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México, Estados Unidos y la lucha contra los narcos

"Ese cobarde ataque a civiles indefensos, como otras acciones violentas de los carteles de las drogas, no se diferencian en lo esencial de los atentados terroristas. Pero la designación formal de los grupos narcotraficantes como 'terroristas' solo ahondaría el disparate de la guerra armada contra las drogas en México, Estados Unidos y, probablemente, otros países de la región donde operan los carteles mexicanos".
Opinión
Miembro de la unidad política de Univision Noticias
2019-12-09T12:24:03-05:00

Estado Unidos y México estuvieron a punto de halarse las greñas por la decisión irreflexiva del presidente Trump de designar a los carteles mexicanos de la droga como “grupos terroristas”. La designación probablemente habría tenido consecuencias indeseables y difícilmente habría resuelto problema alguno, sobre todo porque fue una ocurrencia de Trump ante una pregunta capciosa del insumergible comentarista Bill O’Reilley, quien se reinventa en internet luego de haberse visto obligado a renunciar en Fox News debido a una andanada de denuncias de acoso sexual en 2017.

Trump dice que engavetará la designación porque el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador se lo pidió “amablemente”. Pero algunos legisladores republicanos de cabeza caliente le dan vueltas al asunto desde hace meses y están tratando de convencer a Trump a raíz de la brutal matanza de nueve mujeres y niños de la familia mexicoamericana Le Barón en Sonora, México, el pasado cuatro de noviembre.

No nos equivoquemos. Ese cobarde ataque a civiles indefensos, como otras acciones violentas de los carteles de las drogas, no se diferencian en lo esencial de los atentados terroristas. Pero la designación formal de los grupos narcotraficantes como “terroristas” solo ahondaría el disparate de la guerra armada contra las drogas en México, Estados Unidos y, probablemente, otros países de la región donde operan los carteles mexicanos.

Y dificultaría el considerar otras estrategias más inteligentes y eficaces para frenar la violencia que generan el tráfico y el consumo de estupefacientes ilegales.

La designación de los carteles como terroristas probablemente aumentaría los riesgos de injerencia y la belicosidad hacia México del presidente Trump, el gobernante más imprevisible y errático en la historia moderna de Estados Unidos.

Conduciría, además, a acciones represivas que perjudicarían el comercio legítimo por la frontera entre ambos países, el cual asciende a $1,700 millones diarios. Y reviviría los fantasmas de las confrontaciones militares que aún pesan en el subconsciente colectivo de mexicanos y estadounidenses.

Por si todo eso no fuera lo suficientemente grave, la declaración de los carteles como terroristas retrasaría todavía más las medidas que tendrían mejores probabilidades de atenuar la violencia que protagonizan y acabar con la impunidad de la que disfrutan.

Del lado mexicano, mucho más práctico sería crear cuerpos policiales mejor remunerados y más profesionales que resulten menos vulnerables a los sobornos y otras manipulaciones de los poderosos narcos; y también un sistema judicial que proteja mejor a los jueces de las represalias y tentaciones a las que están expuestos.

Del lado estadounidense, lo que se necesita es un esfuerzo sostenido para reducir el consumo de drogas ilegales, en el que muchos norteamericanos invierten miles de millones de dólares cada año; y una acción concertada entre la Casa Blanca y el Congreso para disminuir la afluencia de armas hacia México, muchas de las cuales van a parar a manos de los narcotraficantes.

Un informe del Departamento de Justicia en 2011 reveló que, de 94,000 armas de fuego confiscadas a los carteles mexicanos en cinco años, más del 70% provenían de Estados Unidos.

Ni el gobierno de López Obrador ni el de Trump han trazado estrategias razonables y claras para contrarrestar a los narcotraficantes, cuya agresividad aumenta en detrimento de ambos países, ni tampoco para disuadir a sus numerosos clientes en Estados Unidos. Tal vez por eso los funcionarios de ambos países suelen celebrar reuniones herméticas sobre el tema cuyos resultados no se conocen hasta mucho tiempo después, y a veces no llegan a conocerse del todo.

Así acaba de ocurrir con la reunión en México entre López Obrador, altos funcionarios de su gobierno y una delegación estadounidense encabezada por el fiscal general, William Barr, el encuentro de más alto nivel celebrado entre los dos gobiernos desde que Trump se instaló en la Casa Blanca.

Sobre él apenas nos han llegado las expresiones exultantes. “Buena reunión con el fiscal general de Estados Unidos”, exclamó AMLO. “Buscamos poner al servicio de México todos nuestros recursos para cooperar en el desafío de seguridad compartido que plantean las organizaciones del narcotráfico”, declaró Hugo Rodríguez, subsecretario de estado de Estados Unidos para Centroamérica.

Tanto mexicanos como estadounidenses, sin embargo, merecen explicaciones transparentes de las decisiones que toman y las estrategias que persiguen sus respectivos gobiernos en el esfuerzo contra el tráfico y el consumo de drogas ilegales. La dolorosa experiencia de décadas enseña que no hay remedio instantáneo ni fácil para ese flagelo; y que la respuesta armada, por sí sola, no lo atenúa y con frecuencia más bien lo exacerba.

En lugar de ello, Estados Unidos y México deberían encabezar una ofensiva regional que tenga en cuenta la enorme demanda de estupefacientes que alimenta su producción y contrabando desde México y otros países y la absoluta certeza de que esa demanda y producción nunca podrán enfrentarse con efectividad mediante la prohibición obstinada y el uso indiscriminado de la fuerza policíaca o militar.

Mejores alternativas serían informar, educar y disuadir a quienes alimentan el contrabando en perjuicio propio y de muchísimas personas inocentes.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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