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Actividad de Pandillas

“Salir de la Mara fue lo más fácil”: la historia del expandillero que luchó solo contra el gobierno de EEUU

Hace una década, agentes federales arrestaron a Gerardo López, quien fue miembro de la Mara Salvatrucha (MS-13) en Los Ángeles, acusándolo de narcotráfico y de liderar a esa banda. Parecía que todo estaba perdido, pero él jamás se dio por vencido. Ahora vive en Colorado y ayuda a otros a reintegrarse en la sociedad.
30 Mar 2019 – 10:28 AM EDT

Los brazos y el cuello de Gerardo López ya no tienen los tatuajes de la temida Mara Salvatrucha, la pandilla que defendió a muerte en las calles y cárceles de Los Ángeles en la década de 1990. Dice que para evitar varios tratamientos dolorosísimos ha conservado las letras ‘MS’ en su estómago y los cuernos del diablo (el símbolo de la banda) que siguen sus hombros.

Actualmente, el único tattoo que este hombre porta con orgullo es una frase que le plasmaron en la parte posterior de la cabeza: “United States of America v. 1. Gerardo Lopez, aka ‘Clever’, ‘G-Man’”.

Hace referencia a un caso federal que hace 10 años lo señaló como el principal acusado entre varios integrantes de la MS-13. Entonces, la Fiscalía alegaba que López y José García Sánchez, alias ‘Catracho’, eran los jefes de esa organización y los responsables de distribuir droga en Denver, Colorado. En total, 20 personas fueron citadas en dos investigaciones separados que se realizaron durante tres años.

Todo indicaba que López pasaría varios años en prisión. Entre la evidencia que presentaron los detectives estaba un video en el que se le ve caminando afuera de una tienda y guardando artículos dentro de bolsas en el maletero de su auto. Lo filmaron a las 6:21 pm del 7 de febrero de 2008.

También interceptaron varias llamadas telefónicas en las que se le escucha hablando “en clave” sobre la venta de droga, según documentos judiciales. En una de esas conversaciones él expresó: “Las meseras arruinaron la orden”. En otra pidió que llevaran varias libras de carne para hacer un asado en su casa.

“Cualquier cosa que yo decía por teléfono lo interpretaban como que estaba hablaba sobe drogas”, dice López en una entrevista con Univision Noticias. “Cuando hablaba sobre ‘la mesera’ ellos creyeron que era el vendedor de droga y que al decir ‘comida’ me refería a cocaína”, explicó el expandillero.


Él pasó dos años en la fría celda de una prisión federal tratando de probar que todo era mentira y que llevaba más de una década lejos de la Mara. Por un lado, dice, se enfrentaba a los agentes federales que sostenían su acusación ante un Gran Jurado Federal. Por el otro, sus abogados le insistían que se declarara culpable para recibir una sentencia menos dura. “Vas a perder”, le advertían.

“Un abogado me decía que no había evidencia que se pudiera usar para ganar mi caso”, contó. “Muchas veces me quebré emocional y físicamente. A veces me sentía tan frustrado y empezaba a llorar en mi celda, en medio de la noche”, mencionó.

Peleando contra una injusticia

López decidió despedir a los litigantes para representarse legalmente a sí mismo. Pasó varias noches en vela revisando los 100,000 folios y las 1,900 grabaciones sometidos en su proceso judicial. Esa energía que gastó peleando contra pandilleros rivales, la usó esa vez para derrotar a la Fiscalía.

A punto de darse por vencido, le ofrecieron un acuerdo para condenarlo a dos años de prisión, el tiempo que ya había cumplido, a cambio de retirar un caso que amenazaba con dejarlo ahí más de dos décadas.

“Estuve a punto de aceptarlo porque no quería que tal vez me condenaran a cadena perpetua. Pero una parte de mí no quería rendirse por esta injusticia”, relató.

Ya que rechazó ese trato, los fiscales le extendieron el plazo para obtener su declaración de culpabilidad. Tampoco tomó esa propuesta. Finalmente, el gobierno desestimó la acusación antes de que comenzara el juicio y lo dejó en libertad, pero jamás le ofreció una disculpa o una indemnización por su encarcelamiento injusto, según él.

Univision Noticias pidió al Departamento de Justicia (DOJ) que detallara las razones por las cuales exoneraron a López, pero no respondió hasta la publicación de esta nota.

La historia de este exmiembro de la MS-13 que se enfrentó solo al poderoso gobierno estadounidenses ha sido relatada en el documental ‘Clever’, que realizó Alan Domínguez. Este filme que se ha exhibido en festivales en México y EEUU, muestra que para este hombre “salir de la pandilla fue la parte más fácil” de su vida y expone presuntos abusos policiales que sufrió al salir de la Mara.


López, quien nació en Los Ángeles hace 41 años, cree que el proceso penal que ganó sería una “venganza” por denunciando la corrupción en la estación Rampart de la Policía de Los Ángeles (LAPD) a finales de la década de 1990, cuando decenas de agentes se vieron implicados en robos, perjurio, intimidación de testigos y narcotráfico. Por este escándalo, la agencia estuvo bajo la lupa del DOJ por más de una década.

La base policial Rampart patrulla el vecindario donde nació la MS-13 hace más de 30 años. En la época de López, era considerada una de las bandas callejeras más grandes y violentas de Los Ángeles. Ya no lo es.

Buscando respecto, poder y orgullo

‘Clever’, hijo de un argentino y una mexicana, entró a la pandilla a la edad de 14 años, en 1992. Vivía cerca de la esquina de las calles Normandie y 8, en Koreatown, donde abundaban los asesinatos y las balaceras. La banda controlaba ese territorio. “Yo los veía desde mi ventana y tenían todo lo que quería: respeto, poder y orgullo. Quería estar en la esquina por las noches, como ellos”, contó.

Además, no era libre de caminar en su comunidad porque lo acechaban los mareros. “No podía ir al parque, al McDonalds de la esquina, a la marqueta (tienda). Cuando regresaba de la escuela les daba la vuelta, saltaba las bardas de las casas para que no me miraran”, relató.

Todo eso cambió cuando lo “brincaron” en la MS-13, como le dicen a la golpiza de 13 segundos que deben soportar los nuevos reclutas. “Cuando entré caminaba con la cabeza para arriba y el pecho saltado”, dice. Una semana después supo que, sin saberlo, se había echado varios enemigos a la bolsa. “Los de otras pandillas ya me buscaban y yo no podía salir del barrio. Estaba confinado”, lamentó.

Pronto se involucró en las actividades delictivas de la MS-13 y 10 veces cayó en cárceles juveniles por robo, ataque y pintar grafitis. Calcula que más de la mitad de los nueve años que estuvo en la Mara la pasó tras las rejas. Adentro, sus condenas se extendían porque peleaba para “agarrar respeto”.

“Una vez debía pasar seis meses ahí, pero por pelearme me quedé dos años”, relató. Solía liarse a golpes con otros chicos para defender a su banda y porque a menudo se burlaban de él por ser un “chicano” que estaba en una banda de formada mayormente por migrantes salvadoreños.

“Me cansé de ir a tantos funerales”

Su salida de la Mara en 1997, dice, se debe al dolor que hizo pasar a su madre y al ver la tragedia de otras familias. “Dos amigos murieron, otros dos están cumpliendo cadenas perpetuas. Me cansé de ir a tantos funerales, de ver a tantas mamás llorando. De ver a mi madre y a mi abuela llorando y diciendo: '¿cuándo vas a cambiar?'”, recuerda.

Detrás de ese proceso gradual estuvo la organización Homies Unidos, que fundó otro expandillero de la MS-13, Álex Sánchez. “Poco a poco dejé esa vida y comencé a tener otra rutina en mi vida. Me pusieron demasiadas cosas para estar ocupado, ya no tenía tiempo para estar en la esquina”, dijo.

Ya sin intenciones de regresar a la Mara, López se mudó con su hijo de un año a Colorado, donde trabajó en tiendas. También estudió para obtener un diploma en Justicia Criminal. No sabía que el Buró Federal de Investigaciones (FBI) ya lo tenía bajo su mirilla. Lo espió hasta su arresto el 24 de febrero de 2009.

Al salir de la cárcel en 2011, la vida de ‘Clever’ dio un giro: la madre de su hijo mayor lo dejó y un buen tiempo estuvo traumado. “Pensaba que todo el mundo me estaba siguiendo”, confesó.

López sigue viviendo en Colorado y actualmente trabaja como interventor de pandillas, como le dicen a quienes ayudan a los jóvenes que han decidido alejarse de las bandas callejeras. En sus charlas comparte su historia para mostrar que la justicia está del lado incluso de un expandillero lleno de tatuajes. Dice que ahora su satisfacción es rescatar a estos muchachos.

“Sus cambios son lo más importante para mí”, comenta. “A veces ayudas a un joven, y dos o tres años después te da las gracias; o ves en Facebook que está trabajando o que está en la universidad”.

Sobre el tatuaje que tiene en su cabeza refiriéndose a su caso criminal, ‘Clever’ explica que es una crítica a la corrupción de este país. “No lo veo como que he golpeado a Estados Unidos, sino a los malos funcionarios”, describe orgulloso.

También son ellas: el rostro femenino (pero igual de violento) de la pandilla Mara Salvatrucha (fotos)

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