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Crisis en Venezuela

Venezuela espera a Guaidó con la expectativa del ‘Plan B’

¿Dónde está parada Venezuela en este momento? ¿Qué viene después del 23 de febrero cuando la ayuda humanitaria no pudo pasar? ¿Es diferente esta oposición a Maduro que los intentos anteriores? Aquí hay algunas respuestas.
1 Mar 2019 – 11:37 PM EST

La resaca del pasado sábado 23 de febrero no ha pasado. Miles de personas se movilizaron a los puntos fronterizos de Venezuela con Colombia y Brasil para acompañar el llamado del presidente interino Juan Guaidó y la Asamblea Nacional. Era el gran día anunciado para el ingreso de la ayuda humanitaria, que suma más de 100 millones de dólares, proveniente de países aliados, Estados Unidos entre ellos.

Pero la ayuda no entró y el gobierno de Guaidó tiene una inmensa responsabilidad en reorganizar la estrategia, no dejar desmoralizar a su gente, seguir articulando el gran e inédito apoyo internacional que tiene Venezuela ante esta crisis y replantear el juego. Pero, sobre todo, debe lidiar con el régimen opresor de Maduro con las armas a su favor y la espada de Damocles de la prisión en las mazmorras donde duerme un diputado opositor como Juan Requesens desde hace más de 200 días. Entre otros.

El presidente interino anunció que volverá al país después de visitar Colombia, donde lo recibió su aliado Iván Duque, y Brasil para verse con Jair Bolsonaro, antes de llegar “en una gran movilización” de recibimiento a Caracas, como lo ha anunciado en un mensaje de voz que pidió viralizar. “En un mes de lucha hemos logrado más de lo que nos imaginábamos. Ahora es el momento de incrementar la presión hacia el régimen usurpador hasta lograr la libertad”, dijo este 26 de febrero. Aún no hay fecha de regreso de Guaidó a Venezuela, tampoco confirma si visitará países de Europa antes de volver.

Por su parte, voceros del régimen chavista ondearon la bandera de un supuesto triunfo político el 23 de febrero al impedir la entrada de los insumos. En medición de fuerzas, ganaron las armas frente a los camiones y la gente desarmada. ¿El costo? Vidas, heridos y lo que significan “más de 300,000 personas sin recibir la diálisis”, entre otros casos que destacó el diputado y médico José Manuel Olivares.

“No hay plan B”, anunciaban voceros como el embajador de Guaidó en Estados Unidos, Carlos Vecchio. “La ayuda va a entrar”, aseguraban los diputados, organizados para liderar en cada puente de Cúcuta, Colombia, el ingreso de los camiones con toneladas de alimentos y medicinas. Pero el régimen de Maduro decidió “mostrar su peor cara”, como expresó el mandatario interino, todavía fuera de Venezuela. La represión del lado venezolano fue tan férrea que incluso por prudencia en algunos puentes decidieron no pasar, no intentarlo.


Las imágenes de los camiones con insumos incendiados, de la ministra de cárceles Iris Varela rodeada de hombres fuertemente armados y amenazantes, y los muertos y heridos de la jornada fueron titulares en por lo menos tres continentes. El discurso de rechazo a esas acciones de fuerza prevaleció y movió, por primera vez desde que comenzó la crisis, la opinión de Michelle Bachelet, Alta Comisionada de la ONU para los Derechos Humanos y expresidente de Chile: “El gobierno venezolano debe obligar a los cuerpos de seguridad a dejar de emplear el uso excesivo de la fuerza contra manifestantes desarmados y ciudadanos comunes”, dijo, aunque no reconoce aún al gobierno interino.

Entretanto, más de 50 países sí le han dado el beneplácito a Guaidó y la mejor muestra ocurrió durante la reunión sobre Derechos Humanos de la ONU en Ginebra del 27 de febrero. Los representantes de los países que lo respaldan se levantaron masivamente cuando el delegado de Maduro, Jorge Arreaza, tomó la palabra.



“Todas las opciones sobre la mesa”

El ultimátum militar que algunos esperaban luego de lo sucedido el 23 de febrero no ocurrió. El Grupo de Lima (países que discuten la crisis venezolana) en Bogotá aprobó una declaración que en su punto 16 manifestó “su convicción de que la transición a la democracia debe ser conducida por los propios venezolanos pacíficamente y en el marco de la Constitución y el derecho internacional, apoyada por medios políticos y diplomáticos, sin uso de la fuerza”.

No obstante, el panorama pudiera cambiar en caso de una agresión contra el presidente interino una vez que llegue a su país. Estados Unidos, a través de los voceros en este conflicto ha dejado muy clara la advertencia de que “tomaremos medidas” en ese caso. Uno de ellos, el asesor de seguridad de Donald Trump, John Bolton, advirtió que “ Las acciones de Maduro no van a quedar impunes. Los Estados Unidos actuaron hoy contra los gobernadores fronterizos venezolanos que contribuyeron a bloquear urgentemente la asistencia humanitaria internacional t han participado en una corrupción rampante”

Los llamados halcones que puso el gobierno de Estados Unidos han mostrado los dientes, pero aún no muerden ¿morderán?

Consultado sobre cuál podría ser ese detonante, uno de los conocidos “halcones” que puso Donald Trump al frente de la crisis venezolana y asesor de seguridad para el hemisferio occidental, Mauricio Claver-Carone, le dijo al diario El Tiempo, de Colombia: “Nosotros no vamos a entrar en hipótesis ni crear ciertas líneas. Lo que sí hemos dicho y si repetiremos es que, obviamente, cualquier tipo de daño a norteamericanos en Venezuela, cualquier tipo de amenaza hacia nuestro socio estratégico en Latinoamérica, que es Colombia, y cualquier tipo de daño que se le cause al presidente legítimo de Venezuela, Juan Guaidó, tendrá serias consecuencias. Y no pienso que solamente serias consecuencias de Estados Unidos, creo que serias consecuencias del resto del mundo”.

No obstante, la frase con la que abre la entrevista es: “Si yo fuese Maduro, no dormiría seguro en Caracas”.

Algunas fuentes que prefieren no ser identificadas comentan que como el tema de una invasión tiene tan “mala prensa” por el pasado oscuro de esas arremetidas en otros países, se estudian otras formas de “extracción” o cooperación militar en caso de que el callejón sin salida que propone Maduro se vuelva más estrecho. Un dirigente opositor que tuvo que irse al exilio en Estados Unidos por persecución judicial mientras ejercía su cargo contó que “no veo otra salida, pero hay que cumplir protocolos, seguir pasos, agotar la negociación y todas las vías antes de llegar a una acción de fuerza”.

Con la constitución al cuello

La constitución venezolana, aprobada por iniciativa del chavismo en 1999, ha sorprendido a sus propulsores con artículos que jamás imaginaron se voltearían en su contra. Uno de ellos es el 350, que estipula que todo venezolano, civil o militar, puede desconocer un gobierno que menoscabe la democracia y hacer todo para devolver ese sistema de libertades. Otro es el muy mencionado 233, que permitió el nombramiento de presidente interino de Guaidó. Y más recientemente hay otro que le quita el sueño a quienes respaldan aún a Nicolás Maduro.

El artículo 187, numeral 11 de la Carta Magna, empodera a la Asamblea Nacional para solicitar misiones militares extranjeras para que actúen en el país.

¿Es la carta debajo de la manga que se jugaría Guaidó? Está por verse.

“Ha quedado claro quiénes están del lado de Maduro”, dijo Guaidó la noche del 23 de febrero y destacó que tiene de su lado a los colectivos y grupos paramilitares. Comentó que ha estado conversado con los efectivos militares (van más de 560 al cierre de esta nota) que se han acogido a la ley de amnistía y se han puesto a sus órdenes. Una ley aprobada por la Asamblea Nacional este año perdona y exonera de cárcel y juicio a “civiles y militares que ayuden en la restitución de la democracia en Venezuela”.

"De 280,000 integrantes de la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB), se han ido siete. Peor les ha ido en la Milicia, de dos millones no se ha ido nadie", comentó el segundo hombre fuerte del régimen de Maduro, Diosdado Cabello. La milicia es un grupo de hombres y mujeres civiles y exmilitares, en su mayoría fuera de forma, a quienes el gobierno ha armado y les ha dado una suerte de preparación militar para servir de “complemento” de la fuerza armada para defender al chavismo gobernante.

"Los hicimos correr, huir, y será recordado el 23 de febrero como un punto de inflexión en esta gran batalla que tenemos todos los días”, contó Cabello durante un discurso en Caracas, en referencia a cómo impidieron la entrada de ayuda humanitaria por la frontera.


Y mientras tanto dentro de Venezuela…

El discurso “oficial” sigue desconociendo la crisis humanitaria que vive Venezuela. No reconocen el fracaso del sistema de salud, tampoco el impacto de los apagones eléctricos que sufren especialmente los que viven fuera de Caracas, ni el racionamiento de agua que empezó en zonas rurales, barrios populares y llegó a las urbanizaciones de la capital.

El desabastecimiento de alimentos y medicinas en algunos rubros supera el 90%, pero los voceros de Maduro responsabilizan “al bloqueo” o a una “guerra económica” de parte de sectores productivos de empresarios que son contrarios a Maduro. En ningún momento consideran evaluar que las expropiaciones de terrenos e industrias iniciadas por Hugo Chávez y la ruptura de hilos de distribución de comidas y alimentos, sumados al férreo control de la moneda que impuso el chavismo en 2003, son responsables de la crisis.

La hiperinflación en Venezuela, ese monstruo que cogió fuerzas en 2016 y se ha vuelto indetenible desde 2017, arrecia y según el Fondo Monetario Internacional llegará a 10,000,000% a finales de 2019.

En fotos: esta venezolana desnutrida clama que la ayuda humanitaria llegue pronto

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Más sanciones

La vía que ha tomado el gobierno interino es la de seguir presionando interna y externamente al régimen de Maduro. Dentro de Venezuela con “movilizaciones, sabemos que esto funciona solo si el pueblo nos acompaña”, ha dicho, y pide nuevas acciones ahora con los empleados públicos, la burocracia que impuso el chavismo, con empleados que van –muchas veces obligados y chantajeados– a marchas y manifestaciones propagandísticas del régimen.

Fuera de Venezuela, Carlos Vecchio se reunió con Antonio Tajani, presidente del Parlamento Europeo y solicitó sanciones más fuertes contra el régimen que gobierna a Venezuela.

El Parlamento Europeo (que representa a 28 países de la región), la OEA con Luis Almagro al frente y el Grupo de Lima con presidentes muy activos como el de Chile (Sebastián Piñera) y Colombia (Iván Duque) han resultado los mejores aliados de Guaidó. Mientras que Maduro se sostiene con Rusia y China, aunque algunos apuntan a que el pragmatismo de sus intereses económicos y una garantía de pago de los compromisos adquiridos por parte del gobierno de transición, pudieran doblar sus brazos.

Entretanto, las sanciones económicas impuestas a la estatal petrolera por Estados Unidos, el bloqueo de cuentas de Citgo y las acciones contra cada vez más funcionarios (esta semana se sumaron cuatro gobernadores de estados fronterizos donde ocurrió la represión), buscan convertirse en una gran 'boa constrictor' que ahorcará la economía venezolana en los próximos tres meses, según explicó un economista que asesora a quienes elaboran la estrategia en el exilio. Hay que recordar que Estados Unidos era el principal comprador de petróleo a Venezuela, con casi la mitad de lo que estaba produciendo al momento del corte de relaciones.

El tema de las sanciones ha dolido tanto a Maduro y sus funcionarios que en el último intento de diálogo en República Dominicana (2018) eran un punto de honor en el debate: los representantes de Maduro insistían en negociarlas a cambio de pocas garantías para la oposición. Pero no hubo acuerdo. La oposición se negó a firmar el documento y Maduro se fue a elecciones, sin garantías para sus opositores.


Maduro y algunos voceros responsabilizan de la gran crisis humanitaria que vive Venezuela, con grave escases de alimentos y medicinas, al “bloqueo económico” de Estados Unidos. Pero ese bloqueo estadounidense sobre la petrolera apenas comenzó el 28 de enero de 2019, mientras que el desabastecimiento de productos es un dilema que lleva más de siete años y se agravó aún más desde 2015.

“Esta vez es diferente”: la esperanza de la oposición a Maduro

Desde el 5 de enero de 2019, cuando Guaidó fue electo el presidente de la Asamblea Nacional, un espíritu de cambio comenzó a moverse en Venezuela. Cinco días después, el 10 de enero, se cumplía el plazo para que el país juramentara al mandatario electo para el periodo presidencial 2019-2025. La estrategia de la oposición estaba sobre mesas de discusión en el exilio, universidades y en el lobby diplomático en varios países: de cara a ese día, y desde octubre de 2018 líderes expulsados por Maduro y algunos presos políticos tejían el desconocimiento a un presidente reelecto de manera fraudulenta, en votaciones convocadas por una –desconocida desde su origen– “Asamblea Nacional Constituyente” chavista.

Entre enero y febrero de este año, la política en Venezuela ha dado un vuelco y se sacudió la modorra que dejaron las intensas protestas de 2017, apagadas a balazos y detenciones por el régimen de Maduro y sofocadas por el llamado a la Constituyente, que finalmente no trabajó en ninguna reforma a la Constitución y solo buscaba imponerse sobre el Parlamento.

Ese sacudón tiene como protagonista a Juan Guaidó, el líder opositor que surge de las filas del mismo partido Voluntad Popular, que preside Leopoldo López: el preso político más emblemático de Maduro. El dirigente de 35 años, de uno de los partidos más perseguidos por el régimen, ha logrado cohesionar a la oposición a Maduro que hasta entonces lucía dividida.


El líder que nadie vio venir y su efecto sorpresa

Analistas políticos, escritores, economistas y personas que trabajaron en otras campañas políticas que intentaron desplazar al chavismo coinciden en señalar que en Venezuela se conjugó una crisis profunda que afecta a las barriadas pobres que antes apoyaron a Chávez, con un líder “con cierta virginidad, porque no tiene un pasado que le puedan cuestionar”, como señala Alberto Barrera Tyzka, pluma que ofrece análisis políticos semanales ahora en Prodavinci y antes en el diario El Nacional. Él, que ha visto y vivido campañas electorales en los años del chavismo, le ha seguido el pulso a varios candidatos que intentaron sacar por los votos al movimiento liderado por el expresidente Hugo Chávez. También es autor de la biografía que mejor define a ese personaje: ‘Chávez sin uniforme’.


Barrera considera que Guaidó desconcertó al gobierno, que lo peor que tiene en su arsenal contra el presidente interino es decir que “es desconocido y no se sabe de dónde salió”, como reaccionaron Maduro y Cabello en enero.

El efecto sopresa es justo una característica del estilo de Guaidó, nadie sabe con qué y por dónde va a venir y eso le ha ganado la confianza incluso de un sector duro de la "oposición de la oposición" que opera en el exilio. Le han dado un voto de confianza, porque a ellos también los sorprende. Prueba de eso, su aparición en Cúcuta el 22 de febrero en pleno concierto por la entrada de la ayuda humanitaria, mientras pesa sobre él una prohibición de salida del país por parte de la justicia chavista que aún domina Venezuela.

Carmen Beatriz Fernández, venezolana especialista en comunicación política y profesora de la Universidad de Navarra, también es experta en campañas y candidatos en su país natal. Sobre el “fenomeno Guaidó” opina que “la catástrofe social que se vive en Venezuela hace que esto sea muy distinto a otros procesos políticos”. Destaca que el sustrato de la protesta callejera no es principalmente la clase media, como ocurrió en 2014 y 2017. “Aquí vemos una protesta verdaderamente popular y rural”, y eso acompaña al movimiento que encabeza Guaidó.

La polarización que ha partido a Venezuela en los últimos años parece tener un viraje: Guaidó y los diputados hablan de amnistía, de perdón, y de conservar a los contrarios en sus puestos de la administración pública.

Pero para el economista Pavel Gómez, quien ha mantenido una posición de centro en los años de la polarización “se ve a la oposición con un claro sentido estratégico (…) el gobierno tiene cada vez menos margen”. En declaraciones a El Mercurio en Chile, el país donde vive, dijo que ve una estrategia clara con los tres puntos que ha definido Guaidó: cese de la usurpación del poder al que se aferra Maduro, celebrar elecciones libres con garantías para todos los participantes, en medio de un gobierno de transición.

Gómez considera que Estados Unidos juega un rol clave. “Sin embargo, es necesario un balance geopolítico para dar legitimidad a la oposición a Maduro y contrapesar los intereses estadunidenses”. Incluso cree que Uruguay, que hasta ahora apoya al líder chavista, puede jugar un rol “tras bastidores, en un acuerdo de transición democrática”.

Cuando algunos hablan de poner “todas las cartas” sobre la mesa se refiere a eso, cuenta una fuente en Washington que prefiere no ser identificada: se consideran aliados nuevos, posibilidades nuevas, tecnología que no existía hace años y cómo se puede apretar y asfixiar más en lo económico a un régimen que ha decidido mostrar su peor cara y aferrarse al poder al costo que sea.

Los rostros de la lucha global por la resolución del conflicto político en Venezuela (fotos)

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