema del que históricamente es el principal responsable (la producción de gases de efecto invernadero), argumentando que el acuerdo climático permite a los demás sacar ventaja de Washington.

EEUU primero

Todo un desafío diplomático fue el que dejó Trump. Más allá de la falta de argumentos científicos o la falacia de los económicos en los que se apoyó, destaca la rabiosa intención aislacionista de un equipo que insiste en promover a “EEUU primero” en un mundo cada vez más globalizado e interdependiente.


Es la continuación de un estilo que afloró tantas veces en la campaña y que se estrenó como retórica oficial el 20 de enero, con el discurso de toma de posesión en el que el presidente mostró que su intención era alimentar las divisiones políticas y no convocar a la unidad, como solían hacer los nuevos mandatarios al estrenar sus gobiernos.

Es justamente la línea que cultiva el estratega jefe de la presidencia, Steve Bannon -quien es visto como el triunfador en el debate sobre permanecer o no en París- y que plasma en palabras Steve Miller, el principal resposansable de los mensajes del mandatario.

Ahora, a días de haber regresado de su primera gira internacional, el presidente lanza el mismo mensaje agresivo al mundo exterior y crea un cisma en uno de los puntos más complejos de la agenda mundial.

Cierto que Trump dijo que tiene la intención de regresar a París negociando unos parámetros que él considere más justos para todos, pero también esa posibilidad fue desafiante: “Si se puede, grandioso; si no se puede, bien”. No suena como alguien dispuesto a negociar

Algo similar hizo con al Tratado de Libre Comercio con Canadá y México. Aunque el pacto ha beneficiado a los tres países de América del Norte, los mexicanos lamentan el efecto que ha tenido en el sector agrícola y el que el país se ha convertido en una gran ensambladora de productos destinados al consumo exterior.

De pronto aparece el candidato Trump asegurando que los mexicanos han sido “más listos” y se han aprovechado de EEUU para avanzar su agenda económica. Ese discurso tuvo efectiva resonancia en el Cinturón de Óxido y en esas partes donde la industria se ha visto progresivamente desmantelada, mientras las líneas de producción se iban a México o más allá.

París vs. Pittsburgh

Trump está decidido a seguir explotando electoralmente la vena nacionalista para mantener seducidos a millones que votaron por él en noviembre, independientemente de que debería gobernar para el país en su conjunto y velar por intereses de otros sectores que piden cuidar el ambiente, incluso como manera de apuntalar los negocios.

Pero como dijo el presidente, él no fue elegido para velar por París, sino por Pittsburgh, en una línea memorable para esos que sienten que Washington está dominado por una élite que se preocupa demasiado por lo que pasa afuera, mientras dentro el sueño americano se deteriora.

Pero Trump se concentra en lo más micro aún, considerado que el 47% de quienes votaron por él aseguraban que el país debía mantener dentro del pacto parisino, según una encuesta de los programas sobre cambio climático de las universidades de Yale y George Mason. Cuando se incluye todo el universo encuestado, el respaldo a París entre los estadounidenses llega al 69%.

Fuera del Acuerdo de París Washington queda en la compañía de Nicaragua y Siria (en ambos casos por razones distintas: el primero porque considera el pacto insuficiente y el segundo porque sumido en una sangrienta guerra civil no está en capacidad de adoptar convenidos internacionales).

El lamento de la canciller de Alemania, Angela Merkel, quien tras las reuniones con Trump indicó que Europa ya no podía contar con la seguridad de su tradicional aliado trasatlántico parece haberse verificado con la presentación en el Jardín de las Rosas.


Los 9 paraísos del planeta que debes conocer antes de que el cambio climático los transforme para siempre

Loading
Cargando galería

Más contenido de tu interés