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"Sientes que te entierran vivo": historias de terror de latinos que llegaron en camión a EEUU y sobrevivieron para contarlo

Calor, asfixia, miedo, sed, abusos, muertes... Más de 150 lectores de Univision Noticias compartieron de forma confidencial testimonios sobre su peligroso trayecto como indocumentados rumbo a Estados Unidos en tráiler. Estos son sus relatos.
28 Jul 2017 – 12:28 PM EDT
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Diez hispanos murieron después un trayecto infernal hacinados a bordo de un camión sin refrigeración que fue encontrado en el estacionamiento de un Walmart en San Antonio, Texas. Este viaje, cuyo desenlace ha conmocionado a la comunidad inmigrante, es común a pesar de los peligros de entraña. Por eso decidimos preguntar a los lectores de Univision Noticias acerca de sus experiencias cruzando la frontera o viajando a Estados Unidos a bordo de este medio de transporte.

Algunas de las historias de los lectores parecen sacadas de películas de terror: hablan de experiencias claustrofóbicas, de un calor insoportable, de sed, de hambre, de desmayos, de asfixia, de pastillas somníferas administradas a bebés, de compañeros muertos y de accidentes. Unos estaban rodeados de cebollas, otros de bananas y otros de hortalizas. Unos sufrieron abusos (mujeres agredidas sexualmente, insultos y engaños de los coyotes, camiones abandonados por sus choferes) y otros incluso aseguran que la travesía no resultó tan mala. De las más de 150 historias que nos han enviado, estos son algunos de los relatos que hemos seleccionado (algunos testimonios se han mantenido anónimos a petición de sus protagonistas):



1
El que respiró gracias a un agujero que abrió un muchacho

"Nos dijeron que iríamos nomás 40 personas dentro de él. Cuando íbamos a abordar al troque nos dimos cuenta que no eran 40, sino el doble. Íbamos acurrucados. Era incómodo, porque no nos podíamos mover prácticamente porque el troque iba a lleno. Aproximadamente a las cinco horas después de haber empezado hubo un apagón y empezamos a sentir un poco de calor. Se arruinó el aire acondicionado. Era uno de esos troques que cargan cosas frías, pero cuando se apagó el aire se iba calentando, calentando más… y ya era en la mañana cuando se puso súper, súper, súper caliente. No recuerdo bien, pero al menos dos chicas se desmayaron… no eran mayores, como entre 18 y 30. Cuando se desmayaron, le dijimos al guía: 'trata de comunicarte con las personas que van manejando'. El guía trató de comunicarse, pero nunca, nunca le contestaron. Dos horas después una persona sacó un hacha o un cuchillo, era como algo pequeño. El muchacho abrió un hueco en el cielo del troque y el agujero se abrió y el troque como que se expandió. Hazte cuenta de que se llenó de aire dentro. Pero tuvimos que esperar para que nos abrieran la puerta cuatro horas más. Todo esto pasó en México, aunque nunca nos decían donde andábamos. Pasé demasiado miedo".

Álex Torres, salvadoreño de 24 años. Cruzó en 2009, a con 16 años.


2
El que no olvida el olor a orín

“Es algo terrible. Viajé de Tabasco a Reynosa con unas 170 personas incluyendo niños. Estuvimos unas 70 horas ahí. Imagínese: echaron dos cubetas por si alguien quería hacer pipí, los niños no se podían aguantar. Cuando frenaba, se salía el pis y les mojaba a las demás personas. Eso es horroroso: aquel mal olor, aquel calor, se te duerme todo el cuerpo. El tráiler traía aire, pero en el camino el aire se dañó. Había un guía con nosotros y llamó al conductor para que parara e hicieron agujeros a los lados. Me imagino que esos pobrecitos (los inmigrantes fallecidos en el camión rescatado en San Antonio) no tenían nadie, yo pienso que el chofer no los escuchó. Hicimos una estación en Monterrey donde nos atendieron por comida. Pagué 8,000 dólares”.

Inmigrante procedente de Nicaragua. Cruzó en octubre de 2016 y hoy vive en Florida como indocumentado
La que tuvo un accidente y da gracias por ello

"Veníamos de Honduras, creo veníamos aproximadamente 80 personas en ese camión, cargado con tarimas de caucho. El accidente fue entrando a México, en la frontera con Guatemala. No habíamos avanzado nada, mínimo 10 minutos consciente y el camión dio vuelta, yo pensé que era un sueño. Y de ahí no supe nada. Cuando yo desperté, escuché los gritos, las oraciones, solo eso. Yo deje mi niño de 5 años, y en este momento me acordé del niño y me desperté. Pensé: ‘Tengo que luchar por él’. Quería vivir. Llegó la ambulancia, me subieron, y lo único que quería era dormir y tomar agua. Me fracturé ocho costillas. Pero hubo dos personas, salvadoreñas, que se murieron. Salió en las noticias. Menos mal por el accidente porque veníamos todos asfixiándonos, no había de donde ventilar aire… yo digo, si no fuera por el accidente, yo creo que hubiéramos muerto allá. Eso fue en mayo, en septiembre volví a venir. Pero la segunda vez decidí no subirme a un tráiler. Digo a la gente que no lo haga porque es horrible. Uno queda traumado. Cada vez que veo un camión así, me pega feo".

Alba, hondureña de 34 años. Cruzó en 2004. Vive con su esposo e hijos en el estado de Nueva York.


La que fue violada por coyotes

"Venía de Honduras. Cruzamos por todo México y cruzamos por Houston. Ingresamos al camión como aproximadamente 20 personas, incluida una niña de 6 años. Es desesperante, un calor que no se aguanta. Las personas se ponen a llorar, ahí queda uno todo desesperado. Lo pasé muy mal porque uno no se puede mover, se duermen los pies, es incómodo. Yo viajaba sola, pero nos encontramos varias personas de varios países. Tenía 19 años. Tenía mucho miedo. Salí del país porque tuve una mala experiencia, fui violada por una persona. Y en Houston también. Casi no he hablado mucho de eso, me trae muchos recuerdos, trato de olvidar. No ha sido nada fácil. Aquí estamos echándole para adelante. Uno piensa que no lo va a lograr, que va a morir, pero no: aquí estamos".

Inmigrante hondureña de 26 años residente en Carolina del Norte. Cruzó en 2010.


El que viajó cómodo, pero rodeado de droga

"En la camioneta iba yo solo con el chofer, pero iba cargada de marihuana. Pasé miedo porque yo no sabía nada, era la primera vez que ingresaba en Estados Unidos, era una sorpresa todo lo que estaba pasando, no sabía si nos iban a agarrar. Estaba como en shock, yo no sabía nada, no sabía qué pensar. Solo sabía que si nos llegaban a agarrar nos íbamos a la cárcel y que, con la cantidad de droga que llevaba, no íbamos a salir en un montón de años. Llevaba muchos paquetes. ¿Más de unos 20 kilos tal vez? De ahí paramos a comer, me acuerdo de que me invitó a comer en un restaurante americano. No había comido como en dos días. Me dijo: 'Pide lo que quieras', pero me acuerdo de que no sabía qué pedir. Pedí un burrito con papas fritas. Era la primera vez que comí un burrito".

Álvaro, mexicano procedente del Distrito Federal. Vive en Carolina del Norte. Cruzó por Nuevo Laredo hace 12 años.


El que chupó un limón para no desmayarse

"Nos cruzaron desde Reynosa [México] hasta McAllen [Texas] en un camión de mudanzas. Tenía placas de Texas. Veníamos 47 personas, bastante incómodos. A las 3:00 de la tarde el calor es tan intenso... hizo muchísimo calor. Cuando nos cruzaron (quizás no habían pasado 15 minutos), empezaron a desmayarse por el calor. El camión fue completamente sellado con un plástico, algo grueso, como un nailon. Sentí que faltó la respiración. Yo, por casualidad, había guardado un limón en mi bolsa. Comencé yo a chupar, oler el limón, a cuidarme. Hice un pequeño agujero al lado y puse la nariz ahí cerca. Eso fue como yo logré no desmayarme. De los 47, unos 15 no se desmayaron. Era muy difícil: hora y media fue lo que estuvimos adentro. Cuando llegamos a McAllen echaron agua a los que se habían desmayado. Algunos no reaccionaban. Yo no puedo decir hoy si esa gente está viva o no".

Otto Vladimir Sánchez, 44, salvadoreño. Cruzó en 2009 y vive en Texas.


El que prefiere olvidar lo que pasó

"Crucé cuando tenía 14 y venía juntos a mis dos hermanos menores, una de 8 y otro de 7. Comenzamos a cruzar por la tarde el desierto de Nogales. Caminamos durante toda la noche. Cuando uno de mis hermanos no quería caminar, me pasaba la mochila enfrente mientras cargaba a uno de ellos en la espalda. [En el tráiler] Éramos como 10 personas. Nos acostaron unos encima de otros como sardinas. Llevamos encima de nosotros pedazos de madera para que no nos vieran otros carros y teníamos que agarrarlas fuerte, pero a veces el viento parecía llevárselas, aunque estábamos bien aferrados a ellas con los dedos. Era duro: veíamos las luces en las montañas y para que mis hermanos no sufrieran les decía que en esas luces vivían sus papás. Muchas veces tengo recuerdos, son muy detallados y otras veces son como algo fugaces. Desde que llegué aquí yo he tratado de reprimir esos recuerdos. No los quiero tener conmigo. Cuando miro noticias así, a veces se me viene a la mente que en algún momento pasé lo mismo y yo estuve en el mismo lugar donde ellos están".

Gerardo Arizmendi, mexicano de Jalisco. Vive en Carolina del Norte. Con 14 años, cruzó por Nogales dos veces en camión junto a sus hermanos pequeños.



El que creyó que estaba en una película de terror

"Viajé todo México en camión, en cuatro camiones diferentes. En el de Puebla a Zacatecas veníamos 243 personas. Era un tráiler de 52 pies, uno de los más largos, para carnes, frutas. Así se debe mantener un ambiente agradable adentro pero al tráiler se le acabó el aire acondicionado y casi morimos en la angustia por falta de oxígeno. Me acordé de una película, 'El camión de la muerte', donde mueren migrantes. Es así. Tú ves la muerte cerca. El olor es horrible: gente sin bañarse, pies apestosos, axilas, mal aliento, gente defecando. El oxígeno es malo. Lo que uno está respirando no es oxígeno, es otra cosa. El cuerpo se quiere desmayar. Cuando llegamos al rancho y abrieron la puerta, no es nada como cuando la gente sale del estadio. Es una avalancha".

Jose Ernesto Peña, 42 años. Exmilitar en El Salvador. Vive en Massachusetts.


La que aún recuerda a los niños

"Vine de México. Tuvimos que pasar entre San Ysidro y San Diego, por ahí fue por donde pasamos en el tráiler. Eran varias horas, todo oscuro. Fue muy largo, con calor, venía muy lleno el tráiler. Los coyotes hablando con groserías. Pero lo que no se me olvida es que venían muchos niños chiquitos. Había señoras con bebés en los brazos. Los coyotes dieron algo a los niños para que se durmieran. Es triste, hace a uno muchas cosas esa experiencia, es una experiencia muy fea".

Mujer indocumentada que cruzó en 1995.


El que todavía está resentido con sus coyotes

"Las personas que nos traen nos prometen muchas cosas: que van a llevar bien, que van a comer bien... pero nos quitan media vida para llegar acá. Engañan 100%: ellos lo ofrecen todo y es mentira. Se ponen muy violentos en el camino. Pasé muchísimo calor, uno siente desesperación del calor, la sed, el hambre, el calor de la máquina, del camión... es muy duro soportar eso. Tomé dos camiones mientras yo vine. El segundo camión fue un poquito mejor, no mejor de aire, pero dentro el cajón estaba lleno de hortalizas, te hace sentir menos sofocado. Uno tenía que entrar por la parte de abajo, por el lado de las llantas, uno por uno. Nos pusimos 35 personas una sobre otra. Todos tumbados. Era muy difícil respirar por una ventanilla de 6x24 pulgadas. Nos teníamos que turnar para respirar".

Inmigrante anónimo.


El que tomó todos los transportes y dice que el camión es el peor

"Soy de Ecuador. Desde ahí me subí a cada transporte que puedes imaginar para llegar a Los Ángeles: Barco, canoa, caminando, buses, pequeños transportes, el camión. Tomó dos meses y medio. Pero de toda la experiencia, el camión fue lo más duro. A mí no me importa si no como unos cuantos días, o si duermo en el monte 15 días, pero el camión es insoportable. La verdad, me arrepentí haber tomado esa decisión. Salimos en la mañana. Era bien grande, íbamos cubiertos con cajas de naranjas, pero las cajas estaban vacías y faltó oxígeno. Éramos 120 personas en ese camión para 10 horas, y todos querían respirar aire. El calor es muy, muy intenso, como de 140 de temperatura. Había gente que se desmayaba, todos sudaban, se sacaban la ropa, básicamente todos estaban desnudos. Es una horca en tu cuello y estás a punto de morir. Cuando llegamos en la noche hizo mucho frío, como invierno. Esa experiencia tengo yo. Solo queríamos el sueño americano".

Inmigrante procedente de Ecuador, 52 años. Cruzó hace 17 años. Vive en Nueva York.


El que, además de calor, también pasó frío

"Nos metieron en un tráiler o camión como gusten llamarle. La mitad de ese camión estaba lleno de bolsas de plástico. Nos encerraron, estaba todo muy oscuro, las láminas del piso estaban heladas. Eran como las 10:30 o 11:00 de la noche, todos teníamos mucho frío y hambre, pegábamos nuestro cuerpo con el de alguien más para sentir un poco de calor. Todos muriéndonos de hambre dentro, todos callados, se oían las tripas de toda la gente. Pasaron las horas, amaneció, ya salió el sol y se empezó a calentar adentro. Se puso muy caliente, teníamos mucha sed... hasta que ya como a las 5:00 de la tarde nos sacaron de ese horno, nos llevaron a una casa, lo único que nos dieron de comer una salchicha con pan de esas que tienen un palito en medio".

Angelberto Rodríguez, inmigrante de origen mexicano. Vive y trabaja en Oregón. Cruzó en 2009 cuando tenía 17 años.


El que fue testigo de dos muertes y de abusos a mujeres

"Fui de Tapachula a Puebla [México], tardó 18 horas. En la parte de atrás llevaban cajas de verdura para despistar a la policía por si abrían las puertas. Ya cuando eran unas 10 horas [de viaje] la gente ya no aguantaba. Cuando paraba el 'truck' sonábamos la puerta para que la policía nos oyera, la gente ya no podía respirar. Recuerdo que le tuve que dar aire a un ecuatoriano. Entonces más adelante, como una hora después del retén, paró el 'truck', fue más inmenso el calor adentro porque ya no entraba aire. Todos iban a la puerta para respirar. Dos personas se ahogaron. Respirábamos como por un agujero como de unos 50 centímetros cuadrados en el piso del ‘truck’. Para las mujeres es bastante peligroso porque los coyotes las apartan a ellas. La mujer sufre mucho. Ellas dormían con los coyotes, dentro del camión era la propia gente [quienes las tocaban]: las mujeres gritaban, pero quién iba a hacer nada. No se miraba nada. Ahí se quedaron las dos personas que murieron. Fue un calvario".

Inmigrante guatemalteco que cruzó en 2005. Fue deportado y vive en el departamento de Jutiapa, Guatemala.


El que se endeudó por emprender un viaje de pesadilla

"Me aventé 6 horas en el tráiler. Pagué 10,000 dólares por cruzar en total. Tuve que vender un terreno y usar el dinero que me dejó uno de mis hermanos. Crucé por Nuevo Laredo. Estuve como mes y medio en una bodega y comiendo huevos y pagando 100 dólares cada tres días. Nos llevaron en la caja de un tráiler a 99 personas. Sin agua, sin nada. Nos subieron como a las 8:00 de la noche y llegamos a San Antonio a las 2:30 de la mañana. Sin aire. Acostado bocabajo, sube y sube y toda la gente apilada. Es una cosa terrible, oiga. Cuando llegamos a EEUU, a San Antonio, pagamos el resto del dinero. Tenía que entregar 5,000 dólares, y cada uno pa’ su casa. Son 2,500 por estar en la frontera, por tenerte ahí. 2,500 por cruzar el río. Y los 5,000 del camión. Yo la verdad no lo volvería a hacer: tanto por el camión como por el cruce del río. El agua está muy fuerte y no hay nada que te proteja, es muy riesgoso. Hay como hoyos en el río que te jalan para abajo, como remolinos. Es una cosa terrible. La verdad, que ya no quedan ganas".

Inmigrante de origen mexicano de 30 años y residente en Wisconsin. Cruzó en octubre de 2016.

Estas son solo algunas de las historias que los lectores han compartido con Univision Noticias. Los relatos han sido editados para su mayor claridad y han sido complementados con entrevistas telefónicas. Al tratarse de viajes irregulares e ilegales, no han podido ser confirmados de forma independiente. Si llegaste en camión a EEUU, puedes contarnos tu historia aquí. Las ilustraciones que acompañan a estas historias han sido realizadas por Ricardo Weibezahn y Mauricio Rodríguez-Pons. Además, puedes ver esta galería para leer las frases de más inmigrantes que viajaron de esta forma:


En sus propias palabras: inmigrantes recuerdan el camión que "te marca la vida para siempre"

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