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Correa traspasa el gobierno a Moreno en Ecuador: mismo partido, ¿distinto rumbo?

Lenín Moreno gobernará a partir de este miércoles un país polarizado y en apuros económicos. Su gabinete combina nuevos rostros con viejas figuras del partido Alianza País, que llevó a Rafael Correa al poder hace 10 años.
24 May 2017 – 1:06 PM EDT

QUITO, Ecuador.- El correísmo —o correato, como lo llaman sus detractores— empieza a escribir su epílogo tras 10 años en el poder. Rafael Correa deja el gobierno este miércoles 24 de mayo y se marcha, presumiblemente a Bélgica, país de su esposa, mientras su sucesor, Lenín Moreno, de 64 años, inaugura una nueva página en la historia democrática de Ecuador.

Uno de sus mayores retos es cumplir con lo que ofreció en campaña: ser el presidente de todos. Nada fácil si se tiene en cuenta la polarización que resultó de las elecciones: 5 millones de ecuatorianos votaron por él, mientras que otros 4,8 millones prefirieron a su contendor, Guillermo Lasso.

Moreno, que recibió un disparo a quemarropa en 1998, durante un asalto, y perdió la movilidad de sus piernas, ya ejerció la segunda magistratura de Ecuador entre 2007 y 2013. Ahora recibirá la banda presidencial que lo acredita como presidente hasta 2021. La banda es nueva, la antigua, la que usó Correa, está en un museo que él mismo mandó a construir en el Palacio de Gobierno para guardar los regalos, medallas y títulos honoris causa que recibió durante su mandato.

El presidente entrante también tiene el desafío de retener los dólares en el país y reactivar la economía, golpeada desde 2016 debido a la caída de los precios del petróleo y a la revalorización del dólar estadounidense que es la moneda que circula en Ecuador desde el año 2000. Varios sectores productivos esperan conocer el plan para financiar el déficit presupuestario que algunos analistas sitúan en 8,000 millones de dólares, aunque hay cálculos más temerarios recogidos por la prensa local como el que hace el economista Alberto Acosta Burneo.


“En promedio, al mes (El Estado) requiere 3,000 millones de dólares para hacer pagos y amortizaciones, pero tiene ingresos por 1,400 millones, es decir, le falta mes a mes 1.600 millones”, dice Acosta Burneo.

Solo en los dos primeros meses del año, el gobierno de Coorea aumentó su deuda en 1,747 millones de dólares, lo que eleva la deuda pública a 40,465 millones. Esto, en un economía de poco más de 100,000 millones de dólares. puede ser perjudicial.

La ciudadanía ha esperado oír el discurso de investidura de Moreno y ver si hay cambio o continuismo. Parte de las incógnitas se despejaron durante la jornada de ayer con el nombramiento del nuevo gabinete. Hay muchos nombres frescos, de personas que se estrenan en la función pública como el ministro de Hidrocarburos, Carlos Pérez García, que tiene experiencia en el sector petrolero privado e internacional, o el titular de Comercio Exterior, el empresario Pablo Campana.


También regresan al Ejecutivo antiguos cuadros del movimiento Alianza País, que llevó a Correa a la presidencia. Uno de ellos es Fander Falconí, considerado el ideólogo del movimiento político, que asume la cartera de Educación. También está de vuelta el exalcalde de Quito, Augusto Barrera, que junto con Lenín Moreno y desde la universidad, luchó contra la dictadura militar de los años 70. Este recibe la Secretaría de Educación Superior, Ciencia y Tecnología.

La selección del gabinete elimina seis ministerios coordinadores y la secretaría del Buen Vivir, también conocida como Ministerio de la Felicidad. Esto ya denota una intención de adelgazar el Estado.

El analista Decio Machado sugiere que hay “un desmantelamiento del núcleo duro del movimiento oficialista” porque ministros eternos como Ricardo Patiño, Alexis Mera y los hermanos Alvarado ya no aparecen en el listado. Aunque algunos como José Serrano, que pasó más de seis años en Interior, ahora preside el Legislativo.

Machado considera que puede haber “una lucha por el liderazgo al interior del movimiento”. Algo que ya se vio durante la conformación de listas precisamente para la Asamblea y que fue comentado por el mismo Correa en su cuenta Twitter. En concreto dijo que detesta la política cuando salen a colación “las vanidades”.


El aire de renovación que se ve en el gabinete, sin embargo, no toca a los organismos de control. La Fiscalía y la Contraloría heredan autoridades impuestas por el correísmo, que sobrevirán incluso a Lenín Moreno. El fiscal Carlos Baca Mancheno, que fue asesor de Correa, terminará su periodo en 2023. Su estreno será concluir la investigación del caso Odebrecht, que hasta ahora solo ha señalado a un exfuncionario del Gobierno y ha detectado la ruta de un millón de dólares que la constructora brasileña pagó en sobornos. Pero el Departamento de Justicia de Estados Unidos habló del pago de 33,5 millones de dólares en coimas en el caso de Ecuador.

El contralor Carlos Polit, que ya lleva 10 años en el cargo, fue reelegido y terminará su ciclo en 2022. Una muestra de su actitud beligerante es que hace unas semanas enjuició por calumnias a los integrantes de un grupo ciudadano que investiga la corrupción Ad honorem, y que señalaron su negligencia en un caso concreto. Los acusados, algunos abogados octagenarios que ya han dado todas sus batallas, fueron sentenciados a prisión de un año y a pagar entre todos casi un millón de dólares.

Moreno, sin embargo, halló en este embrollo judicial una oportunidad para mostrar su talante y marcar distancias con el correísmo. A través de su cuenta de Twitter pidió al contralor revisar su demanda y tuvo éxito. El abogado, nada más conocer la sentencia, retiró la querella. Más de uno se animó a pensar que se viene una nueva etapa.

Moreno en más de una ocasión ha dicho que sus diferencias con Correa “son de estilo”, y que sus formas privilegian el oír, el entender, el conversar”. Habrá qué ver cómo se escriben las otras páginas de su gobierno.

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