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Rudolph Giuliani, el 'hombre fuerte' de Nueva York considerado para un puesto clave en el gobierno de Donald Trump

Fiscal General o secretario de Estado, el exalcalde de Nueva York suena como posible integrante del futuro gobierno republicano, un premio a la lealtad que mostró durante la turbulenta campaña electoral que casi divide al Partido Republicano.
17 Nov 2016 – 1:35 PM EST

La vida en fotos del 'alcalde de América', Rudy Giuliani

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Nació en la multicultural Nueva York. Desarrolló en ella una vida profesionalmente exitosa. Tiene una personalidad estridente y belicosa. Es republicano, aunque esa no fue siempre su militancia. Es una figura controvertida que ha cosechado logros pero también escándalos.

No se trata de Donald Trump, pero tiene mucho en común con él: es el exalcalde de Nueva York, Rudolph Giuliani, y se especula que tendrá un rol crucial en el gabinete del presidente electo.

Giuliani, de 72 años, hizo una apuesta arriesgada en estas elecciones al convertirse en uno de los defensores más férreos del magnate. Una jugada que, al parecer, le saldrá bien: el otrora 'alcalde de América' (por la popularidad que ganó en el manejo de la crisis tras los atentados del 11 de septiembre de 2001) está siendo considerado para puestos de alto rango, entre ellos el de secretario de Estado y Fiscal General del país.

Su designación como jefe de la diplomacia de la primera potencia mundial sería vista como inusual dada su escasa experiencia en el ámbito internacional. Algunos medios también han señalado que su trabajo en firmas de consultoría que representaron a gobiernos y clientes que tienen una relación conflictiva con EEUU, tal como Venezuela, lo dejaría expuesto a las mismas críticas que él profirió contra Hillary Clinton y la fundación que lleva su apellido.

La proyección mundial de Giuliani se debe casi exclusivamente a su actuación como alcalde de Nueva York durante los atentados del 11-S. La revista Time lo nombró “Persona del Año” en ese entonces por el liderazgo que mostró en uno de los momentos más sombríos en la historia de EEUU. “Quiero que las personas de Nueva York sean un ejemplo para el resto del país, para el resto del mundo, de que el terrorismo no logrará frenarnos”, sostuvo Giuliani.

Casado tres veces y abogado de formación, Giuliani se desempeñó también como funcionario de tercer rango en el Departamento de Justicia bajo el gobierno de Ronald Reagan (1981-1989) y fue un fiscal federal que persiguió a los capos de las cinco familias mafiosas de Nueva York.

Antes de ser conocido como el “alcalde de América” su popularidad había sufrido, según recuerda el periodista Jack Newfield en un perfil en The Nation. En 1999, durante su sexto año al frente de la alcaldía de Nueva York, la tasa de aprobación de Giuliani era de cerca del 40%.

Un año después, en medio de un divorcio complicado y de un diagnóstico de cáncer de próstata, se retiró de la carrera al Senado contra la demócrata Hillary Clinton.

El defensor de Trump

Giuliani, un hombre más tolerante con el aborto y el matrimonio igualitario, no es un conservador de manual. El exalcalde incluso expresó posturas abiertas hacia los inmigrantes indocumentados durante sus años al frente de Nueva York.

Así lo recuerda The New York Times en este artículo: “Desde la alcaldía, él a menudo defendía a los inmigrantes ilegales, ordenando a los funcionarios de la ciudad a no denegarles beneficios y abogando por medidas que facilitasen su camino hacia la ciudadanía”.

Pero eso fue antes de que Giuliani aspirase a una ambición mayor: la de ser presidente. En 2007, lanzó una fallida candidatura presidencial por el Partido Republicano en un momento en que la retórica migratoria se había recrudecido. Como candidato, Giuliani intentó amoldarse un poco al nuevo clima y enfocó su discurso en la necesidad de “frenar la inmigración ilegal” en la frontera.

Fue este Giuliani más de derechas el que unió fuerzas con Donald Trump durante su candidatura. En los programas de televisión y mítines del magnate inmobiliario, el exalcalde defendió a Trump ante las críticas por su trato hacia las mujeres, su admiración por el líder ruso Vladimir Putin y su resistencia a revelar su declaración de impuestos.

En ocasiones, a Giuliani le tocó matizar algunas de las promesas más incendiarias del magnate, tal como la de prohibir la entrada de todos los musulmanes al país. Sin embargo, ha adoptado su mismo tono bélico sobre la forma en que EEUU debería responder a la amenaza terrorista y apoya la propuesta del magnate de cerrarle las puertas a los refugiados sirios.

“No respaldo una prohibición total de los musulmanes que ingresen a EEUU. Lo que sí respaldo es un control muy estricto de musulmanes que ingresen a EEUU desde países que registren gran número de grupos terroristas. Por ejemplo, no respaldaría el hecho de traer a refugiados sirios, creo que es un terrible error", dijo en una entrevista a CNN Chile en junio.

Este giro marca un contraste con las emotivas palabras que pronunció ante Naciones Unidas después de los atentados del 11-S en 2001, cuando aseveró que la comunidad musulmana y árabe de Nueva York era una parte "importante" de la gran ciudad. "Nuestra diversidad ha sido nuestra mayor fuente de fortaleza. Es lo que nos renueva y nos revive en cada generación: nuestra apertura a nuevas personas de todas partes del mundo", afirmó en ese entonces.

'Mano dura' en Nueva York

Como alcalde de Nueva York (1994-2002), Giuliani cultivó un estilo combativo que le valió elogios y críticas por igual. Impulsado por su experiencia como fiscal federal, implementó una política de ‘tolerancia cero’ que ayudó a bajar la criminalidad en la metrópoli.

“Incluso sus críticos admiten que, en muchas maneras, Nueva York se convirtió en un mejor lugar para vivir durante los dos periodos de gobierno de Giuliani”, asegura el periodista Jack Newfield. Los asesinatos bajaron de casi 2,000 registrados en el año 1993 a poco más de 600 en 2001.

Pero para muchos detractores, la ‘mano dura’ contra la delincuencia trajo aparejada el avasallamiento de libertades individuales y denuncias de abusos policiales, especialmente contra minorías.

Giuliani aplicó de forma sistemática la práctica de “detención y cacheo”, que consiste en parar y registrar a personas sospechosas. En 2013, una jueza federal la declaró inconstitucional por afectar de manera desproporcionada a negros e hispanos.

Según el Washington Post, pese a que el exalcalde a menudo resalta el supuesto éxito de esta estrategia, “los asesinatos en Nueva York continuaron bajando desde que el NYPD (la policía de Nueva York) casi dejó de usar esta práctica”. Otros también apuntan a la recuperación económica que vivía el país como el factor principal detrás de la caída en la delincuencia en la era Giuliani.

Como defensor de Trump durante la campaña presidencial, Giuliani sacó a relucir sus credenciales como el alcalde que trajo "la ley y el orden" a Nueva York, asegurando que el magnate hará lo mismo a escala nacional. A menudo arremetió contra los activistas del movimiento Black Lives Matter, que denuncian la brutalidad policial contra los negros.

“Cuando dices que las vidas de los negros importan, eso es algo inherentemente racista", afirmó en el programa Face the Nation de CBS en julio. "Las vidas de los negros importan. Las vidas de los blancos importan. Las vidas de los asiáticos importan."


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