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Deportaciones

La deportaron a El Salvador y allá la asesinaron: la trágica historia de Camila Díaz

Catorce meses después de que las autoridades estadounidenses la repatriaron a su país, Camila, una mujer transgénero, fue reportada como desaparecida. Socorristas la encontraron moribunda, pero falleció tres días después en un hospital.
24 Feb 2019 – 10:36 AM EST

SAN SALVADOR, El Salvador. Camila Díaz, la mujer transgénero que fue deportada de Estados Unidos y asesinada tras regresar a su natal El Salvador, envió un último mensaje de voz a las 9:07 de la noche del pasado 30 de enero.

Le dijo a su mejor amiga que se sentía insegura, que alguien la había intimidado en una calle cercana al hospital de niños Benjamín Bloom, en plena capital salvadoreña. Virginia, su amiga, le respondió que regresara a casa, pero Camila ya no respondió. Esa noche desapareció.

“Le contesté unos dos minutos después, pero ya no aparecía en línea. Pensé que me respondería más tarde o la mañana siguiente, como en otras ocasiones. Ella ya no logró escuchar dos audios que le mandé”, cuenta Virginia, quien buscó a su amiga en la morgue y en la Policía, pero no la encontró.

“Cuando llegó el mediodía y ella no había regresado a la casa, no contestaba y no veía los mensajes; ahí me comenzó aquella incertidumbre”, continuó.

Al amanecer, ya el 31 de enero, unos socorristas encontraron a una persona moribunda a la orilla de una carretera en Soyapango, la tercera ciudad más poblada de El Salvador y controlada por las pandillas.

La víctima no portaba documentos de identidad y fue trasladada a un hospital público, donde fue sometida a cirugías de emergencia. Sin embargo, falleció tres días después. El cadáver fue trasladado a la morgue como una persona sin identificar.


Hasta el 7 de febrero, Virginia identificó el cadáver de su amiga. Era Camila, la mujer que sufrió y denunció graves hechos de violencia que las autoridades salvadoreñas no investigaron; la que intentó saltarse el muro y buscar refugio en Estados Unidos; la que imploró sin éxito que no la regresaran a su país; la que quería huir otra vez.

“El plan estaban en que nos íbamos a ir las dos para México. Ella me lo propuso, viendo la inseguridad que había aquí”, dijo Virginia.

Huyendo de su país

Camila Díaz Córdova nació el 9 de noviembre de 1989 en un caserío de Santa María Ostuma, un municipio con bajos índices de desarrollo. Cuando cumplió los 18 años, huyó de su casa porque sufría violencia y discriminación por su orientación sexual.

Llegó a la capital salvadoreña y comenzó a prostituirse para sobrevivir. En las calles conoció a Mónica y a Virginia, que se convirtieron en sus mejores amigas. Ahora solo vive una de ellas: Mónica fue asesinada por pandilleros dentro de un microbús en 2011.

La madrugada del 27 de enero de 2014, Camila recibió una golpiza que la dejó con la mandíbula dislocada. La denuncia por lesiones ante la Policía no dio ningún resultado y, entonces, ella decidió emigrar hacia México. Pero terminó regresando por la misma razón por la cual se había ido: “Allá también sufrió discriminación”, contó Virginia.

A su regreso, Camila trabajó en una cervecería en una zona conocida como ‘El Reloj de Flores’, territorio controlado por la violenta pandilla Barrio 18.

“El denunciante manifiesta que le daban 15 días para que abandonara el negocio al cual se dedica y que si no lo van a matar. Dichos sujetos son conocidos como ‘El Coqui’, ‘El Gasper’ y ‘El Travieso’”, se lee en una denuncia que interpuso ante la Policía el 3 de agosto de 2015.

La denuncia por amenazas no prosperó. Por esa razón, en el 2016, Camila huyó hacia México. En ese país conoció a una salvadoreña transgénero conocida como Paola. Ellas obtuvieron asilo en México y en el 2017 decidieron v iajar hacia Tijuana con el propósito de cruzar la frontera hacia Estados Unidos.

“El 8 de agosto de 2017 me mandó un mensaje. Me dijo: ahora me voy a entregar a Migración, ya no vamos a tener comunicación”, relató Virginia.

“La Fiscalía debería investigar”

Camila estuvo durante tres meses en el Centro de Detención de Migrantes en Otay Mesa, en el este de San Diego, California. Ella presentó a las autoridades estadounidense copias de las denuncias por amenazas de muerte que interpuso, pero no fueron razones suficientes para que pasara la entrevista de miedo creíble.

La deportaron el 6 de noviembre de ese año. “Venía decepcionada”, lamentó su amiga.

Catorce meses después de su retorno a El Salvador, ella fue reportada como desaparecida y luego se determinó que había sido víctima de asesinato. Sumando el crimen de Camila, las autoridades reportan 416 homicidios entre el 1 de enero y el 18 de febrero.

“La Fiscalía debería de investigar en las cámaras de vigilancia de las calles. Creo que no van hacer nada, no van investigar”, dice Mónica Linares, mujer transgénero que preside la Asociación Solidaria para Impulsar el Desarrollo Humano.

Linares cuenta que una testigo les aseguró que policías se llevaron a Camila, algo que han pedido que la Fiscalía investigue. “No creo que lo hagan, eso va a quedar así”, dice.

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