Elecciones 2016

Los cinco errores de Matt Lauer: por qué fracasó el moderador del foro presidencial

El periodista de la NBC usó un doble rasero con los candidatos, dejó que Trump mintiera sobre Irak y Libia, no le presionó sobre la inmigración , mientras fue muy incisivo en el tema de los mails de Hillary Clinton.
8 Sep 2016 – 9:54 AM EDT

El foro de los veteranos fue la primera oportunidad de ver en acción en el mismo escenario a Donald Trump y Hillary Clinton. Pero al final del programa todas las miradas se volvieron hacia el presentador Matt Lauer, al que muchos espectadores criticaron por interrogar con dureza a la candidata demócrata y hacer preguntas facilonas a su rival.

No es la primera vez que voces progresistas critican la equidistancia de los periodistas durante la campaña. El profesor Jeff Jarvis lo hace desde hace meses en su blog y en su perfil de Twitter, mientras que el columnista y premio Nobel de Economía Paul Krugman lo hizo esta misma semana en su columna del New York Times.

Esta vez las críticas fueron más lejos. No sólo por la importancia del evento, el primero en el que los dos candidatos se enfrentaban a una audiencia masiva sobre el mismo escenario con unos minutos de diferencia. También por la extraña conducta del presentador, que no actuó como un árbitro imparcial.


Lauer se comportó como un inquisidor con la candidata demócrata y como un anfitrión amable con su rival, al que dejó que mintiera en varios momentos de la entrevista sin recordarle lo que había dicho en el pasado ni repreguntar. A continuación expongo los cinco errores más graves del presentador del primer foro presidencial.

1. ¿10 minutos para los emails?

La polémica en torno a los correos electrónicos de Hillary Clinton es relevante y merece la pena detenerse en ella. Lo que no tiene sentido es dedicarle casi la mitad del tiempo de la candidata demócrata en un foro cuyo foco era la seguridad nacional.

Lauer formuló hasta seis preguntas sobre el asunto durante los primeros minutos del programa y su interrogatorio pudo crear en un espectador poco informado la impresión de que Clinton tenía algo que esconder.

En julio pasado, el director del FBI James Comey, al presentar el informe de su oficina sobre la investigación del caso, criticó a la candidata por su uso “descuidado” del correo electrónico pero la exoneró de cualquier responsabilidad criminal. La insistencia de Lauer ofreció una impresión engañosa y pudo confundir al espectador.

2. Dejó a Trump mentir sobre Irak

Al principio de su conversación con Lauer, Trump dijo que se había opuesto a la invasión de Irak. Cualquier persona que haya seguido la actualidad a fondo en los últimos meses sabe que es una afirmación falsa pero su anfitrión no la refutó. Dejó que el candidato ofreciera una impresión errónea sin recordar que no estaba diciendo la verdad.

Este artículo del Washington Post explica lo que dijo Trump sobre Irak y cuándo lo dijo y recuerda que se pronunció a favor de la invasión durante una entrevista con Howard Stern en septiembre de 2002. Esas palabras no las recordó Lauer durante la entrevista. Tampoco recordó que Trump se había pronunciado a favor de atacar Libia. Una guerra que ahora presenta como la prueba del mal criterio de su rival.


¿Por qué importa Irak 13 años después? Porque Trump lo utiliza a menudo como un arma arrojadiza en sus eventos de campaña. Decir que se opuso a la invasión le ofrece un elemento de contraste con su adversaria, que votó a favor de la guerra en el Senado y reconoció después que había cometido un error.

Clinton advirtió casi al final de su entrevista que su rival intentaría falsear su postura inicial sobre la invasión de Irak y eso fue lo que hizo. Lauer no cumplió con el compromiso más importante de un periodista: recordarle a un político que no está diciendo la verdad.

3. Un Trump a su aire

Algunos observadores apuntaron que la actitud pasiva de Lauer ofreció alguna ventaja. Al no adoptar un tono agresivo, dejó que Trump expusiera en detalle ideas peregrinas sobre la influencia de los generales, su relación con Putin o el petróleo en Irak.

El problema es que no todos los espectadores están igual de informados. Sin un interlocutor crítico, muchos pueden creer declaraciones que no tienen sentido y formarse una idea errónea de la realidad.

Trump presentó a los generales como cargos de libre designación a los que podía contratar o despedir, insinuó que los servicios de espionaje no estaban contentos con Barack Obama y sugirió que enviaría tropas a tomar el control de los pozos petrolíferos de Irak. Ninguno de esos tres argumentos tienen sentido pero su anfitrión no los rebatió.

No es algo que ocurriera sólo con Trump: al escuchar a Clinton decir que nunca enviaría tropas terrestres a Irak o Siria, Lauer no le recordó que un contingente ya opera allí desde hace meses. Pero la actitud mucho más benévola durante la entrevista con el candidato republicano y en ningún pasaje fue tan evidente como cuando la conversación giró en torno a Vladimir Putin.

Trump elogió el índice de popularidad del presidente ruso, comparó la unidad de los rusos con la división que reinaba en Estados Unidos y se negó a condenar movimientos como la invasión de Ucrania o la anexión de Crimea con esta frase: “¿Quiere que nombre algunas de las cosas que hizo el presidente Obama?”.

Lauer no interrumpió a Trump para recordar el historial delictivo del Kremlin. No mencionó los asesinatos de periodistas ni la violencia contra los homosexuales ni los ciberataques contra los demócratas que investiga desde hace meses el FBI. No fue un momento bueno para Trump pero tampoco para el presentador, que no ofreció el contexto necesario sobre Putin cuando era necesario para el espectador.

4. Ni palabra sobre McCain ni Khan

El evento se había presentado como un foro dirigido a los veteranos pero Lauer no hizo una sola pregunta sobre dos asuntos importantes y relacionados con este grupo de la población: sus palabras despectivas sobre John McCain y su polémica con los padres del capitán Umayun Khan.

El candidato republicano, que pidió cinco prórrogas para no tener que combatir en Vietnam, puso en duda hace casi un año que el senador republicano fuera un héroe de guerra.

Unos días después de la convención demócrata, se encaró con los padres de un capitán condecorado con el Corazón Púrpura después de morir en Irak para salvar la vida de los miembros de su unidad.

Eran dos asuntos sobre los que Trump no ha ofrecido todavía una disculpa y que son importantes para saber cuál es su actitud hacia los veteranos pero el presentador no le preguntó por ellos.

5. ¿Papeles para los indocumentados?

Una veterana preguntó a Trump si dejaría vivir de forma legal en Estados Unidos a un indocumentado que hubiera servido en el Ejército. Era una pregunta magnífica después de los vaivenes del candidato sobre inmigración y el candidato ofreció una respuesta confusa que pedía a gritos una aclaración.

“Si uno sirve en las fuerzas armadas, es una situación especial y puedo verme a mí mismo pensando en una solución”, dijo Trump antes de añadir: “Si tienen pensado servir en el Ejército, si planean hacerlo, por supuesto que dejaría quedarse a esas personas. Tenemos que tener mucho cuidado y examinar muy bien a cada uno. Todo el mundo estaría de acuerdo con eso. Pero la respuesta es que sería una circunstancia muy especial”.

¿Por qué Lauer no preguntó al candidato qué quería decir con esa respuesta? ¿Estaba a favor de regularizar a los indocumentados que sirvan en el Ejército? ¿Durante cuánto tiempo deberían servir para lograr esa regularización? Si llegara a la Casa Blanca, ¿abriría una vía a la ciudadanía a los indocumentados que estuvieran dispuestos a entrar en el Ejército? ¿O les ofrecería en cambio un permiso de residencia temporal?

Trump no se vio obligado a responder ninguna de esas preguntas porque no se las hizo su interlocutor, que interrogó en cambio a su adversaria sobre un asunto que es menos importante y que no tiene efectos concretos sobre la vida de millones de personas.

Moderadores: ¿misión imposible?

La polémica en torno al foro refleja hasta qué punto será difícil gestionar los debates presidenciales que se avecinan con un candidato tan heterodoxo, tan desenvuelto y tan dispuesto a no decir la verdad. Chris Wallace, que moderará el último duelo, dijo hace unos días que no creía que entre sus funciones estuviera desmentir a los candidatos si no decían la verdad.

Esas palabras reflejan una fuerte tensión entre quienes creen que un moderador debe ser un árbitro invisible y quienes piensan que su misión es señalan a quienes no dicen la verdad.

¿Influirá la experiencia de Lauer en su colega Lester Holt a la hora de moderar el primer cara a cara entre los candidatos? ¿Crearán las críticas al foro de los veteranos un escenario menos propicio para Trump?

Es pronto para saber hasta qué punto influirá el doble rasero del foro en lo que queda de campaña. Por ahora ha logrado algo insólito: que por una vez el protagonista no sea Trump.

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