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Crisis en Venezuela

Guaidó le habla a los militares y sus familias para lograr la transición en Venezuela

Mientras Nicolás Maduro sigue contando con el apoyo de las Fuerzas Armadas, el jefe del Parlamento juramentado presidente interino de Venezuela apela a la razón y el corazón para ganarse el apoyo de los militares y sus familias: “Esta es una acción civil no violenta sin precedentes (...) Estamos estrechando manos”.
27 Ene 2019 – 01:22 PM EST
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El presidente interino de Venezuela Juan Guaidó acudió este domingo a una misa en Caracas. Crédito: Carlos Garcia Rawlins/Reuters

Caracas, VENEZUELA.- Juan Guaidó impulsa una Ley de Amnistía que busca socavar el último pilar que sostiene a Nicolás Maduro en el palacio de Miraflores: las Fuerzas Armadas de Venezuela. Mientras el líder del régimen chavista cuenta con tanques y bayonetas, el jefe del Parlamento juramentado presidente interino de Venezuela apela a la razón y el corazón para ganarse el apoyo de los militares y sus familias.

A falta de tropas a las que dictar órdenes, Guaidó solicitó a los ciudadanos imprimir la Ley de Amnistía, leerla y entregarla a los oficiales este domingo 27 de enero. “Esta es una acción civil no violenta sin precedentes. Se pueden reunir en pequeños grupos y acercarla (la ley) a la comandancia cercana, a la alcabala cercana a la casa, en pequeños grupos, no vayan a utilizar de excusa que estábamos haciendo una afrenta, no señor, estamos estrechando manos”, aclaró el dirigente opositor.

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Aunque el Parlamento lo declaró usurpador del cargo de Presidente de la República y las democracias occidentales –encabezadas por Estados Unidos y la Unión Europea– consideran ilegítimo su gobierno, Maduro sigue en el poder por el respaldo de la Fuerza Armada. Para forzar una transición democrática, Guaidó se juramentó presidente interino este 23 de enero y ya ha sido reconocido por Washington y unos 50 países. Sin embargo, los militares, devenidos árbitros de la política venezolana, impiden el cambio al mantenerse leales al régimen chavista.

La alianza entre Maduro y la Fuerza Armada se ha puesto a prueba en las últimas horas. El lunes 21 de enero, un grupo de 27 efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana protagonizaron una sublevación que fue rápidamente sofocada en un destacamento de Caracas. Los voceros del chavismo relacionaron este hecho con la Ley de Amnistía, diciendo que la oposición “engañaba” a los soldados ofreciéndoles “villas y castillos”.

El acercamiento entre las partes no es fácil. En Petare, barrio popular del este de Caracas, un soldado de la Guardia Nacional Bolivariana quemó la Ley de Amnistía ante la atenta mirada de sus superiores. En La Casona, residencia oficial del Presidente de la República, tomaron el documento y lo rompieron en pedazos. En contraste, un comisionado de la Policía Nacional Bolivariana en La Carlota, urbanización del este de Caracas, se comprometió a leer el texto para formarse su propia opinión desde una perspectiva "institucional".


El sábado 26 en la tarde, el agregado militar de Venezuela en Washington, coronel José Luis Silva, manifestó al diario El Nuevo Herald de Miami que se separaba de Maduro y reconocía a Guaidó como presidente legítimo de Venezuela. “Mi mensaje es a todos los militares, a todos los que portan armas, que por favor no ataquemos al pueblo”, demandó Silva, oficial de la Guardia Nacional Bolivariana.

Versiones extraoficiales aseveran que la Guardia Nacional Bolivariana –fuerza clave para el control del orden público– no ha querido participar de lleno en la represión de las protestas que comenzaron el lunes 21 de enero y que ya suman 28 asesinados, según el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social y Provea. El mayor peso de la violencia recaería en estos momentos en la Policía Nacional Bolivariana.

La Ley de Amnistía promovida por Guaidó subraya que “se concederán todas las garantías constitucionales a favor de los funcionarios civiles y militares que colaboren en la restitución de la democracia”, y agrega que “los militares y policías que contribuyan al restablecimiento del orden democrático podrán reinsertarse en la vida democrática del país”. El texto ha generado críticas entre algunas organizaciones de Derechos Humanos que advierten que los crímenes de lesa humanidad no pueden ser objeto de perdón, pero los diputados han respondido que los violadores de DDHH no recibirán beneficios.

Nueva visión

“Nuestra relación con las Fuerzas Armadas y los organismos de seguridad han sido muy ásperas, han sido de persecución”, reconoció Guaidó, quien ahora intenta cambiar esta realidad y enfoca su discurso hacia los rangos medios y bajos de la institución. Su esposa Fabiana Rosales, una comunicadora social de 26 años de edad, ha grabado mensajes que se difunden en las redes sociales dirigidos a las “madres, hijas y esposas de la familia militar”.

En su primera intervención como presidente del Parlamento, Guaidó relató que siendo niño entró al Ministerio de Defensa de la mano de su abuelo, un capitán de navío de la Armada venezolana. “Este llamado a la lucha es para todos los ciudadanos que sientan que esta miseria no puede ser la única forma de vivir, incluidos los militares, que también son ciudadanos y padecen los mismos problemas que cualquier venezolano, cuyos sueldos no dan para vivir dignamente”, resaltó ante la Cámara.

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“En estos momentos es fundamental el acercamiento con el sector militar. Esta acción hay que interpretarla como algo políticamente legítimo, entendiendo que por varios años se quiso divorciar el mundo militar de la sociedad en general”, explica el abogado Alonso Medina Roa, miembro de la Coalición por los DDHH y la Democracia.

La cúpula de la Fuerza Armada Nacional se identifica públicamente como “chavista” y “socialista”, pese a que la Constitución venezolana indica expresamente que la institución no puede tener militancia política ni estar al servicio de “persona o parcialidad política alguna”. Además, tras la muerte del comandante Hugo Chávez incorporaron el lema de “¡Chávez vive!” en sus actos.

Roa defiende en los tribunales a oficiales militares y policiales acusados de rebelión. Desde esa experiencia, apunta que “la institución castrense sufre una especie de secuestro político, hemos visto cómo la simbología del partido de gobierno se confunde con la simbología de la Fuerza Armada. Es necesario hablarles a los soldados, es importante que se sepa la realidad de la tropa profesional, de los oficiales subalternos y superiores, pero también es necesario que los soldados sepan cuál es la nueva visión del sector político”.

El experto legal estima que conectar a civiles y militares alrededor del debate sobre la Ley de Amnistía es un acierto de Guaidó. “Es una forma de romper con ese tabú que han querido imponer sobre el tema militar. La oposición venezolana necesita conectarse con los militares democráticos”, enfatiza.

Romper el aislamiento

La abogada Rocío San Miguel, directora de la ONG Control Ciudadano, afirma que “Guaidó ha inaugurado un nuevo relacionamiento de diálogo con la Fuerza Armada desde la oposición y eso es muy positivo”. Opina que “es importante el esfuerzo en la dirección de pedir a la gente que explique el contenido y alcance de la Ley de Amnistía. Pero hay una tarea que no se ha hecho a esta hora: desagregar los modos, las ideas mediante las cuales los militares pueden empezar a colaborar”.

“A pesar de ser tan breve su contenido, pues apenas tiene 6 artículos, es importante la narrativa que desde la Asamblea Nacional y factores democráticos de la oposición se desarrolle sobre la Ley de Amnistía, para hacerla creíble en la institución militar. Por cierto, institución que es un ‘sector isla’, donde es impensable a esta hora que algunos de sus miembros con dudas sobre su contenido puedan acceder a algún tipo de explicación”, recalca San Miguel.


Recordando los casos del levantamiento de los 27 militares de la Guardia Nacional Bolivariana y la declaración del coronel Silva, la analista de temas militares asevera que “cabe esperar más” pronunciamientos militares en los próximos días, razón por la cual Guaidó y el Parlamento tienen que definir claramente cuál es el camino que deben seguir los oficiales para contribuir con la transición. “Hay un desafío en desarrollar rutas y respuestas posibles para que esto pueda ser efectivo”, finaliza.

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