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En Primera Persona

"Tuve que despedirme de mi bebé al momento de nacer. No quiero que otras mujeres pasen por ese sufrimiento"

Cuando tenía 12 semanas de gestación del que iba a ser su primer hijo, Aurora supo por los médicos que su bebé no sobreviviría debido a sus malformaciones. Sin embargo, la ley del aborto vigente en Costa Rica le obligó a seguir adelante con su embarazo. La mujer llevó su caso a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y cuenta su historia en primera persona.
27 Jul 2018 – 8:13 AM EDT

SAN JOSÉ, Costa Rica. - "Yo no me llamo Aurora, pero me escondo bajo ese nombre por seguridad y porque no quiero ser yo la importante. Solo quiero que ninguna mujer pase lo que yo pasé aquel 30 de diciembre de 2012 cuando tuve que despedirme de mi bebé antes de que naciera y muriera inmediatamente, como me habían advertido los médicos.

El bebé venía con el síndrome abdomen pared. Yo lo sabía desde la semana doce del embarazo, pero nos obligaron a prolongarle la vida dentro de mí y a sufrir ambos. Los doctores me habían dicho que él no iba a tener sufrimiento, pero los documentos decían otra cosa y yo sabía lo que iba a pasar. Si hubieran interrumpido el embarazo, mi bebé no hubiera muerto ahogado en meconio, como murió después de pasar todo el embarazo presionado por mis órganos y mucho tiempo sin líquido amniótico.

Habría sido todo menos cruel si me hubieran hecho una interrupción, si me hubieran dejado acceder a lo que permite la ley en Costa Rica, pero la falta de reglamentación del aborto terapéutico hace que eso sea una cuestión de suerte. Yo no tuve esa suerte, ni mi bebé, que sufrió mucho porque su sistema nervioso estaba intacto.


Ese día, cuando yo rompí fuente, vi que me salía un líquido verdoso y una amiga médico me dijo que me fuera para el hospital de Cartago, mi provincia. Ahí llegué y tuve que quedarme en una sala con mamás pariendo y escuchando a los bebés dar ese llanto que significa vida. Entonces yo me puse la mano en el vientre y le hablé al mío. Le dije: "Tenga paz, tranquilo, ya vamos a terminar". Yo me tuve que despedir de él ahí y le prometí que mamá iba a estar bien. Le dije que tenía que descansar, que ya había sido muy fuerte y me acompañó todo el tiempo que pudo. "Ahora vaya descanse, gracias por haber estado conmigo todos esos meses", le dije. Esa fue mi despedida y solo le pedía a Dios que su carita no estuviera deformada porque quería conocer a mi bebé. Y lo pude conocer, muerto y sufrido, pero lo pude conocer. Ahora yo cierro los ojos y veo esa imagen que me da fuerza para seguir en el proceso internacional en la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) y que se obligue a Costa Rica a aplicar los abortos terapéuticos, cuando está en riesgo la salud de la madre.

Ese fue un embarazo muy duro, deprimida y disimulando la pancita. Sabiendo que él iba a morir apenas naciera y que iba a sufrir mucho. Por eso yo no me tomé los medicamentos ansiolíticos y antidepresivos, sustancias que no le recetan a madres con un feto sano pero sí a mí porque de por sí mi bebé iba a morir, como me decían los médicos. No me las tomé porque leí que esas sustancias le provocaban sufrimiento. Fue una tortura todo el embarazo y tener que esperar hasta el final para poder irlo a enterrar. Ni siquiera supimos su sexo, pero pensamos que era un varoncito y le pusimos “Emmanuel”. Tiene un espacio en mi corazón y es mi primer bebé, mi primer hijo, mi fuerza y mi motor para luchar porque muchas mujeres no tengan que pasar lo que pasamos en mi familia.

Pasé mucho tiempo deprimida, sin trabajar, sin estudiar y sin salir de la casa. Me preguntaba si tenía sentido vivir así. Me deprimí mucho, pero siempre supe que debía comenzar esta denuncia internacional para que se respeten los derechos humanos en este país que se jacta de ser muy respetuoso. Es duro, pero necesario. He escuchado a gente decir que yo quería matar a mi bebé, que quería deshacerme de él, pero le juro que yo sería feliz de tenerlo conmigo. Ya tendría seis añitos. Yo solo quería evitarle a él esa muerte que tuvo, esa agonía en el momento en que se supone debía empezar la vida.

Sería feliz ahora de tener a mis dos hijos, porque después yo pude ser mamá. Habían pasado poco más de dos años cuando volví a quedar embarazada y para mí fue terrible. Yo soy creyente, cristiana evangélica, y le dije a Dios que ya me había hecho pasar una tragedia, que por favor no me pusiera ante eso por segunda vez. Todo fue muy tenso porque para mí era revivir el primer embarazo. Yo tenía pavor, pero por dicha ella venía muy bien. Recuerdo que cuando nació tenía la carita parecida a la de su hermano. La gran diferencia fue que esta vez yo escuchaba el llanto de una recién nacida y sí era el de mi bebé.

Ahora ella tiene tres años y creo que tiene tanto sentido como antes seguir con el proceso internacional por todo lo que el Estado me obligó a pasar a mí y a otras mujeres a quienes han negado el aborto terapéutico. Lo hago por mí, por mi Emmanuel y por mi niña, que es mujer, y no quiero que ella pase por esto, ni ninguna otra mujer. Creo que la gente entiende esto, aunque no están de acuerdo con el aborto de un bebé sano. Siento que hay mucha confusión y manipulación de parte de dirigentes que no son verdaderos cristianos y solo buscan seguidores para llegar sus arcas.

Todo lo que se necesita es que el Gobierno firme los reglamentos o un protocolo para aplicar esa ley y que no sea una cuestión de suerte. No puedo aceptar que me digan que por cuestiones políticas no se puede hacer eso, como dicen ahora . En el gobierno pasado, con el presidente Luis Guillermo Solís, llegamos a un arreglo de que suspendíamos el proceso en la CIDH porque él iba a firmar esos reglamentos, pero no lo hizo; nos hicieron perder el tiempo a mí y a “A.N”, otra mujer que pasó lo mismo que yo y que también está dando la lucha. Después vino la campaña política y yo voté por Carlos Alvarado, que hablaba de la necesidad de hacer aplicable el aborto terapéutico y ahora vemos que sus mensajes son diferentes.

Yo le dije a mi abogada que no más acuerdos. La única manera de que yo le acepte un acuerdo con el Gobierno es viendo de frente al presidente firmar. Seguiré en el proceso internacional, aunque dure 20 años en llegar a la Corte Interamericana de Derechos Humanos, donde seguro nos darán la razón. Lo lamentable es que mientras tanto habrá muchas mujeres que podrían pasar por lo mismo en todo este tiempo.

Las palabras de Aurora fueron recogidas y redactadas por el colaborador de Univision Noticias en Costa Rica, Álvaro Murillo.


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