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Muertes

La muerte de Fidel marca el fin de una era, ¿qué viene ahora?

La gran interrogante es cómo la ausencia de Fidel afectará el ritmo de las reformas económicas iniciadas por su hermano Raúl. El menor de los Castro comenzó redefinir el sistema socialista, permitiendo una mayor participación de la empresa privada, y prometió entregar el poder al terminar su actual mandato, en 2018.
26 Nov 2016 – 6:26 PM EST

Durante muchos años, los críticos del sistema unipartidista y comunista de Cuba predijeron que la muerte de Fidel Castro significaría la ruina de la revolución cubana que construyó durante cinco décadas.

Aunque ciertamente es un golpe doloroso para los partidarios de línea dura de su estilo dogmático de liderazgo, sería un grave error subestimar la durabilidad del Partido Comunista de Cuba, o la subyacente burocracia estatal que controla la mayor parte de la actividad económica, política y social.

La partida de Fidel ya era un hecho consumado luego de una repentina enfermedad gastrointestinal que lo obligó a dimitir como presidente en 2006 y entregar el poder a su hermano Raúl Castro. Nunca se recuperó del todo y su influencia se desvaneció gradualmente durante la última década, pero las instituciones comunistas cubanas sobrevivieron intactas.

¿Futuras reformas?

La gran interrogante hoy no es el posible colapso de la revolución cubana, sino cómo la ausencia de Fidel afectará el ritmo de las reformas económicas ya iniciadas. Bajo el liderazgo más pragmático de Raúl Castro, Cuba ya ha comenzado a redefinir su sistema socialista, permitiendo una mayor participación de la empresa privada –lo que algunos consideran la evolución hacia un capitalismo de estado al estilo chino–.

"Una revolución termina y otra empieza", dice Emilio Morales, exdirector de mercadotecnia de CIMEX, la mayor corporación estatal. La muerte de Fidel tendría un efecto mágico en Cuba, añadió. "Es el fin de una era utópica socialista y el comienzo de una era de transformación capitalista", dijo Morales, presidente del Havana Consulting Group, una compañía con sede en Miami que asesora a potenciales inversionistas en Cuba.


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Por el momento, la mayoría de los analistas predicen pocos cambios en Cuba, aunque el proceso de reforma podría acelerarse un poco. El proceso de sucesión ya ocurrió y Raúl Castro, ahora de 85 años de edad, debe entregar el poder a principios de 2018 al vicepresidente Miguel Díaz-Canel, exdirigente del provincial partido, de 56 años de edad, a quien se le considera un reformista más moderado cercano a Raúl Castro.

"El gobierno cubano estaba a punto de aprobar nuevas reformas a finales del año y comienzos de 2017, conforme se acerca el final del segundo mandato de Raúl", dijo Carlos Alzugaray, un exdiplomático cubano.

"Ahora que Fidel no está, si había alguna línea roja que no podía cruzarse, desapareció con él", añadió.

Sin lugar a dudas, la muerte de Fidel Castro plantea uno de los mayores desafíos existenciales para el poder del Partido Comunista de Cuba. También abre la puerta a posibles luchas políticas internas conforme los funcionarios fidelistas de línea dura intentan aferrarse al legado de Fidel y resistir el embate de los reformistas "raulistas" para acelerar el ritmo de las reformas.

Hasta ahora Raúl Castro ha procurado administrar un compromiso inteligente de una reforma muy gradual, lenta pero constante, la cual ha denominado "sin prisa, pero sin pausa".

Aunque ha puesto a prueba la paciencia de muchos cubanos, otros prefieren una mano firme, temiendo que un ritmo acelerado podría traer el caos, como sucedió con las reformas políticas y económicas – 'perestroika' y 'glasnost'– en los días finales de la Unión Soviética.

Relaciones con Estados Unidos

"Las reformas no han avanzado como se esperaba, a causa de la inseguridad y el temor del régimen a sus efectos indirectos sobre el ámbito político", dice Frank Mora, un cubano estadounidense que dirige el Centro Latinoamericano y del Caribe de la Universidad de Florida.

Los cubanos "se sienten un poco perdidos, desorientados sobre cómo gestionar las consecuencias de las fuerzas que podrían desatarse tras la normalización de las relaciones con Washington", añadió.


"Sin duda, el fallecimiento de Fidel Castro eliminará un importante obstáculo para las reformas económicas, ya que él era el jefe titular de la vieja guardia siempre desconfiada de los mecanismos del mercado y de un sector privado considerado por los conservadores, y su generación de históricos, como corrupto, antipatriótico y demasiado abierto a las influencias extranjeras", agregó Richard Feinberg, investigador del Instituto Brookings en Washington y autor de "Open for Business: Building the New Cuban Economy".

"Ahora, su hermano menor Raúl puede sentirse más libre para actuar según sus propios instintos y mover a Cuba hacia el siglo XXI", añadió.

El partido se ha ganado históricamente una reputación por su notable disciplina política, y ha dedicado gran parte de sus esfuerzos y recursos a la formación de nuevas generaciones de líderes para asegurar su longevidad.

Sin embargo, en las últimas décadas, una combinación de dificultades económicas internas, y el envejecimiento de los líderes ha alejado el partido de la desmoralizada y políticamente apática juventud cubana. La emigración hacia Estados Unidos se ha disparado y muchos jóvenes recurren a Estados Unidos tanto para obtener recursos económicos –ya sea mediante un mayor contacto con los turistas o gracias a las remesas enviadas por familiares en el extranjero– como para adoptar influencias culturales que han socavado cualquier resto de fervor por la revolución socialista.

El factor Trump

Donald Trump hace este escenario aún más fascinante. Aunque Trump ha sido crítico del restablecimiento de relaciones diplomáticas con la isla por parte del presidente Barack Obama, y el estímulo de la inversión estadounidense, no está claro hasta qué punto planea revertir los cambios. La muerte de Fidel Castro le hará más fácil a Trump resistir la presión de extremistas cubanos exiliados en Miami que apoyaron su campaña electoral y desean que se revierta la política de Obama.

Sin duda alguna, Trump frenará la política de cooperación de Obama, pero probablemente adoptará una política de espera por el momento, conforme se desarrollan los acontecimientos en la era post Fidel, sostiene Mora.

"Trump tiene cosas más importantes que hacer y no veo que Cuba sea una prioridad para él", dice Mora, exdirector del departamento de América Latina en el Pentágono durante la primera administración de Obama. "Pero definitivamente habrá un congelamiento de la futura colaboración con Cuba", agregó.


"Para las relaciones entre Estados Unidos y Cuba, el fallecimiento de Fidel Castro elimina el objeto del odio, el miedo y la venganza de muchos cubanoamericanos, poniéndole fin a la que ha sido una de las más largas historias de rencor que haya conocido la humanidad", dijo Feinberg. "Y hará que sea menos probable que Trump quiera revertir la apertura de Obama hacia la isla", agregó.

La semana pasada Trump asignó uno de los más duros críticos del enfoque de Obama hacia Cuba, Mauricio Claver-Carone, a su equipo de transición en el Departamento del Tesoro que controla las regulaciones comerciales para los países embargados, incluida Cuba.

Sin embargo, ahora que Fidel Castro ha salido de la escena, se elimina un obstáculo clave para el levantamiento del embargo. En virtud de la ley estadounidense, el embargo sólo puede levantarse cuando los hermanos Castro abandonen el poder.

Después de inútiles esfuerzos para derrocar al gobierno cubano durante décadas –incluyendo invasión militar, planes de asesinato y cinco décadas de embargo económico– algunos analistas predijeron que cualquier cambio en la política estadounidense tendría que esperar lo que fue apodado la "solución biológica". Con la muerte de Fidel, eso está ahora un paso más cerca.

Si la transición de Cuba va según lo planeado, el próximo paso podría suceder en algún momento después de 2018 cuando Raúl Castro deje el cargo.

"Trump será el presidente que levante el embargo en 2019, cuando ya no haya un Castro en el poder", dice Morales.

No es tan simple. El embargo también insiste en la celebración de elecciones multipartidistas, libres y democráticas en Cuba. Aunque los dirigentes cubanos pueden estar dispuestos a ceder espacio económico al sector privado capitalista como un medio de supervivencia económica, no hay señal aún de que estén dispuestos a aceptar la competencia política.


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