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Por qué los demócratas pueden reconquistar ahora el Medio Oeste que dio la victoria a Trump

El presidente ganó en 10 de los 12 estados de esta región en 2016. Ahora, los sondeos para las elecciones de mitad de periodo no le auguran un buen resultado a los republicanos, lo que se suma a escándalos locales o la baja popularidad de algunos los candidatos.
2 Nov 2018 – 3:03 PM EDT

Los votos de los pueblos y las ciudades pequeñas del Medio Oeste ayudaron a Donald Trump a llegar a la Casa Blanca en 2016 pese a recibir tres millones de votos menos que su rival, Hillary Clinton.

Dos años después, el Medio Oeste vuelve a ser un territorio en disputa, pero esta vez los demócratas parten con ventaja. Sus candidatos en esa región podrían arrebatar a los republicanos hasta 14 escaños de la Cámara de Representantes, recuperar el control de asambleas estatales y vencer en varias contiendas a gobernador. ¿Qué ha cambiado en estos dos años para posibilitar un vuelco de esta dimensión?

Lo primero que conviene aclarar son los límites del Medio Oeste. La Oficina del Censo establece que esa región la forman 12 estados: algunos más urbanos e industriales como Michigan, Minnesota, Illinois, Ohio y Wisconsin y otros más agrícolas y conservadores como Iowa, Nebraska, Indiana, Kansas, Missouri, Dakota del Norte y Dakota del Sur. El republicano Mitt Romney sólo ganó seis de esos 12 estados en las presidenciales de 2012. Trump ganó 10 en 2016.

Sondeos contra los republicanos


Ese giro llevó a algunos analistas a pensar que el resultado era el reflejo de un giro estructural en el Medio Oeste y que estados industriales como Michigan y Ohio quedarían pronto lejos del alcance de los demócratas al ser lugares con menos diversidad étnica y con más votantes blancos sin educación universitaria que otras regiones del país.

Ese diagnóstico se antoja prematuro a la luz de los últimos sondeos, que auguran un mal año para los republicanos en muchas de las carreras en disputa durante esta elección. Salvo sorpresa, cinco senadores demócratas ganarán la reelección en Minnesota, Ohio, Michigan y Wisconsin y otros dos son favoritos por un margen estrecho en estados que ganó Trump hace dos años: Claire McCaskill en Missouri y Joe Donnelly en Indiana.


La ventaja de los demócratas es aún más pronunciada en las contiendas a gobernador que se celebran en nueve estados del Medio Oeste. Los sondeos auguran que Minnesota seguirá teniendo un gobernador demócrata y Nebraska uno republicano, pero apuntan a un cambio en otros estados.

Según esas encuestas, los demócratas Gretchen Whitmer y J. B. Pritzker son favoritos en Michigan e Illinois, al igual que sus colegas azules en Ohio, Wisconsin y Iowa, tres estados que ganó Trump hace dos años y que los republicanos gobiernan desde 2010. La carrera está muy abierta en otros dos estados rurales que votaron por Trump: Kansas y Dakota del Sur.

En 2014 los republicanos ganaron el escaño a gobernador en ocho de los nueve estados que están ahora en disputa. Esta vez, las encuestas auguran su triunfo solo en Nebraska y es bastante probable que en seis de los nueve estados queden fuera del poder.

Los triunfos de 2010 ayudaron a los republicanos a diseñar distritos electorales que convierten mejor sus votos en escaños. En las elecciones a la Cámara de Representantes de 2012, por ejemplo, los republicanos sacaron un millón de votos menos que los demócratas pero lograron 33 escaños más. Sembrar ahora el Medio Oeste de gobernadores azules tendría esa ventaja añadida para los demócratas: participar en el nuevo rediseño de los distritos, que los estados deben hacer en 2020.

Trump: ¿un activo o un problema?


“El Medio Oeste es una región que siempre está en liza y que a menudo se vuelve contra el partido que gobierna”, explica Kyle Kondik, autor de un libro sobre el perfil demográfico de Ohio y editor de la influyente newsletter Sabato’s Crystal Ball. “Mi impresión es que los republicanos lo tendrían mejor en esos estados si hubiera un presidente demócrata como en 2010 o en 2014. A menudo los habitantes de esa región castigan al partido en el poder”.

El espectro del presidente es un arma de doble filo en el Medio Oeste. “Trump es a la vez un activo y un problema para los republicanos”, dice el veterano consultor demócrata Paul Tewes, que organizó la histórica campaña de Obama en Iowa en 2008 y conoce muy bien la demografía de la región. “El presidente ayudará a movilizar a las bases republicanas, pero también sacará a votar a las bases demócratas y yo diría que es un problema enorme para muchos candidatos en distritos moderados. Por eso algunos están optando por mantenerse lejos de él”.

No todas las carreras dependen del presidente. Muchas tienen que ver con escándalos locales o con la popularidad de quien está a punto de dejar el cargo. Un buen ejemplo es Michigan, donde la demócrata moderada Gretchen Whitmer ha consolidado una ventaja cómoda durante la campaña ayudada por el descrédito del gobernador republicano Rick Snyder, que no supo gestionar la crisis del agua envenenada de Flint.

Los republicanos de Ohio han sufrido varios escándalos y no han logrado sobreponerse al adiós de John Kasich, un gobernador muy popular que ya no puede volver a presentarse. La carrera por sucederle está abierta, pero los demócratas parten con una ventaja: la presencia en la papeleta del senador Sherrod Brown, cuya popularidad puede empujar a los votantes a apoyar a su colega Richard Cordray, candidato a gobernador.


Al otro lado del Lago Michigan, el republicano Scott Walker podría perder en Wisconsin después de ocho años en el poder. Walker aprobó recortes en los servicios públicos y abanderó la lucha contra el poder de los sindicatos. Su rival es Tony Evers, un candidato que ha centrado su campaña en la educación. Sus propios votantes definen a Evers como un tipo soso, pero por ahora mantiene una ligera ventaja en las encuestas.

El caso de Iowa es especialmente interesante. Los republicanos gobiernan el estado desde 2011, pero la gobernadora actual, Kim Reynolds, lleva en el cargo poco más de un año. Su rival es Fred Hubble, un demócrata centrista que dirigió varias empresas antes de lanzarse a la política. Trump ganó Iowa por 10 puntos hace dos años. Los sondeos sitúan ahora al candidato demócrata ocho puntos por delante de su rival.

Los temas comunes


Al margen de las dinámicas específicas de cada estado, hay algunos factores que unen a todas las carreras de la región.

“El problema que más preocupa a los votantes es la Sanidad”, dice Tewes. “Es interesante cómo algunos candidatos republicanos han virado en este asunto y ahora defienden algunas de las cláusulas de la reforma sanitaria de Obama. Otro asunto que será muy importante en muchas regiones rurales del Medio Oeste son los aranceles de Trump. Esos aranceles afectan a muchos votantes republicanos de Iowa, Minnesota o Illinois”.

A los demócratas no les basta con una abstención más alta entre los republicanos. Necesitan llevar a las urnas a los votantes afroamericanos de ciudades como Detroit, Cleveland o Milwaukee, que se quedaron en casa en noviembre de 2016. Ese empeño será más difícil en estados como Ohio o Wisconsin, que han aprobado leyes diseñadas para reducir el voto de las minorías.

En el Medio Oeste serán también decisivos quienes votaron por Obama en 2012 y apoyaron después a Trump en 2016. Muchos de esos votantes son blancos sin educación universitaria que viven en condados rurales de Wisconsin, Michigan y Ohio. Los demócratas no necesitan derrotar a los republicanos en ese segmento, pero sí recuperar algunos de los votos que perdieron en 2016.

Un sector del electorado que juega a favor de los demócratas son las mujeres que viven en los suburbios ricos de estados como Ohio. Esas mujeres, que votaron por republicanos menos estridentes como John Kasich o Rick Snyder, no soportan el estilo bronco del presidente y podrían ayudar a los candidatos progresistas en la región.

En cualquier caso, algunas voces demócratas creen que sus candidatos no deberían obsesionarse con convencer a grupos específicos de la población. “Hay un dicho en la Armada que dice que uno debe quitar los ojos del radar y abrir de vez en cuando la ventana”, decía este jueves el excongresista Steve Israel, que ejerce ahora como fellow en el Institute of Politics de la Universidad de Chicago. “Hillary Clinton miró mucho al radar de los sondeos y Trump en cambio abrió la ventana. Escuchó el enfado de los votantes y quizá por eso ganó”.

Es un consejo similar al de Paul Tewes, que cree que los candidatos demócratas deben hablar con todos los votantes sin importar su ideología ni su extracción social: “El problema de la campaña de Hillary Clinton fue que se olvidó de los independientes y de los habitantes moderados de los suburbios. Un buen candidato debe escuchar a todo el mundo y debe hacerlo también el día antes de las elecciones. Nunca sabes de qué humor está la gente ese día. Uno nunca debe asumir que no puede convencer a sectores grandes de la población”.

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