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En Primera Persona

¿Puede el Estado obligar a mi hijo, un jovencito musculoso, de pelo corto y camiseta, a entrar al baño de las niñas?

Elvira Díaz, una activista por los derechos de los inmigrantes en EEUU es abanderada de otra causa: los derechos de los transgéneros. Desde los 4 años, su hijo Cristian mostró inconformidad con el género femenino con el que había nacido. Esta es una sentida reflexión sobre lo que significará para su hijo no poder ir al baño del género con el que se identifica.
24 Feb 2017 – 11:43 AM EST


Mi hijo no iba al baño en el colegio. Entraba muy temprano en la casa y luego regresaba de la escuela con la vejiga que se le iba a estallar. Como estaba en su fase de transición de ser niña a ser niño, de dejar atrás a Jessica, para convertirse en Cristian, —nombre que él mismo eligió—, los maestros lo enviaban al baño de la enfermería y como él no quería ir a un baño diferente, prefería aguantar. Aguantar esa pulsión natural, ese derecho mínimo de ir al baño.

Gracias a una ley, que lamentablemente acaba de echar abajo el presidente Donald Trump, Cristian, mi hijo, pudo reclamar en su colegio el derecho a ir al baño del género con el que él se identifica.

Para los transgénero esta es una decisión fundamental para poder asumirse como verdaderamente son. La comunidad transgénero suele tener una cierta aversión o miedo al género con el que nacieron genitalmente, por eso ir al baño de los hombres era tan importante para Cristian, porque ahí, cada vez que salía de clase y corría a hacer pipí reafirmaba para sí mismo y para los otros su identidad de género.


El camino de acompañar a un hijo transgénero no ha sido fácil, pero sin duda las leyes que en diferentes estados se han ido implementando han ayudado a hacernos la vida más llevadera. Yo tuve que mudarme cuatro veces de vivienda, porque cada vez que la casera se enteraba de que mi hijo estaba transicionando de género me hacían ir.

Ahora, con la Ley de Acomodación Pública nadie puede sacarme de un departamento por el género de mi hijo, a él tampoco le pueden quitar un trabajo por su género, gracias a otra ley, pero ahora, lamentablemente, su derecho natural a ir al baño, ese que es como comer o tomar agua, está a merced de las leyes de cada estado, una vez que la ley federal ha sido echada abajo.

A mucha gente le cuesta entender mi situación y todo el tiempo nos están juzgando desde la moral, pero cuando mi hijo tenía cuatro años y una noche en la que le orábamos a Dios le pidió que si lo podía oír le trajera un pene, yo entendí que su espíritu verdaderamente era el de un niño, no el de una niña como lo decía su cuerpo y que yo tenía que ayudarlo en su camino por descubrir y ser lo que realmente era.

Mi hijo ahora tiene 12 años, lleva el pelo más corto y viste ropa de niño y nadie podría percatarse de su género biológico. ¿Voy a obligar a este jovencito de músculos y camiseta que juega baloncesto en el colegio a que entre al baño de las niñas? ¿Puede el estado obligarlo? Hoy, todos deberíamos ir al baño del género contrario, solo para poder entender la incomodidad y lo que van a tener que sentir todos los niños transgéneros que se vean obligados a usar el baño del género que no son.


Angélica Gallón realizó la entrevista y el trabajo de edición de esta historia.

Vea también:
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