Rehabilitación

La violencia lo paralizó en Caracas y en Miami intenta caminar de nuevo

Una bala inmovilizó a Gianluigi Romano del pecho a los pies. Ahora el venezolano nada, recibe terapias, hace kayak y va al gimnasio para despertar sus músculos.

Balanceándose en las barras paralelas de un parque. Nadando en la piscina de su edificio. Navegando kayak en la bahía de Biscayne. Desplazándose en una caminadora antigravedad. Aunque más de la mitad de su cuerpo no responda, Gianluigi Romano busca la manera de mantenerse en movimiento.

Lo hace porque está seguro de que sus piernas despertarán un día de la parálisis irreversible que le diagnosticaron en 2015, luego de que un desconocido le disparara en Caracas para robarle su iPhone.

Lo hace porque quiere volver a caminar.

Los neurocirujanos que lo examinaron en Venezuela le habían dicho que nunca más usaría sus piernas: una bala había lesionado su médula espinal y dos vértebras de la columna, dejándolo paralizado desde el pecho hasta los pies.

Pero Gianluigi no es pesimista. Tres meses después del asalto que lo dejó en silla de ruedas, abandonó su vida en Caracas y se mudó a Miami, dispuesto a comenzar un régimen de fisioterapias con profesionales que vieron posibilidades de recuperación.

"En Venezuela hay muy buenos terapistas, pero aquí en Estados Unidos hay mucha tecnología que allá no hay", dice el venezolano de 33 años, que este mes cumple un año viviendo en Estados Unidos. "Allá me habían dicho: 'Sigue con tus terapias, pero no vas a caminar más. Tu lesión es irreversible'".

Gianluigi no pierde la esperanza de volver a usar sus piernas, una misión que se ha convertido en un trabajo a tiempo completo. Pero el esfuerzo se hace cada vez más difícil por el costo de sus tratamientos.

Depende de donaciones que recibe a través de una página de GoFundMe para pagar sus terapias. Su silla de ruedas le costó más de 5,000 dólares; los soportes que rodean sus piernas, bloquean sus rodillas y le permiten ponerse de pie, costaron 9,000 dólares.

"Tengo un seguro venezolano que cubre muy pocas cosas. Ha sido una pelea constante, no me cubre casi nada y las terapias las tengo que pagar yo", lamenta Gianluigi, cuyas fisioterapias cuestan entre 130 y 170 dólares por hora.

En Caracas, Gianluigi jugaba fútbol con sus amigos, tenía una rigurosa rutina de gimnasio e incluso entrenaba para completar un triatlón Ironman. De hecho, acababa de salir junto a su novia de una intensa clase de boxeo cuando recibió el disparo que le cambió la vida.

Fue una tarde de marzo. Era sábado. Luego del gimnasio, Gianluigi y su novia llegaron a una mueblería del este de Caracas. Pensaban remodelar su apartamento.

"Me estacioné y una persona que estaba escondida entre dos carros vino corriendo con una pistola en la mano. Él inmediatamente me atacó. Yo caí como en shock, no sé. Creo que por nerviosismo él me empezó a gritar, a pedirme el celular. De repente escuché unos tiros y empecé a perder la respiración. Yo no entendía nada", relata el venezolano.

Uno de los disparos lo alcanzó. La bala entró diagonalmente por su hombro izquierdo, perforó sus pulmones, le fracturó dos vértebras y le rozó la médula espinal.

La idea de no volver a jugar fútbol —sus piernas estaban inmóviles— era inaceptable para Gianluigi, quien eventualmente encontró ayuda en el Miami Project to Cure Paralysis, un centro de investigaciones dedicado a encontrar curas para lesiones medulares como la que él sufrió.

"Ellos vieron mis imágenes y me dieron muchas probabilidades de recuperación", dice Gianluigi sobre los doctores que en 2015 lo recibieron en el centro, cuya sede está en la Universidad de Miami.

Ahora el venezolano trabaja remotamente, administrando mediante reuniones remotas su compañía de remodelación en Venezuela. Se casó con su novia en mayo, y ahora la espera en Miami mientras ella tramita una visa estadounidense desde Caracas.

"Mi esposa y yo pensamos hacer vida aquí. Tenemos pensado hacer muchas cosas, entre ellas una fundación. Mucha gente me ha contactado y me pide asesoría, más que todo venezolanos. Ellos no tienen a nadie allá que les oriente. Hay mucha gente a quien le han disparado, que está en cama, sin terapia, sin nada, deprimidos", dice.

"Lastimosamente para un venezolano venir a Estados Unidos es una fortuna. Se hace imposible si no vienes con ayuda. Yo tenía algunos ahorros y ahorita tengo una deuda muy grande con una persona que me hizo un préstamo", confiesa.

También le gustaría continuar con sus tratamientos y terapias, los que ha tenido que hacer en menor cantidad por falta de dinero: "Cuando empecé en junio (de 2015) venía cinco días a la semana. Ahora hago un tercio de lo que hacía antes. Hoy caminé e hice un ejercicio de balance de tronco, pero pude haber hecho otra hora en bicicleta estática o usar las máquinas de gimnasio".

Los tratamientos han hecho efecto: cuando Gianluigi llegó a Miami tenía dificultades para mantenerse erguido al estar sentado, controlar esfínteres y trasladarse de la silla de ruedas a la cama o incluso al suelo. Un año después no solo puede pararse y caminar con ayuda de aparatos, sino que también es totalmente independiente.

Gianluigi no siente rencor contra su atacante. "Hice la denuncia y ahí quedó", dice, y no le pesa que las autoridades de Venezuela nunca atraparan al malhechor.

Más bien se siente parte de una estadística, y se considera bendecido por estar vivo: "Allá todos los fines de semana muere gente por heridas de bala. No me interesó tampoco (encontrar al atacante) porque ya tenía el problema en mí. Lo que me interesa es resolverlo".

Para ayudar a Gianluigi, visita su página de GoFundMe aquí.

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