Un bebé de 18 meses con una herida de bala en el cuello, la víctima más joven de la represión en Nicaragua

El pequeño William estaba en casa de su abuela en Matagalpa cuando una bala perdida pasó el muro y le impactó en el cuello. La familia asegura que el proyectil que dejó al bebé en estado crítico salió de uno de los fusiles de los policías que reprimían las protestas en esa ciudad el pasado martes.

MATAGALPA, Nicaragua-. Marcos Molina Velázquez pensó que la bala lo había impactado a él. Las esquirlas de piedra cantera impactaron en su rostro. “¡Me tiraron, Chila, me tiraron!”, le dijo el hombre a la abuela de su hijastro William, de 18 meses.

Pero la sangre que empezaba a teñir su camisa no era suya, sino la del bebé que tenía entre los brazos, el nieto menor de Enecilia Mairena. Hacía más de cinco horas que los enfrentamientos entre policías y manifestantes no cesaban en Matagalpa, ciudad norteña situada a 135 kilómetros de Managua. Universitarios y ciudadanos se atrincheraron desde la mañana del martes 15 de mayo en demanda de la s alida del gobierno de Daniel Ortega y Rosario Murillo. Los antimotines reprimieron con fuerza hasta el punto de usar armas de fuego.

En el barrio Francisco Moreno, muy cerca del cuartel de los antimotines, está la vivienda de la abuela Enecilia Mairena. Es una pequeña casa recién construida con piedras canteras. Está asentada sobre una ladera de este caserío de calles estrechas. Las casas parecieran estar unas encima de otras, apretujadas y sin ningún fundamento urbanístico. Un ensayo de favela en Nicaragua. Los antimotines replegaron a los manifestantes hacia este barrio casi al caer la tarde el martes. La abuela Enecilia Mairena ya había tomado providencias al quedar atrapada en el enfrentamiento.


La mujer dispuso una colchoneta en el piso de la vivienda y ordenó a los cinco niños que cuidaba no levantarse del piso. La persistencia de las balas la tenían muy nerviosa. Llamó por celular a Marcos Molina Velázquez para pedirle compañía. El padrastro del bebé logró ingresar al barrio y reforzó más la vivienda. Por un lado llovían piedras y por el otro proyectiles.

“Cuando estaba asegurando la casa, el niño más pequeñito se despertó, se arrimó donde mí y lo chineé. Lo tenía entre los brazos. De repente oí '¡plá!' Le digo a la Chila (abuela), me tiraron. Pero cuando me fijé bien le veo el balazo al niño en la quijada”, le relató a Univision Noticias Molina Velázquez.

El proyectil atravesó un biombo de madera que estaba afuera de la vivienda, el bloque grueso de piedra cantera y la quijada del bebé. La bala quedó alojada en la tráquea del niño de 18 meses.

No había tiempo ni posibilidades de que una ambulancia ingresara en medio del cruento enfrentamiento al barrio. El padrastro no se despegó al niño del regazo. Lo puso boca abajo para que no se ahogara con su propia sangre. El bebé respiraba con dificultad a través del orificio. Molina Velázquez bajó unos 150 metros hacia la carretera principal que conecta Matagalpa y Managua. Iba desesperado. Su paso fue cortado por un oficial que lo apuntó.

“¿Qué? Ya me mataron al niño, ¿ahora me vas a matar a mí?”, gritó el hombre. Los oficiales, al ver la urgencia, le abrieron paso. El destino era la sala de emergencia del hospital regional de Matagalpa César Amador Molina.

Lucía González, tía del bebé, corrió al centro hospitalario al enterarse de lo sucedido. Encontró a los doctores estabilizando al niño y allanando de urgencia el camino al quirófano.

Los médicos no quisieron dar la bala a la familia

“Como una hora tardaron los médicos para sacarle la bala”, le contó González a Univision Noticias en las afueras del hospital de Matagalpa. “Le solicitamos que nos dieran la bala como prueba, pero el director del hospital no quiso entregarla”.

La tía del niño solicitó al director del hospital de Matagalpa, el doctor Henry Dávila, que le entregaran el proyectil. Pero el médico se negó en todo momento. Los familiares grabaron la conversación con Dávila, quien afirmó “que por ley debía entregársela a la policía”.


“Para nosotros no es conveniente que la Policía agarre esa bala. Es la única prueba que tenemos”, reclamó el padrastro del niño. Lucía González también continuó con la insistencia, pero el doctor Dávila intentó persuadir a la familia de no denunciar el caso a través de citas bíblicas. “Como cristiano se los digo: Más que estar pensando en las acusaciones, pídanle a Dios por ese niño”, recomendó el director del hospital. El doctor Dávila no respondió sobre el caso cuando fue consultado por Univision Noticias.

Los familiares del bebé sostienen que el disparo provino de las filas policiales. No solo por la trayectoria del proyectil, que inicia desde abajo de la ladera del barrio y sube hasta la pared de piedra cantera, sino porque “esa bala es de AK, y ese fúsil solo lo tiene la policía”.

“Anduve en la guerrilla de la Contra durante siete años. Mire la casualidad: yo me especialicé en artillería en los ochentas. Y sé que esta bala no es una bala hechiza, es una bala de AK. Yo culpo a la policía directamente”, señaló el padrastro del menor, en respuesta a la versión difundida por los canales afines al gobierno de Ortega que sostenían que el niño había sido herido por los manifestantes.

La mañana del miércoles, cuando el estado clínico del niño era estable pero delicado, Canal 4 informó que “grupo de supuestos ‘pacificistas’ dispararon a un menor de 1 año con un arma hechiza en Matagalpa”. Lucía González “se indignó” cuando supo del reporte oficialista y criticó que dijeran que el arma del crimen era de fabricación artesanal.

“Es el primer bebé herido. Esperaba que no distorsionaran las cosas. Hasta un ciego vería que esa bala no puede ser de un arma hechiza. ¿Tiene magia esa bala para que rompiera la pared y, de paso, le diera al bebé? Manipulan. No tienen lado humano”, resaltó la tía.

La salud del bebé empeora

Esa bala convirtió a William en la víctima más joven de la represión en Nicaragua, que ya ha dejado al menos 60 muertos en el país y más de 500 heridos, según organismos de derechos humanos. La noche del martes, mientras el niño era operado de urgencia, los enfrentamientos seguían encarnizados en Matagalpa.


Univision Noticias hizo un recorrido en medio de los disturbios. En un ambiente de tensión, se oían estallidos de morteros y balas cada minuto y no era difícil encontrar testimonios de heridos en puestos médicos clandestinos montados alrededor de la ciudad por estudiantes de medicina y doctores. Cristian González, un estudiante de ingeniería en sistemas, denunció que el hospital público no atendía a los heridos por lo que debieron trasladarlos a la clínica privada Santa Fe.

La ambulancia del centro médico privada recorría la ciudad con la sirena prendida. Sorteaba barricadas y recogía a las víctimas en los puestos clandestinos. El doctor Douglas Pravia, director de la clínica Santa Fe, confirmó a medianoche del martes habían recibido 18 heridos de gravedad.

El bebé fue uno de los pocos heridos que fue atendido en el hospital público. Al siguiente día, el miércoles por la mañana, en los puestos médicos clandestinos contabilizaban más de 70 heridos. Univision Noticias confirmó tres muertos y la presencia agresiva de antimotines a la misma hora que el presidente Ortega afirmaba en el diálogo nacional, en Managua, que los oficiales estaban “acuartelados”, y que “una niña de un año resultó con un balazo en el cuello, víctima de esa violencia irracional”.


Pero era un niño el que estaba herido. El bebé de la abuela Enecilia Mairena, el que nació prematuro a los ocho meses, y sigue aferrado a la vida a través de un respirador artificial en Matagalpa y cuya salud ha empeorado en las últimas horas, según le confirmó la tía del pequeño a Univision Noticias en la noche de este jueves.

Los familiares de William lamentan que los médicos del hospital de Matagalpa no les brindan suficientes detalles y que el delicado estado del bebé les impide trasladarlo a otro centro médico aunque les gustaría tener la opinión de otro pediatra.

“Ya el corazón de uno no aguanta. Dicen (el gobierno) que fomentamos el odio, ¿cuál odio? Si el corazón de uno no tiene lugar para más dolor. Es mi nieto más chiquito. ¡Una criatura!”, lamentó la mujer. La abuela quedó sumida en el llanto mientras veía fijamente el orificio de la bala en la piedra cantera.

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