Ciudadanía

"Fue bastante difícil porque no sé leer ni escribir": es analfabeto y vive en su auto, pero logró hacerse ciudadano

A pesar de varios obstáculos que se le han presentado en la vida, el salvadoreño Israel Meléndez no renunció a su objetivo de naturalizarse en este país. Jamás había estudiado nada y aún así pudo memorizar todas las preguntas para el examen de ciudadanía estadounidense.
27 Mar 2019 – 8:37 PM EDT

Un funcionario migratorio le entregó este martes a Israel Meléndez el papel que añoraba tener desde hace varios años: el certificado de ciudadanía estadounidense. Este migrante salvadoreño de 75 años solo vio garabatos en la cartulina de naturalización, porque no sabe leer ni escribir.

Meléndez, quien ha pasado más de la mitad de su vida en este país, tenía todo en contra para obtener ese estatus legal. Los últimos meses ha dormido en su auto y, cuando mejor le va, en el sofá de algún amigo. Vive solo, camina apoyado de un bastón por una dolencia en la pierna izquierda que le impide trabajar y no escucha bien. La visión también le falla, aunque hace poco consiguió unos anteojos.

El salvadoreño enumera cada unos de estos obstáculos tratando de ser un ejemplo para los residentes permanentes que se niegan a dar el siguiente paso. "Fue bastante difícil porque no sé leer, no sé escribir. Todo se me olvidaba y apenas el día siguiente venía recordando (lo que le preguntaban)", contó a Univision Noticias unas horas antes de acudir a su ceremonia de naturalización en la ciudad de Ontario, California.

El esfuerzo que hizo Meléndez no es poco: tuvo que memorizar cada aspecto relevante de la historia y el sistema político de EEUU sin tener un escrito en el cual repasar. Todo tenía que grabárselo de memoria, por lo que por mucho tiempo solo retenía unas respuestas y olvidaba otras.

Era la primera vez que tenía que estudiar algo. Por eso su proceso fue largo, comenzó en 2017 y hasta el pasado 21 de diciembre se animó a tomar el examen. No lo pasó.

"Me costó, había cosas que no sabía. Me hicieron preguntas que no sabía. Me quedé ahí pensando: ‘¿qué será? ¿qué será?’", recordó su primera falla al ser entrevistado en lo que recuerda como una intimidante oficina, la del Servicio de Ciudadanía e Inmigración (USCIS) en el centro de Los Ángeles. "No sabía los nombres, nada. Fallé varias veces, me hicieron preguntas que yo no había oído", agregó.

Pero no se dio por vencido. Volvió a repasar las 100 preguntas del examen de ciudadanía con la ayuda de la Coalición por los Derechos de los Inmigrantes (CHIRLA), que lo guio y hasta pagó los 725 dólares del costo de su trámite. Este 5 de marzo él regresó a tomar la prueba y finalmente la pasó.

Casi se queda a medio trámite porque no tiene teléfono. Cuando le notificaron que debía acudir a una cita para registrar sus huellas digitales, quienes lo estuvieron ayudando en este proceso tardaron una semana para poder contactarlo pues solo tenían el número telefónico de un familiar.

"Lo pasé yo, pasé la ciudadanía y voy a juramentar", exclamó alegre. "Alguien que sabe leer, escribir y hasta habla inglés, dice: ‘no voy, me van a sacar de aquí’. Yo les digo: ‘anda, no tengas miedo ¿Qué te pueden hacer?’", aconsejó este hombre a quien hay que hablarle en voz alta por su problema auditivo.

Más migrantes buscan la naturalización

Agitar una pequeña bandera estadounidense ha sido un alivio para este hombre que en los últimos años ha pasado una serie de penurias. La primera le ocurrió poco después de que se retiró de una empresa de estacionamiento en Beverly Hills en la cual trabajó 25 años. Buscando otro empleo le vino una dolencia en la pierna izquierda que fue empeorando y se vio obligado a quedarse en casa.

Un día le llegó incompleto el cheque de su pensión y falló en el pago del alquiler de su apartamento. No se lo perdonaron. "Llegó el dueño del edificio y me dijo: ‘vengo a pedirte que te vayas, te doy tres días’".

"Terminé viviendo en mi carro porque me sacaron del apartamento", dice este centroamericano, quien considera quedarse en la calle como una de las experiencias más duras que ha pasado.

"Estar en la calle es difícil, porque la gente se te queda viendo, como pensando: ‘mira cómo está este’. Yo no les respondía nada, nomás los veía", comenta.

Meléndez, quien en 1980 dejó su empleo como conductor de autobuses en El Salvador para emprender un viaje hacia el norte, ni siquiera tuvo disponible el auto en el que duerme para acudir a su ceremonia de juramentación. Se le descompuso hace poco y no tiene dinero para repararlo.

Él y otras once personas que también recibieron ayuda de la organización CHIRLA fueron al evento del USCIS este martes usando el servicio pago de transporte Lyft.

Bethzy García, representante del departamento legal del grupo, dice que Meléndez debe ser visto como un modelo de lucha incansable en medio de las penas. "Es un ejemplo de perseverancia, de que no se debe permitir que las cosas en contra eviten que se logre un sueño", reflexionó.

Esta organización, cuyas oficinas en el oeste de Los Ángeles siempre están llenas como muestra de las necesidades de servicios que tiene la comunidad migrante, ha experimentado un reciente aumento en la cantidad de personas que tratan de naturalizarse.

Lo atribuyen a la retórica del presidente Donald Trump. Antes de su gestión, CHIRLA atendía entre 500 y 600 procesos de ese tipo al año. Pero solo en 2018 registraron más de 2,000 solicitudes de ciudadanía. El grupo más grande tiene entre 50 y 62 años, son originarios de México y de El Salvador, y se legalizaron a través de la Amnistía migratoria establecida a mediados de la década de 1980.

"Hemos visto mucha gente que tiene 20 o 25 años con la residencia y ahora quieren hacerse ciudadanos", dijo García. "No tenían miedo de que les pudiera pasar algo siendo residentes, pero ahora dicen que es la única manera de sentirse protegidos, o comentan que tienen familiares indocumentados que quieren ayudar", agregó ella.

Meléndez dice que él se animó para "vivir mejor", "andar libremente" y viajar a su pueblo, al que no ha regresado desde hace mucho tiempo. Alla están sus cuatro hijos.

Dice que también le motivó poder elegir al presidente de este país. Cuando se le cuestiona si su proceso de naturalización está ligado al polémico mandato de Trump, él mide sus palabras. "Esa pregunta está difícil. ¿Cómo hiciera para contestártela? No quiero lastimar a nadie", dice con una amable sonrisa.

En fotos: La historia que comienza para los nuevos ciudadanos estadounidenses en una ceremonia de naturalización

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Servicio para solicitudes de ciudadanía

Si quieres más información sobre este servicio que ofrece CHIRLA para ayuda con el proceso de naturalización, puedes ir a sus oficinas o llamar:

2533 W. 3rd St, Los Ángeles, California, 90057
Teléfono: (213) 353-1333

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