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Muerte de Sean Monterrosa

A un año de la muerte Sean Monterrosa a manos de la Policía, su familia sigue en busca de justicia

El padre y las hermanas de Sean Monterrosa mantienen la esperanza de que los oficiales involucrados en la muerte del joven enfrenten cargos de homicido. A un año del incidente, reflexionan sobre el descontento que les dejó el exfiscal estatal Xavier Becerra, ahora secretario de Salud en la administración del presidente Joe Biden.
6 Jun 2021 – 09:30 AM EDT
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SAN FRANCISCO, California. – La familia de Sean Monterrosa, el joven latino baleado por un oficial de la Policía de Vallejo, continúa esperando que se haga justicia a un año de su muerte, además de reflexionar sobre el desencanto que les dejó el ahora secretario de Salud, Xavier Becerra, al no querer atraer la investigación cuando era fiscal estatal de California.

“Es muy difícil recordar y pensar que mi hijo no está acá con nosotros. Ha sido un año muy difícil para mucha gente por la pandemia y a nosotros nos tocó un poquito más fuerte con la muerte de mi hijo”, cuenta Neftalí Monterrosa, padre de Sean, en una entrevista con Noticias Univision 14.

El 2 de junio de 2020, Monterrosa murió abatido por un oficial de Vallejo afuera de una tienda Walgreens que había sido saqueada cuando en otros puntos de la ciudad se realizaban protestas pacíficas por el homicidio del afroestadounidense George Floyd a manos del expolicía de Minneapolis, Dereck Chauvin.

El uniformado que le disparó confundió con una pistola el martillo que Sean guardaba en su sudadera. Las autoridades identificaron al agente como Jarrett Tonn, un veterano que en los últimos cinco años ha disparado su arma contra una persona en por lo menos cuatro ocasiones, dos de ellas con apenas seis semanas de diferencia.

“Que vengan cargos a los oficiales que tuvieron parte en la muerte de mi hermano”, exige Michelle, hermana de Sean.

Para conmemorar el primer año del incidente, la familia de Monterrosa alista para este fin de semana una celebración comunitaria en el barrio Bernal Heights de San Francisco, donde Sean creció en compañía de sus dos hermanas.

“Cuando estaba muy pequeño siempre íbamos a ver los partidos de los Giants”, recuerda Neftalí.

Decepcionados con Becerra

Después de la muerte de Sean, sus hermanas emprendieron una jornada de activismo que las llevó a ser arrestadas por protestar afuera de la casa del gobernador Gavin Newsom.

Desde entonces, no han parado de señalar la opacidad que existe dentro del Departamento de Policía de Vallejo y la falta de transparencia de las autoridades. En más de una ocasión, llamaron al entonces fiscal general Xavier Becerra a atraer la investigación, pero la respuesta de la Procuraduría siempre fue negativa, argumentando que el caso le correspondía a la Fiscalía del condado de Solano.

Las hermanas Monterrosa tenían la esperanza de que un procurador latino metiera las manos al fuego por uno de los suyos, pero, desde su punto de vista, no fue así.

“Es una demostración que no toda la gente de tu comunidad siempre va a estar ahí apoyándonos. Nos dolió bastante. Pero estamos muy agradecidos de que (el fiscal) Rob Bonta hizo lo que Becerra no pudo”, dijo Ashely Monterrosa, hermana de Sean.

El mes pasado, el nuevo procurador estatal anunció que su oficina revisaría el caso y criticó la “inactividad” de la fiscal de distrito del condado de Solano, Krishna Abrams, quien se negó a revisar los resultados de la investigación realizada por la Policía de Vallejo sobre el incidente, concluida el pasado 10 de marzo a nueve meses de la muerte del joven latino.

“Es hora de que la familia de Sean Monterrosa, la comunidad y los residentes de Vallejo obtengan respuestas (…) Después de ver el fracaso de la fiscal de distrito para cumplir con esta importante responsabilidad, mi oficina revisará el caso para asegurar que un proceso, justo, cabal y transparente sea terminado”, dijo Bonta en un comunicado.

Tras la muerte de Monterrosa, Abrams también le había solicitado al Departamento de Justicia de California, entonces a cargo de Xavier Becerra, llevar a cabo una investigación independiente por la muerte de Sean, citando “la falta de confianza” de la comunidad hacia las autoridades de Vallejo, una ciudad cuyo departamento de Policía ha matado a 19 personas desde 2010 y que ha tenido que pagar más de 7 millones de dólares en acuerdos legales con víctimas de abusos policíacos.

Sin embargo, en esa ocasión el entonces procurador Becerra decidió no atraer la investigación, argumentando que la oficina de Abrams “no entregó ninguna información indicando por qué su oficina no era capaz de llevar a cabo una revisión justa y cabal sobre ese incidente”. Días después, la fiscal de Solano “se lavó las manos” y declinó atraer la investigación en un video publicado en YouTube.

Los videos, evidencia clave

Sean Monterrosa, de 22 años y residente de San Francisco, perdió la vida cuando un oficial le disparó desde el interior de una camioneta patrulla mientras se encontraba de rodillas afuera de una tienda Walgreens que era saqueada.

Los videos muestran un fragmento de poco más de 16 minutos que inician al momento en que uno de los tres oficiales dispara desde el asiento trasero de una camioneta pickup sin logotipos oficiales, y en ellos se observa a Monterrosa agonizando debido a una herida de bala que recibió en la cabeza. Sin embargo, las imágenes no terminan de aclarar lo que ocurrió segundos antes de que el policía detonara su rifle de alto poder.

Las versiones de las autoridades y de la familia del joven contrastan en un hecho clave: Monterrosa se encontraba arrodillado cuando cayó abatido, y mientras la familia asegura que lo hizo para entregarse a las autoridades, la Policía alega que esa posición provocó que el agente creyera que se alistaba para disparar. Sin embargo, el fallecido nunca tuvo en su poder un arma de fuego.

Las grabaciones corresponden a las cámaras corporales de los tres uniformadas que viajaban en la patrulla y contienen imágenes crudas de Sean Monterrosa sangrando profusamente de la cabeza, inconsciente y siendo esposado con las manos en la espalda por uno de los policías, pese a que el hispano permaneció inmóvil en todo momento.

De hecho, el joven hispano estuvo esposado en el piso bocabajo por más de cuatro minutos, hasta que un grupo de paramédicos llega a brindarle los primeros auxilios y les pide a los oficiales que le quiten las esposas para poder hacer su trabajo.

No estaba armado

Los videos revelados por la municipalidad muestran claramente que no existió ningún intento por reducir la tensión de la situación, y más bien el policía perfora con sus detonaciones el parabrisas del vehículo incluso antes de que este se detuviera.

“¿Con qué nos apuntó?”, pregunta el agente que disparó en el video. “No sé, hombre”, responde otro oficial.

“Hey, nos apuntó con un arma”, grita el policía que había jalado el gatillo, para luego preguntarle a otro uniformado: “¿Viste si tenía una pistola?”. “No, no vi ninguna pistola”, le responde.

Claramente agitado, el oficial camina por el estacionamiento de la tienda mientras otros agentes le suministran primeros auxilios a Monterrosa. Durante la grabación, lanza groserías al aire y se le escucha decir “esto es lo último que necesitaba esta noche”. En otro momento del video, se detiene para hablar con un capitán de la Policía de Vallejo que arribó a la escena en otro vehículo.

“Pensé que esa pin… hacha era una pistola”, le dice el agente al capitán de la corporación, refiriéndose al martillo en la bolsa de la sudadera de Monterrosa que segundos minutos antes había confundido con un arma de fuego.

“Yo también pensé que él estaba armado”, contesta el capitán, quien le pide que se tranquilice y respire profundo. “Vas a estar bien. Ya has pasado por esto”, agrega para calmar al policía que mató a Monterrosa.

Los oficiales de esa corporación han matado a 19 personas desde 2010, de acuerdo con Open Vallejo, un colectivo que aboga por la transparencia y la rendición de cuentas en esa pequeña ciudad de la Bahía de San Francisco.

Diversos análisis de cifras oficiales revelan que ninguno de los agentes que abrieron fuego en la última década han sido disciplinados por el uso de fuerza letal, ni siquiera en las ocasiones en las que lo hicieron contra personas que no estaban armadas.

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