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Con el asesinato de nuestros compañeros, los periodistas en Ecuador le hemos visto las orejas al lobo

"Los periodistas en Ecuador también fuimos rehenes durante 19 días y nos morimos un poco cuando se confirmó que nuestros compañeros habían sido asesinados en alguna parte de la selva colombiana por los disidentes de las FARC". La periodista Soraya Constante reflexiona sobre la ejecución de los tres miembros de un equipo del diario El Comercio la semana pasada en la frontera con Colombia.
Opinión
Periodista ecuatoriana. Colaboradora de Univision Noticias en Quito. Perteneciente al movimiento #NosFaltanTres.
2018-04-18T15:24:00-04:00

QUITO, Ecuador. - Fue un viernes 13 de abril cuando el presidente Lenín Moreno confirmaba la ejecución. Yo estaba en la plaza, en un plantón más para exigir respuestas. La voz del presidente cayó como una lápida con los nombres de Javier Ortega, Paúl Rivas y Efraín Segarra. La escuché a través de un altavoz colocado en uno de los balcones del palacio de gobierno y solo atiné a abrazar a la persona que tenía junto a mi y a balbucear que solo se habían ido a trabajar y que no merecían eso. Hasta ese momento nos habíamos negado a creer que estaban muertos, a pesar de que en Colombia ya daban por ciertas las fotografías que un medio de comunicación colombiano recibió un día y que, de alguna manera, terminaron en todos nuestros celulares.

Nunca en esos 19 días con sus mil noches dejé que la idea de su muerte se posara en mi cabeza. Confié en que volverían al cabo de un tiempo y nos contarían cómo fueron sus días de cautiverio. Mi mente se encargó de aliviar el paso de los días. Casi podía verlos comiendo en una vajilla de metal desportillada, jugando cartas y leyendo revistas viejas para pasar las horas. También los imaginaba caminando por la selva, lidiando para desenterrar las botas de caucho que se les atascaban en el fango. Pero todo acabó cuando se filtró una prueba de vida en la que los tres aparecieron con una cadena alrededor del cuello, sujeta con un candado. Los medios colombianos no tardaron en hacernos saber que así se sometía a los antiguos rehenes de las FARC en los años 90. Fue todo muy doloroso.

Esos videos empujaron a más gente a la calle, a los pies de la sede de gobierno, donde se concentró el reclamo de los periodistas autoconvocados. Fuimos incombustibles desde el primer día. Nos quedábamos allí hasta tres horas, hasta que el círculo de amigos y familiares se iba a haciendo pequeño o hasta que las velas que sosteníamos se consumían por completo. Hubo veces que mis manos terminaron tan agarrotadas que ni siquiera sentí el calor de la cera que caía por mis dedos. Compartimos angustias, tabacos y dolores en los talones, en la espalda… y seguíamos. El grito de “nadie se cansa” nos mantuvo firmes. Con dinero de nuestros bolsillos hicimos pegatinas, botones, camisetas con los rostros de los chicos y con el lema: #NosFaltan3 (el movimiento que surgió tras su secuestro). También organizamos misas y entregamos cartas a los gobiernos de Ecuador y Colombia con el pedido claro de que respeten la vida de nuestros colegas. Quisimos incluso mandar una carta al exjefe de las FARC, para ver si podía controlar a su exsoldado (alias El Guacho, a quien se le atribuye el secuestro), pero nos frenamos. Hicimos de todo para traerlos de vuelta.

Lo que más nos indignó fue la insinuación que hizo el ministro de Interior, César Navas, sobre la responsabilidad que tuvieron los periodistas en el secuestro. Lo dijo dos veces en la primera rueda de prensa que dio: “Recibieron las advertencias correspondientes a riesgo de circular por esta zona”, afirmó. “A los trabajadores del medio se les advirtió de la situación de riesgo que podían enfrentar”, insistió.

¿Y por qué les dejaron pasar? ¿Por qué no les prohibieron el paso? ¿Por qué no los acompañaron mientras realizaban su cobertura? Nadie nos ha respondido estas preguntas y hasta ahora nos dan vuelta en la cabeza. No somos turistas sino periodistas. Por eso en el primer comunicado que hicimos, que tiene más de 500 firmas de periodistas, dejamos claro que: “Nuestros colegas fueron a trabajar. Estaban cubriendo un conflicto en territorio ecuatoriano (...) No estaban de vacaciones, no evadieron sus responsabilidades, estaban trabajando para informar a la ciudadanía”.


Las noticias reales y falsas venían de Colombia y Ecuador corría detrás para confirmarlas o desmentirlas. El diario El Tiempo llegó a publicar la supuesta liberación del equipo periodístico al tercer día del secuestro. Y el gobierno ecuatoriano tardó 13 horas en desmentir el hecho. Fue una noche espantosa. No dormimos, estuvimos pendientes de los rumores que decían que estaban en un hospital de la frontera, que ya los traían en un helicóptero. La prueba de vida también se difundió antes en Colombia, en RCN, y tuvimos que esperar por los pronunciamientos oficiales. Lo mismo ocurrió con el comunicado que anunciaba la ejecución. Más espera, más incertidumbre, más dolor. Los secuestradores tuvieron que arrojarnos los cadáveres para creerles que iban en serio.

Dar esa noticia fue lo peor para muchos de nosotros, no queríamos contar estos hechos. Yo no podía pasar el primer párrafo, no sabía si describir las balas que tenían en sus cuerpos, no sabía si describir la ropa que llevaban puestas. No sabía bien qué palabras usar. Eran nuestros muertos, nuestra familia y no quería ser indolente. Escribía una oración y me preguntaba qué habría pasado, cuándo los habían matado, dónde estarán sus cuerpos ahora. El gobierno ecuatoriano no tenía las respuestas, al menos no el ministro de Interior, César Navas, quien enfrentó a la prensa después de la revelación de las fotos y solo dijo que no eran concluyentes, y que harían todo lo posible por traer a nuestros colegas de vuelta. Pero ya no mencionó si sería con vida o no.

Llevamos ya cinco días con el peso de esas muertes y sin saber cuándo recuperaremos los cuerpos. Todavía me cuesta escribir, todavía la información es muy escasa, todavía la violencia no para en la frontera. La ofensiva que empezaron Colombia y Ecuador sigue arrojando daños colaterales. Ahora mismo una pareja está secuestrada por el mismo grupo que se llevó a los periodistas. Solo sabemos que es una pareja que estaba de paso en la provincia fronteriza.

Me pregunto si la violencia parará algún día. ¿Qué pasó antes para que todo este esté calmado? Las plantaciones de coca han estado allí desde los 90, el narcotráfico ha abierto corredores para sacar la droga rozando nuestro territorio hace años. Me pregunto qué autoridades le dieron la espalda a ese problema. ¿Fue mejor dejar pasar la droga en el pasado o es mejor ahora atajarla? ¿Cuántas vidas más vamos a perder? Junto a los periodistas, lamentamos la muerte de cuatro militares que seguramente también tienen tienen paralizados a sus compañeros de armas. Los periodistas, como ellos, también tenemos miedo, claro que sí. Tenemos miedo a ir a la zona e informar y eso es lo que más duele. Nosotros queremos contar bien todo lo que ha pasado, queremos escarbar en todos los asuntos de la frontera. No queremos que el periodismo pierda esta batalla, pero por ahora todas son incertidumbres. Le hemos visto las orejas al lobo y estamos asustados. Quizás esa fue justo la intención de los que mueven la violencia.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es) y/o a la(s) organización(es) que representan. Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.

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