Matanza en Texas: todos en Sutherland Springs conocen a alguien en esa iglesia

Sin una lista oficial de fallecidos, los vecinos van recibiendo malas noticias en esta pequeña comunidad rural de unos centenares de habitantes donde murieron 26 personas.

SUTHERLAND SPRINGS, Texas.- Al colgar el teléfono, Terry Smith niega incrédula con la cabeza, se tapa los ojos con la mano y llora.

— ¿Has tenido más noticias sobre el pequeño? ¿Qué pasó?— le pregunta su pareja, Lorenzo Flores, apoyando su mano en el hombro.
— No va a salir adelante— contesta ella con la mirada perdida.
— ¡Oh, Dios mío...! El hijo pequeño de Joann— aclara Lorenzo.

Joann Ward, una amiga íntima de la pareja, murió este domingo en el tiroteo de Sutherland Springs, Texas. También dos de sus cuatro hijos. Un tercero está grave.

Sutherland Springs es tan pequeño que casi todo el mundo conoce a alguien que estuvo en esa iglesia este domingo. Murieron 26 personas a causa de los centenares de balas que el atacante disparó en plena misa, convertida en infierno, tal y como describen las autoridades que llegaron al lugar.

Se estima que esta comunidad rural, compuesta por ranchos y casas desperdigadas, algunas iglesias, dos gasolineras y una tienda Dollar Tree, tiene entre 400 y 600 habitantes. El tiroteo de este domingo, el más mortífero de la historia reciente de Texas, deja totalmente desmembrado este pueblo al sureste de San Antonio.

Muchas casas estaban vacías este lunes, con juguetes en el jardín y decoraciones de Halloween ya muy lejanas. En las que había gente, los vivos tenían relatos sobre la muerte y sobre los muertos.

“Presentí algo muy feo”

Terry Smith y Lorenzo Flores fueron testigos de la masacre desde la gasolinera Valero en la que venden tacos, justo delante de la iglesia. Vieron llegar al atacante, oyeron los tiros fuera y dentro del templo. Llegó corriendo un cliente habitual con la cara, el codo y la camisa ensangrentados. “Entró un pistolero allá y comenzó a dispararle a toda la congregation in the middle of the service”, recuerda Flores que le dijo.

No hace falta traducción porque lo que vivió Flores ya se ha convertido en una de las masacres con más víctimas de la historia reciente de Estados Unidos. Dice que conoce a casi todos los que estaban allí dentro porque, quieran o no, los feligreses acaban entrando a la estación de servicio por gasolina, bebida o tacos.


Entre los muertos también está su daughter. Joann Ward era desde hace años una amiga íntima de la pareja; tanto que ella les llamaba cariñosamente papá y mamá. “Todo el tiempo andaba con nosotros, trabajaba con nosotros, la cuidábamos”, dice Flores. “La mataron a ella y a sus dos hijas”. Y, para este hispano de 56 años, lo único que queda ahora es orar.

“Tres generaciones en un mismo banco de la iglesia”

Sin casi haber dormido, Sandra Shaw, de 57 años, se levantó este lunes con un punzante dolor de cabeza. Pero se sintió más viva que nunca. Su padre propuso el domingo que fueran a rezar a otra iglesia, ya que últimamente están explorando el evangelismo. “Si no fuera por eso, hubiéramos estado sentados todos allí”.

Allí, en la First Baptist Church que se convirtió en el horror este domingo. Shaw ha crecido, se ha casado y ha educado a sus hijos en esa iglesia. “Es un sitio donde tres o cuatro generaciones de una misma familia están en un mismo banco rezando”, explica.

Conocía de vista a mucha gente —familias nuevas, dice— pero Shaw sintió el peor escalofrío cuando supo del fatal destino de la familia Holcombe. “Me pegó duro”. Una familia manifiestamente religiosa de la que han muerto ocho miembros de tres generaciones: un pastor, su esposa, su hijo, su nuera embarazada y cuatro nietos.

“El pastor me ha ayudado”

Lo que más elogia Antonio Morales de la First Baptist Church es el rincón que tienen "con comida para personas que no tienen la manera, donde puede agarrar lo que usted quiera”. Latas, pan, dulces, sodas. Él mismo se ha llevado comida de allí.

No es su iglesia de cabecera, pero es la que le queda más cerca. Ha tenido largas conversaciones sobre “las cosas de Dios” con el pastor, Frank Pomeroy. “Me ha ayudado en problemas que he tenido”, cuenta Morales, que ha vivido sus 70 años en Sutherland Springs.

Ahora el pastor Pomeroy es trágicamente conocido en todo el país. Su esposa y él estaban de viaje, pero no su hija Annabelle, de 14 años, quien fue asesinada dentro de la iglesia que lidera su padre .

“Nos faltan nombres”

A Wayne Johnson, le han llamado de todas partes del país preguntando si todos estaban bien. Y él ha llamado a muchas casas de la zona para saber lo mismo. Pero, a falta de una lista oficial de muertos, no saben con exactitud qué destino tuvieron sus conocidos y saludados.

Su esposa Lola, que lleva toda la vida viviendo en la zona, sí confirmó la muerte de una niña de unos 11 años con quien había estado el sábado, en un concurso en el que participó su nieta. Ella quedó primera y su amiga tercera. Hoy está muerta.

El matrimonio Johnson estaba comiendo cuando escucharon los disparos.

— ¿Qué es este ruido?— dijo ella.
— No tengo ni la más terrenal idea— dijo él.
Silencio. Volvieron los disparos.
— Ni la más terrenal idea— repitió.

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