El terror que vivieron mujeres nativas americanas: La historia de feminicidios ocultos en un basurero

La historia de estas mujeres no es una suma de casos aislados, sino una tragedia colectiva que Canadá aún lucha por enfrentar

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Durante dos años, los cuerpos de varias mujeres nativas americanas se han estado pudriendo en un basurero en el centro de Canadá, lugar en el que fueron arrojadas por un asesino en serie que ha dejado feminicidios ocultos en el vertedero.

Estas mujeres fueron abusadas, asesinadas, descuartizadas y tiradas a la basura como un objeto que ya no funciona más; los cuerpos de Morgan Harris. de 39 años, de Mercedes Myran, de 26 años, y de una mujer no identificada, fueron hallados en el basurero de Winnipeg, mientras que Rebecca Contois de 24 años, fue hallado dentro de un contenedor.

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Este es solo el inicio de la larga historia de violencia contra las mujeres aborigenes en Canadá, quienes a menudo son blanco de asesinos, pues las nativas estan desprotegidas por parte de las autoridades, acusadas de prestar poca atención a estos casos que termina en feminicidios.

Campamento junto al basurero exige justicia

A un costado del vertedero Prairie Green, en Winnipeg, la familia de Morgan Harris mantiene un campamento permanente como forma de protesta y memoria. Tipis, un fuego sagrado, vestidos rojos y una pancarta con la pregunta “¿Y si ésta fuera tu hija?” se alzan entre el frío, la nieve y el viento. Elle Harris explica que la presencia constante busca ser visible y demostrar que las víctimas “no son basura”. La exigencia central es clara: que se realicen excavaciones para recuperar los restos.

Tras meses de presión mediática, protestas y reuniones con autoridades, se alcanzó un acuerdo cuando Wab Kinew asumió como jefe de la provincia de Manitoba a finales de 2023, convirtiéndose en el primer indígena en ocupar ese cargo. Sin embargo, el tiempo ha jugado en contra: la acumulación de residuos ha complicado una búsqueda que implica riesgos por exposición a materiales tóxicos y costos de varios millones de dólares. Aun así, la familia de Harris ha jurado no retirarse hasta encontrar su cuerpo.

La violencia estructural del asesino

El responsable de estos crímenes, Jeremy Skibicki, fue descrito por los fiscales como un agitador racista que atacaba específicamente a mujeres aborígenes en refugios para personas sin hogar. Su juicio comenzó a finales de abril y el veredicto se espera para el 11 de julio. Autoridades federales han reconocido que el caso refleja una “historia devastadora” cuyas consecuencias persisten.

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Las cifras oficiales respaldan esa afirmación: las mujeres indígenas representan alrededor de una cuarta parte de las víctimas de feminicidio en Canadá, pese a ser menos del 4% de la población femenina. Tienen tres veces más probabilidades de ser asesinadas que las mujeres no indígenas y, con frecuencia, sus agresores son desconocidos.

La “autopista de las lágrimas”

La violencia no se limita a Winnipeg. En el norte de la Columbia Británica, la llamada “autopista de las lágrimas” se ha convertido en símbolo del feminicidio aborigen. Entre Prince Rupert y Prince George, decenas de mujeres jóvenes e indígenas han desaparecido desde los años sesenta. Vestidos rojos colgados en postes y fotografías al borde de la carretera recuerdan historias que siguen sin resolverse.

Gladys Radek, activista y familiar de una de las víctimas, recorre el país para dar voz a estas mujeres y denunciar el racismo sistémico. Muchas familias coinciden en que las investigaciones fueron negligentes y que la policía no estuvo “a la altura”. Aunque se han logrado algunos avances, la desconfianza persiste y las heridas siguen abiertas.

La historia de estas mujeres no es una suma de casos aislados, sino una tragedia colectiva que Canadá aún lucha por enfrentar.