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¿Qué pasará ahora con el deshielo entre Washington y La Habana? Se fue Fidel, pero llegó Trump

Aunque el fallecido líder cubano carecía de poder efectivo, era una referencia moral y una reserva para el gobierno cubano que enfrenta un posible regreso de la línea dura republicana hacia la isla.
26 Nov 2016 – 3:54 AM EST

El que muera Fidel Castro justo cuando en Estados Unidos asciende al poder el republicano Donald Trump resulta un poderoso símbolo de la realineación política que experimenta el mundo y que podría afectar la normalización de las relaciones entre Washington y La Habana.

Fidel Castro, quien falleció este viernes a los 90 años, no tenía poder efectivo en la estructura del gobierno cubano, pero su muerte destaca los cambios que pueden venir en la relación bilateral que desde 2014 había entrado en una nueva dinámica.

Trump ha criticado la política de deshielo del presidente Barack Obama para desmontar una enemistad de más de medio siglo y durante la campaña hizo guiños a la comunidad cubanoestadounidense dando a entender que reversaría esa política con la isla que muchos en el exilio no terminan de aceptar.

Aunque Trump logró el menor porcentaje del voto cubano que ha obtenido un candidato republicano, parece dispuesto a cumplirle a los más radicales de la comunidad, como demuestra el que incluyera en su equipo de la transición a Mauricio Claver-Carone, director ejecutivo del grupo de lobby US-Cuba Democracy PAC.


Claver-Carone es un fuerte defensor del embargo a Cuba y su nombramiento es una señal de que Trump piensa cumplir su promesa de revertir la política de acercamiento con la isla comunista.

"Espero que se deshaga de todo lo que Obama hizo. Obama nunca recibió nada a cambio. Esa no es la manera de negociar", dijo a Univision Noticias Remedios Díaz-Oliver, dueña de una empresa de envíos y parte del comité ejecutivo del US-Cuba Democracy PAC.

Posible, pero complicado

Para Trump desmontar el proceso iniciado por Obama sería algo relativamente fácil, considerando que se ha hecho mediante acciones ejecutivas y ajustes de regulaciones, sobre todo en los departamentos de Comercio, Transporte y el Tesoro.

Las acciones ejecutivas son decretos presidenciales que se anulan con otro decreto, mientras que las regulaciones, aunque exigen un proceso que va más allá de la Casa Blanca, también son reversibles.

“Todas las concesiones que Barack Obama le dio al régimen de Castro fue hecho mediante acciones ejecutivas, lo que significa que el próximo presidente puede revertirlas y lo haré a menos que el régimen de los Castro cumpla nuestras demandas”, dijo Trump en un evento de campaña en Miami en septiembre pasado.

“No son mi demandas, son nuestras demandas. Esas demandas incluyen libertad religiosa y política para el pueblo cubano y la liberación de los prisioneros políticos”.


El mayor problema está en los intereses comerciales estadounidenses que han invertido para preparase para el desembarco en la isla. Esas empresas pueden exigir que no se cambien las condiciones y en caso de que la Casa Blanca desmonte el proceso, podrían demandar si consideran que sus intereses se ven afectados.

También hay un factor de opinión pública a tomar en cuenta. Según un estudio del Centro de Estudios Pew de julio de 2015, un 73% de los estadounidenses apoya el deshielo y el eventual fin del embargo. Incluso, un 59% de republicanos dicen estar de acuerdo con el proceso.

Esas consideraciones podrían estar en la mente de Trump, quien en los días previos a las elecciones pareció suavizar su postura. Para algunos los argumentos de negocios pueden ser al final los más convincentes para el magnate.

Crítico del deshielo

En sus artículos del Granma, las 'Reflexiones del compañero Fidel', Castro dejó entrever que no estaba del todo de acuerdo con el deshielo que en diciembre de 2014 anunciaron simultáneamente su hermano Raúl y el presidente Obama.

Pero sus críticas nunca llegaron a considerarse una oposición frontal a la decisión de acercar a los enemigos de la Guerra Fría, y de todos modos, su muerte no implica necesariamente cambios en la conducción política en La Habana.

Las opiniones de Castro siempre fueron importantes. Se trataba del padre de la revolución y un jefe de Estado que lidió con diez presidentes estadounidenses: desde Dwight 'Ike' Eisenhower y John Fitzgerald Kennedy hasta George W Bush y Barack Obama, aunque con este último ya retirado de las funciones de gobierno.

Desde 1959 la Revolución cubana fue vista sucesivamente como una afrenta comunista, una amenaza a la seguridad hemisférica, un mal ejemplo en materia de derechos humanos, hasta una reliquia de los tiempos de la Guerra Fría, hasta que Barack Obama y Raúl Castro decidieron dar un giro al rumbo.

Fidel alejado del poder

Desde que en 2008 dejó el poder en manos de su hermano Raúl, el líder de la Revolución cubana fue perdiendo influencia a la hora de manejar el país, aunque siguió siendo el pilar moral del sistema político de la isla y un referente a través de sus columnas semanales en el diario Gramma donde juzgaba decisiones de política nacional e internacional.

Es la llegada de Trump a la presidencia, quien promete reactivar la influencia del ala más dura del exilio cubano, lo que presagia que el vínculo entre ambas capitales vuelva a tiempos previos al 2014.

El desmontaje del embargo, que era una lejana posibilidad aun con el acercamiento ensayado por Washington y La Habana, se hará con Trump en la Casa Blanca más improbable. Seguirá siendo solo la aspiración de algunos, particularmente negocios estadounidenses que ven perder oportunidades en la isla.

Ante una decisión unilateral de Washington, Fidel Castro habría tenido poco margen de maniobra. Pero él será siempre la personificación de la Revolución cubana. A partir de ahora serán tomadas y explicadas las decisiones en La Habana, incluida si se profundiza el acercamiento o se paraliza el proceso con el que Cuba y EEUU planificaban entrar en el siglo XXI.

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