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CityLab Vivienda

El edificio que ofrecerá vivienda asequible y que producirá alimentos en Nueva York

Este híbrido de huerto urbano y proyecto inmobiliario podría ser especialmente útil en una ciudad que justamente necesita construir más departamentos.
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14 Sep 2016 – 12:19 PM EDT

Emily Arden Wells y Zachary Stevens visualizan un paisaje urbano en que los panaderos artesanales se levanten de la cama y trepen en al techo para cosechar arándanos frescos, o lugares en que se pueden arrancar pepinos de una vid y tenerlos remojando en un escabeche en cuestión de minutos. Entonces tanto panecillos como encurtidos se podrían llevar bajo unos tramos de escaleras a un café en la primera planta o bien cargarse en un camión para transportarlos a los mercados.

En respuesta a un reto planteado por el Institute for Public Architecture (IPA, por sus siglas en inglés), Wells y Stevens —el equipo detrás de la empresa arquitectónica Move Matter Architecturecrearon un diseño especulativo que entreteje espacios habitables y áreas zonificadas para llevar a cabo la fabricación ligera de alimentos.

Con el fin de responder a un plan de la ciudad de Nueva York de establecer 200,000 unidades de vivienda asequible, el IPA seleccionó a 11 miembros después de una convocatoria abierta de propuestas. Durante seis semanas este verano, ese grupo de 11 miembros investigó y creó prototipos para ideas en cuanto a arreglos asequibles para espacios de vivienda y trabajo que pudieran incluirse en vecindarios densos sin desplazar a residentes actuales. Un equipo propuso utilizar paquetes de formas raras y otro abogó por incubadoras de empresas pequeñas que se establecerían en varios complejos que administra la Autoridad de Viviendas de la Ciudad de Nueva York.

En su propuesta, Wells y Stevens se centraron en el sector alimenticio, la única industria de la ciudad que ha registrado una mejora a lo largo de la última década. La ciudad ya está invirtiendo en la industria como motor impulsor de la economía. Por ejemplo, el año pasado se invirtieron unos 15 millones de dólares para renovar al Brooklyn Army Terminal Annex, un complejo gigantesco de 55,000 pies cuadrados en Sunset Park, un vecindario en Brooklyn.

La Corporación de Desarrollo Económico de Nueva York colocó al primer inquilino del complejo: un startup que produce aderezos para ensaladas. El edificio ofrecerá cocinas comerciales y servirá de sede para los productores alimenticios de tandas pequeñas, según informó DNAinfo.


Sin embargo, los trabajadores del sector alimenticio a menudo ganan poco y deben estirar bastante sus sueldos si están tratando de inaugurar sus propios negocios. En el libro Forked: A New Standard for American Dining, Saru Jayaraman (investigadora sobre la justicia en la industria culinaria y activista) observó que los empleados del sector alimenticio tienen el doble de probabilidades de usar cupones de comida que las de trabajadores de otros sectores.

El edificio propuesto permitiría a los inquilinos a ir creciendo para llenar espacios de diferentes tamaños (Move Matter).


Los espacios híbridos que permiten habitar y trabajar a la vez podrían aliviar algunas de las dificultades que enfrentan los empresarios cuando tratan de establecerse en la ciudad, según afirman Wells y Stevens. Tener acceso fácil y constante a montacargas, muelles de carga, instalaciones de almacenamiento y estacionamiento para camiones ayudaría a conectar a los profesionales culinarios con las arterias de distribución, dice Wells. Podría surgir la colaboración en torno a compartir comodidades e intercambiar ideas. Las cocinas comunales podrían disminuir la cantidad de tiempo que los aparatos culinarios se quedan sin usarse. Dado que un panadero de pequeñas tandas sólo necesitará sus hornos unas cuantas horas al día “otra persona podría ocupar [al espacio] en otras horas y administrar un negocio totalmente diferente”, dice Wells. Los paletts que una empresa utiliza para importar bienes también se podrían usar para cargar artículos empaquetados que estén listos para distribuirse. Y un ecosistema social podría surgir basado en intercambiar consejos y pericia.

Además, una iniciativa que promueva la densidad parece no cuadrar con una agenda ecológica, según explica Wells. Los consumidores aún tienen una imagen idealizada de las fincas que se encuentran en los alrededores de las ciudades: representan una especie de regreso a las raíces. Pero según explica Wells, el movimiento “locávoro” (personas cuyas dietas consisten mayormente en alimentos producidos o cosechados localmente) podría volverse aun más local si la producción de alimentos se incorporara al tejido urbano. Wells dice que los espacios híbridos también podrían mermar el problema del desperdicio alimenticio, ya que la comida “no está echándose a perder inmediatamente cuando la traes a la casa”.

Mucha de la comida consumida en ciudades se transporta por largas distancias y va perdiendo frescura por el camino. Por ejemplo, un porcentaje de la albahaca consumida en EEUU se transporta desde Israel: se trata de un viaje de 5,700 millas. Cultivar y cosechar cerca del lugar donde se consume el alimento extiende su vida útil. “En lugar de estar en un camión durante una semana, está en tu refrigerador y no se está echando a perder”, dice Wells.

El diseño apilado del equipo —en que la vivienda queda emparedada entre una zona comercial y los espacios de producción— crearía una zona intermedia entre los dormitorios y los muelles de carga. Además, construir los espacios de concreto y tener sistemas eficientes de climatización podría hacer bastante para mitigar cualesquiera derivados desagradables del proceso de producción, dice Stevens.


Granjas en el techo y un núcleo dedicado al cultivo maximizaría el espacio para cultivar alimentos (Move Matter).


Utilizar las áreas exteriores también aliviaría la carga energética que a veces se asocia con las condiciones de cultivo interior. Un espacio en el techo y una configuración de varias plantas en el núcleo medrarían con la luz natural. Por contraste, sistemas complicados basados en iluminación LED o que sean acuapónicos pueden consumir un montón de energíam, a veces puede ser tanto que terminan hundiendo a un negocio. Un reporte del Johns Hopkins Center for a Livable Future (Centro Johns Hopkins para un Futuro Habitable) notó que granjas hidropónicas y acuapónicas en Búfalo y Baltimore tuvieron que cerrar cuando las facturas por el servicio eléctrico crecieron más rápidamente que los ingresos.

Wells y Stevens encontraron inspiración en el Pasona Urban Farm de Tokio, un edificio de oficinas construido hace unos 50 años atrás que ha sido remodelado para tener 3,995 metros cuadrados de espacio verde. Más de 200 especias de frutas, verduras y cereales ocupan el espacio visualizado por Kono Designs. Vides de tomates cuelgan desde el techo y plantas de brócoli brotan del área de recepción, según reportó Deezen. Para hacer espacio para todas las plantas extendidas por todo el edificio, se desviaron todas las tuberías, conductos e instalaciones internas.

Para calcular la posible cosecha de sus espacios de cultivo, Wells y Stevens analizaron datos de una granja de techo en la ciudad de Nueva York y de una operación de cultivo vertical en Newark. Al sumar esas cifras llegaron a calcular una cosecha proyectada de 353,990 libras al año.

Para su propuesta, Wells y Stevens visualizaron demoler los edificios existentes y empezar de nuevo. Pero teóricamente se podrían fortificar algunas estructuras para soportar el peso adicional por pie cuadrado que este tipo de proyecto requeriría. Según dice Stevens, con los edificios más fuertes de Industry City, el Navy Yard en Brooklyn o Chelsea estas operaciones no serían imposibles.

Los arquitectos se encuentran en una posición única cuando se trata de lidiar con asuntos de política de manera creativa, dice Nadine Maleh, directora ejecutiva de IPA. Ella espera que la ciudad esté de acuerdo con esa opinión. A lo largo de este proyecto, los arquitectos consultaron a las agencias de la ciudad. Según dice Maleh, ahora el IPA está tratando de profundizar conversaciones con la Economic Development Corporation (Corporación de Desarrollo Económico) de Nueva York y el Department of Housing Preservation and Development (Departamento de Preservación de Vivienda y Desarrollo). Eso quizás incluya iniciativas continuas de fomentar lazos o análisis de sitios potenciales para proyectos como el de Wells y Stevens. “[Queremos que] todas las agencias de la ciudad que deben estar sentados a la mesa, se encuentren en la mesa. Queremos estar hablando con ellas”, dice Maleh. “Queremos crear algo que sea posible implementar”.

Este artículo fue publicado originalmente en inglés en CityLab.com.

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