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Universidades

Seguimos un año en la vida de un estudiante indocumentado: de recibir una beca en Kansas a ver cómo su madre se 'autodeportaba'

José Reza era un estudiante y atleta ejemplar en su secundaria. Consiguió una beca para la universidad y recaudó fondos para sus gastos. Pero todo esto se vio amenazado cuando Donald Trump ganó la presidencia y José llegó a considerar autodeportarse. Esta es su historia.
23 Jun 2017 – 2:48 PM EDT

José aprendió a hablar inglés a los 16 años usando un diccionario, mientras su madre se dedicaba a recoger frutas. Hace tres años, juntos cruzaron el desierto de la frontera con México y se instalaron en Immokalee, Florida.

Hoy, a sus 19 años, José terminó su primer año de college. Él y su madre han superado muchas dificultades juntos. Pero aún queda una importante: José no tiene documentos.

Univision Noticias siguió a José desde el momento que decidió partir de su hogar en Florida. Nuestras cámaras presenciaron la despedida con su madre y el primer beso que José le dio a su novia. Estuvimos allí cuando se enteró que Donald Trump, con su plataforma hostil hacia los indocumentados, había ganado las elecciones presidenciales, y lo seguimos a cada paso en el camino de este primer año de adultez y aprendizaje.

Dejar el hogar, de nuevo

Los obstáculos que debía superar José no paraban en su estatus migratorio. Su madre, Guillermina Maya, no tenía cómo costearle la matrícula. Pero José fue uno de los cinco alumnos más sobresalientes de su escuela, con un promedio de 4.6 y una trayectoria estelar como parte del equipo de pista y campo, se ganó una beca para estudiar en el Allen Community College en Kansas.


Esto no era suficiente para pagar todos sus gastos, entonces, en junio de 2016, José empezó una campaña en GoFundMe con la que recolectó más de 5,000 dólares, ropa y otros artículos.

En su petición relató su historia: “Relato mi odisea cuando llegué de México junto a mi madre y cómo casi ella me pierde en medio del desierto cuando cruzamos la frontera, y termino diciendo que no me resigno a que mi condición de indocumentado me deje sumido en el desconocimiento”, nos contó en septiembre.

Con dos amigos, compraron un Ford Explorer usado y recorrieron las 1,400 millas entre Florida y Kansas. Era un cambio drástico entre un estado muy hispano y uno donde la mayoría de la gente es blanca y no está acostumbrada a ver gente como José hablando español en la calle. En Immokalee, 70% de sus 25,000 habitantes hablan español. Iola apenas tiene 6,000 habitantes y según el censo de 2010, solo el 3.1% de los habitantes de la ciudad son de origen hispano. Los pocos restaurantes donde venden tacos están administrados por anglosajones. 

"Tengo que preocuparme por ir a un nuevo estado con la alegría de poder estudiar pero también con la tristeza de que quizás sea la última vez que vea a mi mamá", nos dijo José.


La política y el miedo

La noche del 8 de noviembre hizo mucho frío en Iola. Una luna clara de invierno alumbraba el sendero hacia una de las residencias estudiantiles de Allen Community College, donde varios estudiantes, entre ellos José, se habían reunido a ver los resultados de la elección presidencial.

Las risas comenzaron a cambiar por gestos de preocupación. Trump estaba arrasando en casi todas las proyecciones que se emitían por televisión.

"La verdad, nunca pensé que fuera terminar así, pero no hay nada más que yo pueda hacer. Solo orar y que pase lo que Dios quiera", fue lo primero que atinó a decir José entre su estupor cuando se dio a conocer el resultado que más temía.

José y su familia quedaron sumidos en la incertidumbre. José visitó de sorpresa a su madre para Navidad, pero las vacaciones no fueron el descanso que necesitaban.


"Yo personalmente no quería que Trump ganara la presidencia", dijo José. "Fue muy duro los primeros días después de las elecciones. Ser un estudiante indocumentado es difícil, y ahora con el nuevo presidente iba a ser más difícil. He estado muy pendiente de las noticias... No le gustan los inmigrantes y está haciendo lo imposible para hacernos la vida difícil".

A parte de este enorme peso, la transición a la vida universitaria no fue fácil para José, como le pasa a muchos universitarios. Tracy Lee, la profesora de inglés de la universidad, aseguró que para los jóvenes de primer año balancear sus vidas no es sencillo. Para la mayoría de ellos es la primera vez que están lejos de casa y ahora enfrentan responsabilidades académicas y preocupaciones económicas.

Por supuesto, para José las preocupaciones eran de otro orden. Algo tan simple como ir al supermercado podría ser fatal para universitarios indocumentados si se aplican leyes antiinmigrantes al pie de la letra. Esto tenía a este joven atrapado en una burbuja. Como no calificó para ningún alivio migratorio ya que llegó al país después de 2012, José no tiene licencia de conducir, número de seguro social o permiso de trabajo.


Acorralado, sin salida y al borde de la auto deportación

El ambiente de angustia y terror se estaba volviendo insoportable. Guillermina, la madre de José, vivía aún en Immokalee, donde el miedo a las redadas se hacía cada vez más latente.

"Inmigración va tan seguido al pueblo que ellos tienen mucho temor, tienen que poner seguro en las puertas porque no saben si ellos van a entrar a la casa. Es muy difícil para mí que ella esté muy sola, que no cuente con nadie", dijo José.


Guillermina trabajaba 12 horas diarias en una procesadora de alimentos y el salario no le alcanzaba para pagar la universidad de su hijo. Nerviosa, angustiada y cansada de vivir en las sombras, en abril empezó a considerar 'autodeportarse'.

Esto dejó a José acorralado entre un sueño universitario que no podía financiar y la alternativa de regresar voluntariamente a Tejupilco, México, a emprender una vida que ya no le correspondía.

La noticia causó conmoción en la universidad. Sus amigos salieron a su ayuda, al igual que sus maestros. Uno incluso se ofreció a darle posada en su casa durante el verano que se aproximaba, ya que durante esos meses no tendría los gastos de vivienda cubiertos por la beca. El presidente de la universidad, Jhon Masterson, responsabilizó a la retórica antiinmigrante del presidente por esta deserción involuntaria que se está empezando a ver en algunos centros universitarios.

Después de mucho considerarlo, en mayo Guillermina decidió irse del país. Allá estaba la vida que había dejado atrás, y muy importante, la hermana menor de José. Hoy está de vuelta a México. José, con el corazón roto, escogió quedarse.

"En un momento me dije a mí mismo, 'no puedo hacer esto, he luchado tanto, tantos sacrificios, tantas vergüenzas, tantas humillaciones, para darme por vencido de la nada", dijo José, con mirada triste pero determinada. Una llamada desde la frontera fue la única manera que pudo despedirse su madre.

Sin su familia, sin apoyo económico y con la presión de la deportación, José sigue adelante, enfocado en su educación, y en el deporte, que es como su medicina. No será fácil, pero José sabe que cada reto superado es como un obstáculo en la pista que lo obliga a saltar más alto y a correr más rápido, a pesar de las caídas.

Para conocer más de la historia de José, incluyendo testimonios en primera persona, visita nuestro especial Camino al Éxito, un proyecto en conjunto con la Fundación Bill and Melinda Gates.


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