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Juicio El Chapo

Cómo 'El Chapo' dirigió (por teléfono y desde la Sierra) el narcotráfico marítimo de California

En el juicio contra el antiguo jefe del cartel de Sinaloa se revelaron detalles de las operaciones de trasiego de narcóticos en la frontera marítima México-California, donde las autoridades han confiscado más de 500,000 libras de droga. El capo cuidaba con celo cada detalle de esas operaciones.
7 Abr 2019 – 10:20 AM EDT

Quizás la mejor manera de describir el lado "empresarial" del narcotraficante Joaquín ‘El Chapo’ Guzmán es como un jefe controlador. La evidencia presentada por la Fiscalía federal en su juicio en Brooklyn muestra que estuvo pendiente de cada aspecto de su empresa criminal: regateaba a los sembradores de marihuana en el Triángulo Dorado, negociaba inamovible con productores de cocaína en Sudamérica, delegaba tareas a sus operadores en Sinaloa y mantenía a raya a los oficiales corruptos que lo protegían.

Todo lo hacía por teléfono, desde sus guaridas en la sierra madre occidental de México. Cuando agentes del Buró Federal de Investigaciones (FBI) lograron pinchar las comunicaciones secretas del cartel de Sinaloa en 2012, descubrieron que el mafioso también estuvo pendiente del tráfico de droga a través del mar de California, una de sus rutas favoritas hasta su extradición en enero de 2017.

Guzmán supervisaba cada detalle. Una vez interceptaron una llamada en la que habló sobre la compra de lanchas; en otra ocasión avisó a su gente que “las cosas (droga) están en Tijuana” listas para el tráfico; también dio detalles precisos de cómo se tenía que recoger un cargamento en el Pacífico; y conversó sobre el almacenamiento de la mercancía en Estados Unidos. Incluso procuró la defensa legal de tres transportistas arrestados en San Diego en 2012 y quiso saber lo que ellos habían testificado.

“(Dile) que si compramos un barco para que pesque en Los Ángeles”, escribió Guzmán en un mensaje de texto que recibió su amante Agustina Cabanillas Acosta, alias ‘Fiera’ y quien fue uno de sus operadores de mayor confianza. “Si se avienta a recibir (droga) a 200 millas en frente de San Diego”, continuó él.


Esta fue una de las conversaciones exhibidas a principios de enero durante el testimonio del agente especial del FBI, Stephen Marston, uno de los encargados de la operación de espionaje que se enfocó en el cartel de Sinaloa, en el proceso penal contra ‘El Chapo’ en Nueva York.

‘Fiera’ recibía los mensajes y los enviaba de inmediato a distribuidores de droga usando otros celulares. Pero el FBI también tenía intervenidas esas líneas telefónicas.

“Que consiga tres casas con garaje”, pidió el capo a su amante en uno de varios textos obtenidos por el gobierno de EEUU. “Que mande a recoger el tráiler en San Diego (California)”, ordenó en otro.

En aquellos días, la Patrulla Fronteriza impidió que un cargamento de casi 500 kilos de marihuana llegara a una de las bodegas clandestinas del cartel en el área de Los Ángeles. Eso inquietó al mafioso. El cargamento iba en una panga, como le dicen a las pequeñas lanchas de pesca, que tocó tierra en una solitaria playa cerca de Malibu, en el noroeste del condado angelino.

Tras el arresto de los tres transportistas, ‘El Chapo’ tenía sus nombres completos y recibió a detalle las acusaciones que les fincó el gobierno federal. Además, siguió de cerca el caso criminal y hasta se encargó de proveerles abogados a dos contrabandistas. También pidió que negociaran con el defensor público que tomó un caso. No reveló cuál era su plan, solo se dijo que el abogado se negó.

“El mentado Díaz no ha cooperado”, le notificó enfadada Cabanillas sobre el defensor de oficio. En esa conversación Guzmán le preguntó sobre el avance del caso. El mafioso, entonces considerado el fugitivo más buscado del mundo, quería saber que habían declarado sus trabajadores. Quería confirmar si se habían vuelto informantes del gobierno y si debía estar preparado para otro proceso penal en California.

Lo confirmó siete años después, cuando esa confiscación se incluyó en el cargo de ser jefe de una empresa criminal continua. Solo ese delito conlleva una condena de cadena perpetua.

Pero también su inquietud por ese suceso relevaba ese lado obsesivo por hacer sus negocios ilícitos con “seriedad”, como prometía una y otra vez a sus asociados en la mafia.

Más de 554,000 libras de droga confiscada en el mar

Mover narcóticos en pangas o lanchas pesqueras para evadir la oxidada valla que divide las playas de Tijuana y San Diego, fue un método de trasiego que usó Guzmán en sus últimos años que estuvo en la cúpula del cartel de Sinaloa. La copió de los traficantes sudamericanos que transportan cocaína en lanchas rápidas, barcos y submarinos. Estas naves desembarcan en Centroamérica o el sureste mexicano.

Tanto la Oficina de Aduanas y Control Fronterizo, como la Guardia Costera, advierten que esa práctica en la frontera marítima México-California cada vez es más sofisticada. Ahora pangas más veloces salen desde la extensa zona costera de Ensenada (el municipio más grande de México), hacen escalas en islas, se internar en aguas internacionales en largas travesías nocturnas, los conductores son más agresivos y temerarios, y dejan la mercancía cada vez más al norte del estado.

Las rutas más largas han sido de más de 300 millas (unos 490 kilómetros), tomando varias horas.

Las bandas dedicadas al tráfico de migrantes usando lanchas le pagan un porcentaje al cartel.

No está claro si el Cartel Jalisco Nueva Generación (CJNG), que desde hace unos años lucha por apropiarse de la plaza de Tijuana, ya se ha involucrado en el contrabando por el Pacífico.

Las autoridades han notado un repunte de ese método. Solo entre finales de agosto y mediados de septiembre de 2018, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) detuvo a 54 indocumentados en seis lanchas que transitaban por el mar californiano.

Dicha agencia reporta que en la última década, sus unidades marítimas han arrestado a más de 5,000 personas y decomisaron más de 554,000 libras de droga.

“El contrabando marítimo es extremadamente peligroso, ya que las organizaciones criminales transnacionales priorizan las ganancias monetarias sobre el bienestar de quienes intentan contrabandear”, advierte la CBP.

“Los contrabandistas a menudo abarrotan embarcaciones pequeñas y abiertas; y en los casos en que se proporcionan dispositivos personales de flotación (chalecos salvavidas), estos a menudo son inseguros e insuficientes”, expone la dependencia.



‘El Chapo’ sabía que aquella madrugada del 15 de enero de 2012 una lancha suya navegaría por el mar californiano llevando 470 kilos de marihuana. El problema es que el “capitán” desembarcó en una playa en Deer Creek Canyon en Malibu, donde las autoridades encontraron una panga abandonada el 26 de diciembre de 2011 y nueve días después confiscaron más de una tonelada de cannabis.

Ese el lugar era un “destino popular de contrabando marítimo de narcóticos” por dos razones: está muy cerca de la transitada Pacific Coast Highway (PCH) y se encuentra en una región deshabitada.

Agentes de la Patrulla Fronteriza llegaron a esa playa justo cuando los tres transportistas de ‘El Chapo’ estaban sentados en las pacas de marihuana, esperando a que llegaran a recogerlas. Cuando vieron a los oficiales corrieron en dirección sur, desatando una persecución que duró más de una hora.

Primero atraparon al gordo del trío, Javier Lizárraga Calderón, quien se escondió entre matorrales a unos 200 pies del sitio donde quedó el rudimentario bote. Unos minutos después arrestaron a sus cómplices, Rafael Castillo Juárez y Pedro López, quienes se ocultaron detrás de unas piedras.

En sus primeras declaraciones ninguno confesó que trabajaba para el cartel de Sinaloa, de acuerdo con documentos judiciales. Cada uno dio una versión distinta, pero coincidieron en que salieron la noche anterior desde Ensenada, que navegaron unas ocho horas usando un localizador satelital (GPS) y que se comunicaron con las personas que recogerían la hierba para llevarla a bodegas clandestinas.

Lizárraga Calderón aseguró a los agentes migratorios que trabajaba en un barco dedicado a la pesca de calamar cerca de Ensenada y que después de una jornada alguien le ofreció un pago de 300 dólares por llevar marihuana a EEUU. Mientras que López afirmó que trababa de cruzar ilegalmente la frontera y que los coyotes le descontaron 2,000 dólares por el viaje a cambio de ayudar en el contrabando. Castillo Juárez, por su parte, dijo que era un pescador desempleado a quien contrataron por 5,000 dólares.

Los tres aceptaron que eran indocumentados y mencionaron que jamás se habían visto antes de subirse a la lancha horas antes. Al verificar los antecedentes de cada uno, las autoridades detectaron que López, originario de Sinaloa, había sido deportado en marzo de 2011 tras cumplir una condena de más de 10 años en prisión por disparar desde un auto en movimiento en el estado de Arizona.

En fotos: La ruta marítima de la cocaína que viaja de Sudamérica a EEUU burlando radares

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“Cuánto se le puede echar a esas panguitas?”

Juan Aguayo, uno de los agentes que capturaron a estos delincuentes, testificó el 14 de enero en el juicio contra Guzmán. Dijo que en los casi 11 años que lleva en el sector San Diego de la Patrulla Fronteriza ha participado en 50 intercepciones de lanchas cargadas con narcóticos.

“Llegan hasta Santa Bárbara”, afirmó el oficial sobre dichas operaciones de contrabando.

Un par de horas después de su relato, el capo colombiano Alex Cifuentes explicó en el tribunal el contenido de unos audios que mostró la Fiscalía federal. En una de esas comunicaciones ‘El Chapo’ habló sobre las características de barcos que usaría para mover sustancias ilícitas.

“Quedaron dos lanchas ¿de cuántos pies?”, preguntó Guzmán a uno de sus cómplices.

“De 25 pies y 22”, le respondió aquel.

“Cuánto se le puede echar a esas panguitas?”, insistió Guzmán.

En otra conversación exhibida en el juicio se oye al exlíder del cartel de Sinaloa indagando sobre barcos recreativos con la idea de ocultar cargamentos de cocaína más grandes.

“¿Y tienen clavos (compartimentos ocultos) los yates?”, preguntó ‘El Chapo’.

“Sí, tiene su parte ahí donde meter las cosas”, explicó un hombre.

“¿Para cuánto le arreglas?”, cuestionó Guzmán sobre la capacidad máxima de las embarcaciones.

“Como para 1.2, 1.3 (toneladas)”, detalló la otra persona.

El 5 de febrero, durante sus deliberaciones, el jurado revisó otra vez el testimonio del agente Aguayo. Ese caso estaba ligado al cargo de que Guzmán fue el líder de organización criminal.

Al final, el panel marcó la casilla “culpable” en esa y otros nueve acusaciones. ‘El Chapo’ está a la espera de su audiencia condenatoria, en la que podría recibir una sentencia a pasar el resto de su vida en prisión.

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