null: nullpx
Muertes

Lo deportaron y cuando intentó regresar a EEUU lo asesinaron en la frontera

Edgar López, un guatemalteco detenido en una mega redada en 2019 en unas plantas de procesamiento de pollos, fue deportado a su país el año pasado. En enero, fue una de las víctimas de una masacre a 14 millas al sur de la frontera con EEUU.
25 Feb 2021 – 06:03 AM EST
Comparte
Cargando Video...

Una mañana de agosto de 2019, el guatemalteco Edgar López fue uno de los casi 700 detenidos en una operación desplegada en siete fábricas de pollos de Mississippi, una de las mayores redadas de inmigración en un centro de trabajo de la historia de Estados Unidos.

Lo esposaron, lo subieron a un autobús y lo trasladaron a un hangar de aviones de la Guardia Nacional para procesarlo. Tras meses detenido, López, de 49 años, fue deportado a su país natal.

El 22 de enero de este año, el guatemalteco fue una de las 18 personas que murieron tiroteadas y quemadas en la parte trasera de una camioneta, a tan solo 14 millas de la frontera con Estados Unidos, una masacre que conmovió a la nación centroamericana.


Las autoridades mexicanas hicieron pruebas de ADN para identificar a los cuerpos calcinados que se hallaron en el lugar, entre quienes había otros 15 guatemaltecos.

La investigación fiscal determinó la implicación de 12 policías mexicanos en la atroz masacre, que intentaron ocultar su responsabilidad alterando la escena del crimen.

La esposa de López, Sonia Cardona, con quien tuvo tres hijos, lo lamenta con profunda tristeza: " Ahora está muerto, pero para mí, murió cuando lo detuvieron", dijo al sitio Vice. "Nunca regresó".

La redada fue "nuestro 11 de septiembre"

Cardona recuerda el día en que las autoridades federales y del estado tomaron las procesadoras de pollo. Eran las 7:10 de la mañana cuando se hizo el despliegue de agentes con equipo táctico en el aparcamiento y se estableció un perímetro alrededor de la enorme planta de Peco Foods, uno de los mayores productores avícolas del país.

López salía del turno de noche y comenzaban a llegar los trabajadores, la mayoría inmigrantes indocumentados, del turno de la mañana.

"Está pasando algo. Inmigración está aquí", le dijo López a su esposa por teléfono. Y la llamada se cortó. Ella trabajaba en el turno de día en otra planta de Peco.

"Ese día todo el mundo lloraba por sus familias, los niños por sus padres. Es algo que nunca olvidarás", expresa Cardona. "Fue nuestro 11 de septiembre".


El guatemalteco había trabajado durante las últimas dos décadas en plantas avícolas en los alrededores de Carthage, a 50 millas de Jackson, Mississippi. Empezó como conserje pero con los años se especializó en el mantenimiento de la maquinaria, desde las cintas que transportan las aves de corral vivas hasta las básculas que pesan los animales sacrificados y deshuesados.

"Era un padre increíble", señala su hija Evelín, de 21 años, también citada por Vice, quien trabaja como secretaria en otra planta de pollos de Peco.

"Siempre ha sido la persona que hace esa llamada telefónica todos los días para asegurarse de que estoy bien, de que mi hermano está bien o mi hermana", recuerda Evelín.

Los otros dos hijos de la familia son Jennifer, de 24 años, y Darby, de 11.

Un antecedente lo expulsó del país

Después de la inmensa redada de 2019, la mayoría de los 680 trabajadores de las plantas avícolas fueron puestos en libertad, porque tenían familias en Estados Unidos y una hoja limpia de antecedentes criminales.

No era el caso de López. En su expediente figuraba una deportación anterior, 22 años atrás, cuando trabajaba en otra fábrica de procesamiento de pollos. Sin embargo, regresó a EEUU con lo que calificaba ya para un delito federal.

De nada sirvió ni siquiera la declaración del juez federal Carlton Reeves en la audiencia de sentencia de López, cuando dijo que López "es el tipo de buen vecino que quiero tener en mi barrio", según el reporte de Vice.

A pesar de que su familia pagó una fianza de 10,000 dólares, su abogado no tuvo tiempo de rescatarlo. Los agentes de ICE lo habían trasladado a un centro de detención de inmigrantes en Louisiana.

Después de tres meses, el guatemalteco se declaró culpable de haber entrado ilegalmente con lo cual se exponía a su deportación automática. Pero la otra opción era seguir tras las rejas.

En julio de 2020, 11 meses después de ser detenido en la mega redada, López fue deportado a Guatemala.

El último mensaje

En su país de origen, López se dedicó a pasar horas en la iglesia que ayudó a construir enviando dinero desde EEUU y a cuidar a su padre de 94 años. Todos los días hablaba por teléfono con sus familiares.

Aunque conocía los peligros de intentar nuevamente entrar ilegalmente en Estados Unidos, el 12 de enero se unió al grupo de migrantes que se dirigía al norte en dos camioneta todoterreno, guiadas por 'coyotes' (traficantes de personas).

Durante el trayecto se mantuvo en contacto con su esposa y con su hija a través de llamadas de voz y mensajes de texto. Ya cerca de la frontera con EEUU, la mañana de la masacre, el 22 de enero, le envió un mensaje a su hija Evelín poco después de las 7 de la mañana para decirle que estaba cerca del río Grande.

"¿Dónde?", le preguntó ella, pero nunca recibió respuesta. Fue la última vez que la familia supo de él.

Los restos del guatemalteco siguen en una dependencia forense en México, junto con las otras 15 víctimas de Guatemala. Las autoridades de ambos países han prometido agilizar su devolución a las familias. Pero los López todavía no han recibido ninguna notificación.

Loading
Cargando galería
Comparte

Más contenido de tu interés