null: nullpx
CityLab Vivienda

Luego de la tragedia, Oakland debe enfrentar su crisis de vivienda

El devastador incendio en un galpón ha dejado claro que la ciudad no ha logrado apoyar a su comunidad artística.
Logo CityLab small
5 Dic 2016 – 06:28 PM EST
Comparte
Un lugar de homenaje a los fallecidos en las inmediaciones de lo que quedó de Ghost Ship, en Oakland. Crédito: Elijah Nouvelage/Getty Images

El viernes 2 de diciembre, un intenso incendio destruyó un galpón en el centro de Oakland. Conocido como Ghost Ship (El Barco Fantasma), el lugar era hogar de alrededor de 25 artistas y creativos. Esa noche, este abrió sus puertas a docenas de personas para un concierto.

Luego de que el show comenzara, las llamas surgieron del fondo del edificio. Nadie sabe aún cómo comenzó el incendio, pero este se expandió rápidamente. El interior de Ghost Ship era un laberinto de madera e improvisados pasillos, con materiales de arte y muebles antiguos en cada esquina. La gente se amontonó para escapar, pero solo habían dos salidas. Los llantos se mezclaron con la música que ponía el DJ.

Desde el viernes, la lista de fallecidos ha ido aumentado y ha pasado las 30 personas. Un puñado de asistentes al evento aún están perdidos y la policía cree que tomará días buscarlos entre los escombros.

El incendio de Oakland es una tragedia por donde se le vea, una pérdida para la comunidad y uno de los peores incendios estructurales que Estados Unidos ha visto en el último medio siglo. Pero, además, es un evento que sucede en medio de la horrorosa crisis de desplazados que está viviendo el área de la bahía de San Francisco.

La gente que vivía en Ghost Ship lo hacía de manera ilegal. El edificio tenía permiso para funcionar como un galpón, pero no como una residencia. Las altas rentas han hecho que la vivienda se más y más inaccesible para la gente de bajos ingresos y el mundo artístico en Oakland, lo que ha acelerado las situaciones de vivienda ilegal, desde personas que residen en contenedores de carga hasta casas hacinadas. Pero, como explicó The New York Times, estos espacios “están sujetos a las mismas fuerzas del mercado que están haciendo olas en el mercado general. Eso ha hecho crecer el poder de los llamados ‘inquilinos principales’, que controlan el arriendo de un edificio y, al menos en algunos caso, hacen dinero subarrendando a artistas en dificultades, que están dispuestos a vivir en condiciones subestándar”.

Luego del incendio, algunos le han echado la culpa a las mismas víctimas. “No puedes hacer una fiesta en un galpón”, dijo un usuario de Twitter. La gente en Ghost Ship debería haber sabido a lo que iba, han dicho otros. ¿Por qué la gente vivía y bailaba en un edificio que no estaba hecho para uno o lo otro?

Quizás porque no tenían muchas opciones. La gente llegaba a Ghost Ship en busca de una comunidad creativa y renta asequible. A cambio, se encontraron bajo el control de un casero negligente con una historia de negar las peticiones de mantenimiento y problemas a la hora de cumplir con las regulaciones de seguridad. Una investigación criminal comenzó al respecto este domingo.

El poco apoyo a la creciente escena artística

Por décadas, Oakland ha mantenido una viva subcultura artística que ha sido eclipsada por su reputación de violencia, pobreza y falta de inversión. Solo cuando los creativos fueron desplazados de San Francisco y comenzaron a desperdigarse por la bahía a comienzos de la década de 2000, su escena artística recibió la atención que merecía. El festival artístico callejero mensual de Oakland, que atrae a alrededor de 20,000 personas cada primer viernes de mes, ha sido citado como un símbolo de la revitalización de la ciudad. Las galerías han comenzado a aparecer en toda la zona.

Mientras la ciudad se vanagloria de estas mejoras –“Oakland es el lugar más cool del planeta”, dijo la alcaldesa Libby Schaaf en 2014–, ha dejado de lado a la gente que está en el corazón de esta cultura creativa. La revitalización en Oakland es sinónimo de las altas rentas, lo que sucede impulsado por el mismo influjo de dinero de la tecnología que echó a los artistas de San Francisco hace quince años. El mercado inmobiliario de Oakland está entre los cuatro más caros de Estados Unidos. De acuerdo al SFGate, el costo de un departamento de una habitación ha subido un 19% el último año. Para alguien intentando sobrevivir como un artista, es una situación cada vez más desesperante.

El incendio en Ghost Ship no solo sucede enlazado a la crisis de vivienda asequible, sino también es un llamado de atención sobre las construcciones sin regulación existentes en la ciudad. Las fiestas en galpones, como el evento en Ghost Ship, han sido un clásico de Oakland y parte de su tejido cultural desde hace años. A principios de los ochenta, cuando Oakland todavía era asequible, la gente solía reunirse en edificios en desuso para transformarlos en espacios de arte y música. “Para muchos de los jóvenes creativos de color en la ciudad, estos recintos subterráneos son vitales: establecen comunidad e identidad cuando los clubes e instituciones artísticas convencionales no les son accesibles”, explicó el medio local East Bay Express. Mientras la ciudad se ha puesto más cara y socialmente estratificada, este tipo de recintos se han vuelto más imprescindibles.

En los últimos años, los desalojos y cierres de espacios clandestinos se han vuelto algo común, a media que los desarrolladores inmobiliarios han encontrado formas más rentables de aprovechar estos edificios. Espacios como Ghost Ship son los últimos que van quedando en este proceso de desplazamiento. La gente que formó una comunidad en este galpón lo hizo para mantener un lugar para ellos, en una ciudad que los ha abandonado, al mismo tiempo que se aporvecha de su capital cultural.

Un camino hacia delante

Todo esto ha hecho evidente que, si Oakland se quiere llamar a sí misma una ciudad de artistas, debe tomar acciones para que siga siendo de esta naturaleza. El camino hacia delante no puede implicar que la ciudad simplemente cierre los galpones y espacios artísticos que crea que son inseguros. No solo eso erradicará la cultura creativa, sino que creará una avenida para que los desarrolladores tomen y aprovechen el espacio para propósitos más rentables, haciendo más difícil la posibilidad de que los artistas sobrevivan en la ciudad.

Oakland debe examinarse y desarrollar una aproximación holística para apoyar a su comunidad. “La ciudad tiene la responsabilidad de mantener a su gente segura”, dijo Sarah Karlinsky, una asesora senior de política en SPUR, una organización activista del área de la bahía de San Francisco. Si la ciudad conoce de edificios en violación del Código de Seguridad, Karlinsky dice que esta debe trabajar con los dueños para obligarlos a que los cumplan y no permitir que estos existan como un secreto a voces, como era el caso de Ghost Ship.

La ciudad además tiene la responsabilidad de ofrecer más vivienda asequible. En esto, al menos, hay esperanzas, de acuerdo a Karlinsky: Oakland ha aprobado recientemente dos fondos separados que sumarán una inversión de 600 millones de dólares para aumentar la oferta de vivienda asequible ( la que sigue siendo escasa).

Mientras la ciudad le da la bienvenida a artistas y creativos, Karlinsky dice es importante que las autoridades se aseguren de que edificios como Ghost Ship tengan buenos administradores. Los organizadores detrás de edificios de artistas podrían participar de entrenamientos de seguridad para garantizar que sus edificios sigan siendo accesibles y operados de manera independiente. “Por la extraordinaria naturaleza de esta tragedia, y su escala, la gente debe abrirse a nuevas ideas”, concluye Karlinsky.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

Comparte
Publicidad