"Hay niños inocentes muertos en charcos de su propia sangre": así cuentan los sobrevivientes la masacre de Parkland

Relatos de angustia, confusión y pánico dibujan el dramático momento que se vivió en la escuela Marjory Stonean Douglas la tarde del miércoles. Cientos de alumnos asustados se comunicaron con sus padres por mensajes de texto y redes sociales.

PARKLAND, Florida.- Olivia Prochilo, una joven de 16 años de la escuela secundaria Marjory Stonean Douglas en Parkland, aún tiembla al pensar que ella misma pudo estar entre las víctimas mortales del tiroteo masivo que este miércoles dejó 17 muertos en su centro escolar del sur de Florida.

"Este es el pensamiento más aterrador, incluso hablarlo ahora me hace temblar porque si hubiera estado en ese edificio, incluso cerca, hubiera podido ser yo", confesó a Univision Noticias pocas horas después de haber conseguido salir de la escuela. "Hay niños inocentes muertos en charcos de su propia sangre", recordó al explicar lo que sucedió.

Su jornada escolar estaba casi ya terminándose. Era un día más y ella simplemente estaba con su teléfono esperando para poder regresar a su casa. "Estaba con mi teléfono, lista para terminar el día de clases y entonces vi que mis compañeros se levantaron y, pensé '¿qué pasa?'. Me saqué los audífonos y oí la alarma de incendios. El profesor nos dijo que nos quedáramos todos en nuestro lugar", explicó. Poco a poco, con incredulidad, fue viviendo escenas de pánico sin saber muy bien qué estaba ocurriendo. "Estábamos confundidos, no sabíamos qué estaba pasando", continuó.

Junto a sus compañeros, fue evacuada y pudo ver cómo otros jóvenes corrían. "Entonces... 'Hay disparos de fuego. Disparos de fuego. Corran' Y ahí es cuando hubo pánico y comenzamos a correr", recordó.

Anna Cecilia Girao también asistía la tarde de este miércoles a clase junto con otros 15 alumnos cuando escuchó muy de cerca los primeros tiros.

"El (su profesor) iba a cerrar la puerta y le dispararon", contó Girao.

"Mi profesor está muerto; yo lo vi. Fue horrible. Estaba tan asustada, no sabía qué hacer", relató a USA Today Girao, testigo de primera fila de la masacre creada supuestamente por Nikolas Cruz, un exalumno conflictivo, armado con un fusil semiautomático, cuyas motivaciones aún se ignoran y al que ya se le presentaron 17 cargos por asesinato.

"¡Código rojo, código rojo!"

El día comenzó de manera habitual en el instituto, situado a 45 millas (72 kilómetros) al norte de Miami, al que asisten 3,200 alumnos. Por la mañana se había efectuado un simulacro de incendio. Los estudiantes estaban en clases alrededor de las 2:30 de la tarde cuando la alarma de incendios se activó nuevamente. Justo comenzaba la terrorífica escena que acabó con la vida de 17 personas.

Matthew Alderman fue uno de los muchos que escucharon la segunda alarma. Vio la gente correr y, como Prochilo, no entendía bien por qué. “Lo primero que pensé no fue en un tiroteo. Y cuando bajé las escaleras y vi gente angustiada decir: '¡código rojo, código rojo!', regresé corriendo a mi clase y escuché muchos tiros”, contó a Univision 23.

Código rojo, que alerta sobre un tirador activo, fue también lo que le avisaron a la profesora Melissa Falkowski, quien había salido del edificio después que escuchó la alarma de incendios. Regresó rápidamente al aula y se escondió en un armario con 19 estudiantes de su clase de periodismo por casi 40 minutos.


Afuera se escuchaban los disparos secos. También los oía Isabela Benjumea, de 14 años, cuando estaba en la clase de inglés. "Yo no sabía qué estaba pasando, estaba en shock, todo pasó muy rápido", explicó a Univisión.

“Mi profesora empezó a gritar y no sabía qué hacer y luego nos dijo: 'Escóndanse, pónganse debajo del escritorio'”, narró Isabela.

La profesora llamó al 911, pero no la escuchaban. “Mis amigos en el salón estaban gritando y llorando. Los tiroteos seguían y seguían, había humo en el pasillo, había gas, no se veía nada hacia afuera. Escuché que estaban tratando de abrir la puerta, pero afortunadamente estaba cerrada con llave porque esa es una de las normas del colegio", agregó.


“Cuando vio que no le abría la puerta (el tirador) siguió hacia otro salón”, recordó cuando ya había salido con escolta policial junto con sus compañeros de clase y pudo contactar a sus padres.

“Ya afuera comencé a ver un mundo de heridos, la ambulancia. Niños sangrando y muy asustados. A una niña que está conmigo en clases de Biología le habían disparado en la pierna, a otra en el ojo, lo tenía muy hinchado. Y había otra niña en el piso sangrando... y yo llamando a mis papás”, dijo.


"No hay nada bueno que ver allí"

Nicole Baltzer, de 18 años, estaba en la clase de trigonometría unos 10 minutos antes del final del día escolar, cuando sucedió todo y corrió para guarecerse. "Escuché muchos disparos, al menos como seis. Estaban muy cerca ", dijo Baltzer.

Un oficial de policía le dijo que cerrara los ojos mientras caminaba delante de un aula con vidrios rotos, diciéndole: " No hay nada bueno que ver allí", dijo.

Jeiella Dodoo, otra alumna, contó a CBS News que al escuchar la alarma de incendio creyó que se trataba de otro simulacro de rutina. Pero su idea original cambió rápidamente: "Escuché seis disparos. Luego algunas personas empezaron a correr y luego todo el mundo empezó a correr porque pensamos 'Si es real, entonces simplemente a correr'".

Fue eso lo que hizo Noah Parness, un estudiante de 17 años, que se dirigía tranquilamente junto a otros alumnos hacia las zonas designadas para simulacro de incendio cuando de repente escuchó varias detonaciones.

“Vimos a varios maestros bajar corriendo por las escaleras, y entonces todo el mundo comenzó a correr”, comentó Parness. “Yo salté una cerca”.


Max Charles, de primer año, estaba en clase cuando escuchó cinco disparos. “Estábamos en la esquina, lejos de las ventanas”, señaló. “La maestra cerró la puerta con llave y apagó las luces. Pensé que tal vez yo podría morir”.

Cuando salía del edificio, dijo que vio los cadáveres de cuatro estudiantes y una profesora. Dijo sentirse aliviado cuando finalmente se abrazó a su madre.

“Yo estaba contento de estar vivo”, manifestó. “Ella estaba llorando cuando me vio”.

Un joven llamado Aidan publicó una foto en redes sociales desde su clase de matemáticas mientras estaba confinado junto con otros de su salón para protegerse.

"Hemos sido liberados. Dios bendiga a Estados Unidos”, tuiteó Aidan después de sido evacuado del edificio. "Aménse. Tal vez nunca sepas cuándo puede ser el último día que conozcas a alguien”.


Angustiantes mensajes de texto

Mientras ocurría el tiroteo muchos alumnos, escondidos bajo sus mesas o en armarios, comenzaron a llamar a sus familiares para decirles dónde se encontraban y cómo estaban.

Algunos estudiantes, temiendo que sus vidas pronto terminarían, enviaron mensajes de despedida a sus seres queridos; otros usaron sus teléfonos para compartir imágenes sorprendentes de la masacre en los medios sociales.

Un joven que esperaba fuera del recinto contó a la televisora MSNBC que también supo de su hermana por mensajes de texto. "He estado en contacto con mi hermana (...) Ella respondió el teléfono en shock y me dijo que había visto gente herida".

Caesar Figueroa contó a CNN que su hija estaba escondida en un armario, mandando mensajes de texto a su familia. Estaba con 10 amigos. " Una ventana estalló y todo el mundo gritaba y corría. Entonces corrió al armario", añadió Figeroa.

A Beth Feingold su hija Brittani le envió un mensaje de texto a las 2:32 de la tarde que decía: “Estamos en código rojo. Estoy bien”, pero más tarde le mandó otro: “ Mamá, tengo mucho miedo”. Posteriormente pudo salir.

Joseph Panikulangara contó que su sobrina Dhiya de 17 años, estudiante de último grado de la escuela, le avisó lo que estaba ocurriendo por mensaje de texto, y le dijo que era un "caos en todas partes".

"Esto es muy triste, muy triste para mí y para mi familia", dijo a AFP.


Caesar Figueroa, padre de una chica de 16, dijo que cuando llegó a la escuela para ver cómo estaba su hija años vio a los policías con las armas desenfundadas mientras se aproximaban al campus.

“Mi esposa llamó y me dijo que había un tiroteo, y que la escuela estaba cerrada. Me puse en camino y vi helicópteros... Era una locura, y mi hija no contestaba su teléfono”. Finalmente ella le envió un mensaje de texto en el que le dijo que estaba oculta con otros amigos en un armario.

El hijo de 17 años de Len Murray, un estudiante de segundo año, les envió a sus padres un aterrador mensaje de texto: “Mamá y papá, hay disparos en la escuela. Afuera se escuchan las sirenas de la policía. Estoy en el auditorio y las puertas están cerradas”. Minutos después volvió a escribir: “Estoy bien”.

Murray tomó su auto y se apresuró para llegar a la escuela. Las autoridades le marcaron el alto debajo de un puente de la autopista, desde donde se ve el plantel. Dijo que le pidió a su hijo que ahorrara la batería de su teléfono y dejara de enviar mensajes, mientras que su madre le solicitó que apagara el timbre.

Solo una cosa pasaba por su mente desde que recibió el mensaje de su hijo. “Solo pensaba en el momento en que lo dejé en la escuela esta mañana. Generalmente le digo ‘Te quiero’, pero no lo hice esta mañana. Tiene 17 años, está en esa edad, y no se lo dije esta mañana, y me seguía lamentando una y otra vez. Díganlo a menudo, sé lo que les digo”.

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