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Mara Salvatrucha

Por estas razones la MS-13 es más sanguinaria fuera de Los Ángeles, la ciudad donde nació hace 30 años

Mientras en la ciudad del sur de California hay una aparente calma entre las células de la Mara, en la Costa Este la situación es muy distinta. Allá es sinónimo de crímenes sangrientos, como el ocurrido en Virginia hace un mes, cuando un adolescente fue apuñalado más de 100 veces y le prendieron fuego a su cadáver.
13 Abr 2019 – 2:24 PM EDT

Ronal abrió su corazón ante un grupo de extraños, unos 30 adolescentes que –así como él– llegaron hace poco a Los Ángeles y han aprendido a sacudirse las burlas en la escuela por no hablar inglés. Este hondureño de 17 años compartió que el primer día en este país no reconoció al hombre que le dio la vida. “¿Es ese mi padre?”, dice que le preguntó a su madre en el aeropuerto. No lo había visto desde que era un bebé.

En 2017, este muchacho salió de su comunidad para reencontrarse con su familia. Pero también porque temía que los pandilleros cumplieran sus amenazas de matarlo si no se unía a ellos. “Me buscaban la MS (Mara Salvatrucha) y la (Barrio) 18. Nunca quise entrar. Por eso me vine con mi hermano mayor. Nos amenazaron que si no entrábamos nos iban a matar y ellos cumplen”, dijo en una entrevista con Univision Noticias.

El coordinador de esa charla en la que habló el joven es Alex Sánchez, un expandillero de la MS-13 en Los Ángeles que después de sanar de cuatro balazos, se borró los tatuajes y fundó una organización civil dedicada a rescatar a muchachos que andan en malos pasos. “A veces las pandillas, las drogas y el alcohol son una alternativa para enfrentar los problemas”, explicó el activista a los estudiantes. “Venimos huyendo de nuestros países y tenemos que cuidarnos de las pandillas aquí también”.

Sánchez es el responsable de que unos 500 adolescentes, la gran mayoría centroamericanos inscritos en escuelas plagadas de pandillas, se hayan reunido en una convención anual en la cual les dieron talleres sobre el choque cultural y otros temas. También les brindaron asesoría legal y escucharon un concierto.

El trabajo comunitario de Sánchez es solo parte de la estrategia preventiva que se implementa en Los Ángeles desde hace varios años para reducir la violencia relacionada con las bandas callejeras. Aquí hay incluso una oficina en el Ayuntamiento creada para “reducir” el pandillerismo y dispone de un presupuesto anual de $25 millones para ayudar a las víctimas de tiroteos y evitar venganzas.

Con ese fin también se han diseñado programas preventivos que incluyen comprar más de 15,000 armas de fuego desde hace una década, tener una red de 120 “pacificadores” que dialogan con las bandas para evitar asesinatos y realizar actividades nocturnas en parques en zonas golpeadas por la delincuencia.


El gobierno angelino ha prometido que después de ser la metrópoli que importó las pandillas más violentas al mundo (aquí también nacieron los Bloods, Crips, Barrio 18 y Florencia 13) ahora sería la que comparta las soluciones que erradiquen ese problema.

Un ejemplo de que estos programas han funcionado es que no se ha vuelto a escuchar nada sobre la Mara Salvatrucha en Los Ángeles –donde fue creada por migrantes salvadoreños que huyeron de la guerra civil en su país hace tres décadas– desde que las autoridades federales arrestaron en mayo de 2017 a 21 líderes y asociados acusándolos de asesinatos, narcotráfico, extorsión y otros delitos.

La MS-13 ya no es la banda más violenta en esta región. Pero en la Costa Este de EEUU la situación es muy distinta. Allá, la Mara es sinónimo de asesinatos sanguinarios, como el ocurrido en Virginia hace un mes. La víctima, Jacson Chicas, de 16 años y miembro de la banda, fue apuñalado más de 100 veces y le prendieron fuego su cadáver. Al momento, cinco miembros del mismo grupo han sido arrestados.

Crímenes perpetrados con la misma saña se han registrado en los estados de Maryland, Nueva York, Nueva Jersey, Texas y Ohio. Por esos homicidios y la retórica antiinmigrante, el gobierno de Trump ha catalogado a la MS-13 como una de las cinco principales “amenazas” para EEUU , a la par de la terrorista Hezbolá y los carteles de Sinaloa, del Golfo y Jalisco Nueva Generación (CJNG).

“La retórica nacional hace ver el problema más grave”

Sin embargo, líderes de asociaciones que desarrollan iniciativas para reducir la violencia de la Mara reclaman en que la Casa Blanca ha hecho ver el problema más grave de lo que es y solo ha golpeado a sus clicas (pandillas), lo cual genera una reacción aún más violenta.

“En otros estados han usado la represión, la mano dura, como se ha hecho en Centroamérica y los problemas se han vuelto incluso peores”, advierte Luis Cardona, un expandillero de los Latin Kings que lleva varios años al frente de una oficina del condado de Montgomery, en Maryland, enfocada en ofrecer ayuda a los jóvenes que quieren salirse de la MS-13 y otras bandas.

Cardona asegura que este “interés político” ayudó a reducir la tasa delictiva. “La retórica nacional que se ha usado en los últimos dos años hace ver el problema más grave. No se niega que haya habido crímenes muy graves (…) pero aquí estamos siendo proactivos para que el asunto no se ponga tan serio”, agregó.

Una escuela de Maryland, ubicada a solo 10 millas de la Casa Blanca, acaparó la atención de la prensa el verano pasado, cuando se descubrió que alumnos y profesores estaban atemorizados por violaciones, amenazas, venta de droga, riñas y un agresivo reclutamiento por parte de la MS-13.


Esta semana, en tanto, volvió a salir a la luz el espantoso asesinato de un miembro de la MS-13 ocurrido en Montgomery el 16 de diciembre de 2015. El joven fue apuñalado varias veces, golpeado con piedras en la cabeza y terminó inconsciente sumergido en un arroyo, donde finalmente perdió la vida.

Uno de los homicidas, Noe Coreas Mejía, alias ‘Tsunami’, de 22 años, reconoció que atacaron a la víctima porque denunció a la Policía que lo habían disciplinado golpeándolo durante 13 segundos. Coreas Mejía fue sentenciado este jueves a 33 años de prisión por conspiración y otros delitos.

De la mano de Cardona, el condado de Montgomery ha desarrollado un programa educativo llamado ‘El Joven Noble’, que Alex Sánchez adaptó al español en Los Ángeles para que jóvenes hispanos valoren su cultura, entiendan su realidad, compartan sus sentimientos y se alejen definitivamente de la banda.

El activista reconoce que algunos de jóvenes que han estado en sus programas se vieron involucrados en delitos graves. “Hemos tenido clientes a los que han matado y clientes que han matado a otros”.

En esa zona, más de 2,400 muchachos y sus familias reciben distintos servicios cada año, desde consejería, capacitación laboral y vivienda, hasta eliminación de tatuajes. Han colocado “centros de bienestar” en 4 preparatorias con altos índices de embarazos, deserción y pandillerismo; y tienen dos “centros de oportunidades” que atienden a muchachos que han decidido alejarse de la delincuencia.

“A largo plazo, muchas zonas harán lo mismo”, confía Cardona. “Un ejemplo es Long Island (Nueva York), donde se vieron unos casos muy graves; ahora hay organizaciones que están haciendo el trabajo. Aprendieron a las duras que cuando la estrategia solo incluye represión no se resuelve el problema”.

Los crímenes de la Mara en la Costa Este

Virginia es otra región donde, según activistas, no se desarrollan estrategias antipandillas.

En ese estado, Venus Romero Iraheta, una pandillera de la Mara Salvatrucha, mató a Damaris Reyes Rivas, de 15 años, en enero de 2017. “Me recordarás hasta que te vea en el maldito infierno”, le dijo antes de propinarle 13 puñaladas en el cuello, pecho y espalda.

Cuando Damaris agonizaba tendida sobre la hojarasca, otro marero, Wilmer Sánchez Serrano, clavó un palo varias veces en el cuello de la joven. El crimen fue grabado en video. La autopsia arrojó que la menor fue apuñalada 23 veces y recibió un golpe contuso en la cabeza. Wilmer fue condenado en mayo pasado a 33 años de prisión y Venus espera su sentencia.

En Texas, la Mara sigue aplicando su infame lema “mata, viola, roba, controla”. Más de 20 miembros de ese grupo fueron arrestados entre junio y septiembre de 2018 en conexión con cinco homicidios, según las autoridades locales. Una de las víctimas, quien fue asesinado a machetazos en un parque en el suroeste de Houston, era informante de la Policía.

Las autoridades han notado que la MS-13 se ha replegado en la Costa Este. En la región de Washington hubo al menos 33 asesinatos relacionados a ésta en 2016 y 2017, pero el año pasado se reportaron 7 casos. Por su parte, en Long Island, Nueva York, la pandilla habría matado a 26 personas en esos dos años, mientras que en 2018 solo hubo un homicidio ligado al grupo.

También son ellas: el rostro femenino (pero igual de violento) de la pandilla Mara Salvatrucha (fotos)

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La estrategia en Long Island: ofrecer recursos

La organización Strong Youth lleva un año y medio visitando Brentwood, una comunidad de Long Island donde han ocurrido espantosos crímenes de la Mara. Dos de los más crueles son los de Kayla Cuevas y Nisa Mickens, dos estudiantes de preparatoria que fueron asesinadas hace casi tres años.

Allí, al menos 11 personas fueron víctimas mortales de ataques de la MS-13 en 2016 y 2017.

Rahsmia Zapar, directora de Strong Youth, dice que esos actos violentos responden al “racismo” y la segregación que los jóvenes migrantes padecen en Long Island. “Cuando sienten que los odian y están tratando de marginalizar, ellos piensan que lo único que les queda es la pandilla”, reflexiona.

Esta ONG fue creada en el año 2000 por un expandillero salvadoreño criado en Nueva York. La fundó tras el asesinato de un joven de Puerto Rico a manos de miembros de la MS-13. Por estos recientes hechos, sus actividades se han centrado en la Mara y ahora implementan el programa ‘El Joven Noble’.

Zapar, hija de una dominicana y un árabe, afirma que en esa zona el problema “no es tan grave como lo hacen ver”, mencionando que otros pandilleros están detrás de más crímenes. “Claro que ha habido casos serios, pero los han subrayado para hacer creer que existe una crisis”, reclama. “Criminalizar a esta comunidad es una forma de ‘limpiar’ a Long Island de este aumento de inmigrantes”, según ella.

La activista coincide que los operativos policiacos contra la Mara no pueden ser la única estrategia.

“Donde no hay recursos ni oportunidades, a la pandilla se le hace más fácil reclutar jóvenes y es más agresiva”, advirtió.


La mano dura del gobierno de Trump

Cuando el presidente pronunció su segundo Estado de la Unión en febrero, ya había mencionado a la MS-13 en 160 ocasiones en discursos y tuits, según un conteo de la prensa. En sus frases incendiarias, Trump la catalogó como una banda “salvaje” y dijo que sus integrantes son “animales”. Es su chivo expiatorio para justificar su agresiva política migratoria y la construcción de un muro fronterizo.

Al frente de esa batalla contra los más de 100,000 miembros de la banda en 40 estados (según cifras del Departamento de Justicia) están los agentes migratorios.

La Oficina de Aduanas y Control Fronterizo (CBP) informa que ha puesto tras las rejas a 862 mareros entre el 1 de octubre de 2016 y el pasado 31 de marzo, abarcando la primera mitad del gobierno Trump.

Solo en el primer semestre del año fiscal 2019, dicha dependencia detuvo a 221 integrantes de la MS-13, casi la mitad de todos los pandilleros arrestados en ese período.

“La MS-13 ha sido durante mucho tiempo una prioridad para ICE”, dijo el entonces director de esa agencia, Thomas Homan, al anunciar el golpe más duro contra la banda, la llamada operación ‘Raging Bull’, que concluyó con el arresto de 267 mareros en el otoño de 2017.

Alex Sánchez, director y fundador de Homies Unidos en Los Ángeles, explica que la calma que se respira en esta metrópoli se debe a los programas implementados por el gobierno y organizaciones. También, al paso de las generaciones dentro de la banda, lo que aún no ocurre en la Costa Este.


“La dinámica de la pandilla aquí es diferente a la de El Salvador, Honduras y Guatemala. Obedece a la situación a la cual deben sobrevivir en cada lugar. En los 80’s mirabas a los muchachos en las calles en Los Ángeles, ya no”, dijo. “Además, aquí ya tienen nietos, se quieren casar, han buscado una manera de calmarse; volvieron después de ser deportados y quieren estar fuera del radar”, detalló.

Dice que en Nueva York y otros estados las clicas están recibiendo a los recién llegados de Centroamérica . “No llegan al punto de que haya gente ‘veterana’ (adultos) que les lleve un mensaje positivo; y no hay programas para esa población. Entonces, les toca seguir peleando”, según él.

Los traumas que enfrentan estos muchachos y el entorno “hostil” que los recibe impide que todos acepten dejar a la MS-13, de acuerdo con activistas. “Andaban en la calle, mataron a sus padres o han sido víctimas de violencia. No tienen confianza y tienen miedo de abrirse”, describe Sánchez.

Luis Cardona, de Maryland, lamenta que varios muchachos que decidieron abandonar sus centros de “oportunidades” terminaron en un cementerio o en una prisión.

Cuenta que hace unos años, cuando la MS-13 y la Barrio 18 pactaron una tregua en El Salvador, él viajó a ese país para estar en las reuniones entre los jefes de esas Maras en las cárceles. Ahí vio nuevamente a jóvenes que trató de ayudar en el condado de Montgomery.

“Me dijeron: ‘Cardona, tenías razón, te hubiera escuchado; mira dónde acabé, en una cárcel donde no estaría ni un animal en Estados Unidos’”, relató.

En fotos: La estela de duelo y muerte que ha dejado la Mara Salvatrucha en Long Island

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