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Ecuador busca sustituto para Rafael Correa sin un claro favorito en la mira

Este domingo se celebra la primera vuelta electoral para elegir nuevo presidente y vicepresidente. Todos los candidatos, incluidos los de Correa, apuestan al cambio en su oferta política.
31 Ene 2017 – 04:31 PM EST
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El presidente ecuatoriano Rafael Correa se despide del poder luego de diez años y tres mandatos consecutivos. Crédito: Getty Images

QUITO, Ecuador.- En Ecuador, de cara a las elecciones presidenciales de este domingo 19 de febrero, hay dos certezas solamente. La primera, que será una contienda electoral histórica cuando las encuestas muestran que ocho de cada 10 ecuatorianos creen que la situación del país ha empeorado y quieren un cambio. Y, segundo, que Rafael Correa dejará el poder luego de casi una década.

Hay ocho binomios que buscan la silla del Palacio de Carondelet, la sede del Gobierno. Rafael Correa y la cúpula de su partido, Alianza País, escogieron a Lenin Moreno y Jorge Glas, ambos han sido vicepresidentes durante los tres períodos del representante del Socialismo del Siglo XXI y de la autodenominada Revolución Ciudadana.

Pese a la arrasadora fuerza de Correa en las urnas en la última década, acostumbrado a ganar elecciones en una sola vuelta, sus candidatos carecen de ese impulso. Sus números caen en todas los cálculos de las empresas encuestadoras ecuatorianas. La firma Market, por ejemplo, en su última medición del 18 al 20 de enero, advierte que el binomio del correísmo no alcanza a ganar en primera vuelta y que los opositores crecen. Así lo aseguró su director, Blasco Peñaherrera.

Los candidatos Cynthia Viteri (centro derecha), Guillermo Lasso (derecha) y Paco Moncayo (centro izquierda), que tienen buena intención de voto y son una amenaza para la continuidad del correísmo, están en un triple empate. Entre los tres acumulan 47.7% de la intención de voto.


La campaña electoral inició oficialmente el 3 de enero pasado y todo está por verse. Blasco Peñaherrera dice que hay dos factores que están incidiendo en las intenciones de voto en los ecuatorianos. El principal es la economía familiar. Y el segundo aspecto, contra todo pronóstico, es la corrupción.

No obstante, hay otro aspecto que juega en contra de la continuidad del correísmo: las diferencias entre Correa y Lenin Moreno. Un choque de trenes, a finales de noviembre pasado, fue la vigencia del pago del anticipo del impuesto a la renta ha sido defendido vehementemente por Correa como un triunfo de la Revolución Ciudadana.

La justificación central de impuesto, calificado por los especialista de confiscatorio, es que fue una medida adoptada para luchar contra la evasión que existía en el país antes de su mandato. Al respecto, Moreno dijo a un grupo de empresarios: “Jamás entendí eso del anticipo del Impuesto a la Renta, se los digo con toda sinceridad”. Correa dijo que no hay motivos para la eliminación. Y el aparato de propaganda evitó al máximo que ese roce. Moreno, en su cuenta de Twitter, defendió su propuesta y que Correa tiene derecho a pensar diferente. “Cada quien decide en su gobierno”, trinó.

Los casos de corrupción que lastiman al correísmo

Hay dos casos de corrupción que se han salido de las manos de las autoridades del gobierno correísta y los operadores de la propaganda. El primero es la adjudicación de contratos, desvío de recursos y recepción de coimas en la empresa petrolera estatal, Petroecuador. En este caso está involucrado uno de los hombres de confianza de Rafael Correa, Carlos Pareja Yanuzelli. Él, actualmente prófugo de la justicia, fue exgerente de Petroecuador y exministro de Hidrocarburos.

Pareja sería uno de los líderes de una organización delictiva que se encargaba de facilitar contratos y a cambio recibía coimas que eran tramitadas en empresas en Panamá y con dinero depositado, incluso, en Estados Unidos.

Como una escena sacada de una serie televisiva de la mafia, las autoridades policiales y fiscales encontraron en las viviendas de los miembros de la red delictiva, fajos de dinero en efectivo (dólares, euros, libras), entre cobijas, armarios e incluso escondidos en el techo de las viviendas. Esas imágenes fueron ampliamente difundidas en televisión nacional y en redes sociales.

El segundo caso que golpea al régimen de Rafael Correa es la revelación del Departamento de Justicia de Estados Unidos sobre los las coimas de Odebrecht. Según esa investigación la empresa brasileña pagó 33.5 millones de dólares a funcionarios ecuatorianos entre 2008 y 2015 para conseguir contratos en el actual Gobierno. A diferencia de otros países, como Perú y Colombia, la justicia avanza lento para dar con los presuntos culpables.

El Presidente Correa ha dicho que estas revelaciones coinciden con la campaña electoral y podrían ser usadas “geopolíticamente” en su contra. “Mañana dicen que es Correa, que es Glas (quienes recibieron coimas) y hasta que demostremos, se nos pasan las elecciones y eso es lo que buscan”, dijo el mandatario en su última cadena televisiva del 2016, el 31 de diciembre.

¿Por qué el cambio?

Convertir lo actual en otra cosa. Eso buscan los ecuatorianos. El cambio es una palabra que está en boca de miles. Incluso en las campañas de los candidatos, incluyendo el oficialista Lenin Moreno. Todos lo ofrecen.

Los cambios del modelo económico, la recuperación de la institucionalidad buscando el equilibrio real de poderes estatales y el diseño de una nueva política social alejada del populismo, están en la ambiciosa agenda de los candidatos opositores.

Estos deseos causan interés porque también son propuestas difíciles de hacer realidad ya que requieren de transformaciones constitucionales y que son viables únicamente a través de una consulta popular o una Asamblea Constituyente. Y para eso la Corte Constitucional, culpada de responder a las directrices del correísmo, debe decidir si da o no paso a semejantes intenciones de transformación.

Mientas la clase política diseña el plan, la contracción económica provocada por el fortalecimiento del dólar, la caída del precio del petróleo y, a decir de analistas económicos, el mal manejo de la economía, tienen un feroz efecto. Ha causado la pérdida de 341,000 empleos en el último año, 440,000 personas pasaron al empleo informal, alcanzando a 3.4 millones de ecuatorianos en esa condición.

Además, 280,000 personas cayeron en la pobreza. Los gremios de los empresarios, asociados en el Comité Empresarial Ecuatoriano, han denunciado que no hay seguridad jurídica para invertir ya que en la última década se ejecutaron 26 reformas tributarias y, además, que el modelo correísta no da más con un gasto corriente que ya alcanza un 63% del presupuesto y una deuda adquirida en el último año de 13,500 millones de dólares (hace una década el Presupuesto General del Estado fue de 12,000 millones de dólares).

Rafael Correa se despide del poder. El 24 de mayo lo deja definitivamente. Y así acaba, como la llama insistentemente en cualquier espacio, su década ganada.


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