¿Para qué Trump quiere un desfile militar al estilo soviético por las calles de Washington DC?

El presidente dijo haberse inspirado en la celebración de la Toma de la Bastilla en París, y mientras algunos lo ven como un merecido reconocimiento a las tropas, otros lo ven como inútil y hasta peligroso.

En EEUU los militares son una clase reverenciada. No es extraño ver cómo en restaurantes, aeropuertos y otros lugares públicos algunos ciudadanos se acercan a los uniformados para agradecerles "su sacrificio", del que entienden que dependen la libertad que disfrutan. Pero no es una sociedad militarista ni militarizada.

Por eso ha generado algún revuelo la idea de Donald Trump de realizar un desfile militar para mostrar al mundo el poderío de las fuerzas armadas estadounidenses. No es que haya mucha gente que dude de ese poder de fuego, pero el presidente parece creer que es algo necesario para apuntalar el prestigio nacional.

En EEUU no suelen hacerse este tipo de ceremonias en las que las que se hace exhibición de armamento pesado, como sucede en otros países (como China, Corea del Norte, Rusia, Irán o naciones latinoamericanas). Las ha habido ocasionalmente cuando hay victorias militares que Washington quiere marcar con orgullo.

La última vez que se dio fue en 1991, al final de la llamada Operación Tormenta del Desierto con la que una coalición internacional encabezada por Washington desalojó de Kuwait al ejército del Irak de Saddam Hussein.

Eran los tiempos inmediatos de la post guerra fría y la caída del Muro de Berlín, por lo que puede decirse que de alguna manera era una celebración de victoria, no solo en aquel conflicto contra Saddam, sino en la imposición del “nuevo orden mundial” unipolar que con el fin del comunismo el presidente George H.W. Bush había decretado.

Una década después, el Pentágono se metió en una segunda y muy polémica guerra en Irak, cuyo retiro paulatino no dio para demasiadas celebraciones, y otra en Afganistán que todavía continúa, el conflicto más prolongado en el que se han visto involucrados los estadounidenses, así que ese desfile debe esperar.


Ni siquiera cuando cada mayo los soviéticos sacaban sus tanques y misiles para marcar su triunfo sobre la Alemania nazi en la Segunda Guerra Mundial (1939-45), los estadounidenses creían necesario hacer un desfile equivalente ante la otra superpotencia enemiga nuclear. Y aunque Rusia mantuvo la tradición, EEUU siguió sin hacer desfilar sus tropas en la calle.

Antes de 1991 los militares desfilaron al final de la Primera y la Segunda Guerra Mundial, en 1919 y 1946, respectivamente. En 1953, cuando el jefe de las tropas que pelearon en esta última, el general Dwight D. Eisenhower, llegó a la presidencia y en 1961, cuando asumió el poder John Fitzgerald Kennedy, hubo fuerte presencia de uniformados y hasta arsenal (incluyendo misiles nucleares) en el tradicional desfile inaugural del nuevo gobierno.

Desfiles civiles

No es que a los estadounidenses no les gusten los desfiles. En el día nacional por excelencia, el 4 de Julio, desde las grandes ciudades hasta los pueblos más pequeños organizan los suyos para celebrar el Día de la Independencia. Pero son asuntos muy civiles, en los que dominan las bandas de colegios, las sociedades locales, los grupos de policías y bomberos y también algún que otro soldado de destacamentos locales, generalmente a pie y sin arsenales que mostrar. También desfilan los veteranos de otras guerras con sus viejos uniformes.

En grandes eventos deportivos a veces pasan rasantes por los estadios alguna formación de aviones militares dejando una estela con los colores de la bandera, pero en esos casos lo que se busca es más el efecto teatral de la muestra que una demostración de poder bélico.

Por eso hay a quien alerta que la propuesta de Trump es una demostración más de las veleidades totalitarias y de la intensificación de una alarmante vena nacionalista y populista que ven en el presidente. Incluso algunos hablan cierta nostalgia de Trump por los viejos tiempos de la Guerra Fría.

Oficialmente se ha dicho que la idea le surgió al presidente después de participar en el desfile anual que cada 14 de julio hacen desde 1880 en Francia para conmemorar la Toma de la Bastilla, la fortaleza parisina cuya caída en esa fecha de 1789 es símbolo del triunfo de la Revolución Francesa y el fin de la monarquía.

Al menos este año, en EEUU sí hay algo que celebrar: en noviembre de este año se cumplen 100 años del fin de la Primera Guerra Mundial, un conflicto en el que Washington solo intervino hacia su final, pero que representó el debut de sus tropas en la escena internacional de la que no se han retirado desde entonces.


De hecho, la víspera de la apertura de los Juegos Olímpicos de Invierno en la vecina Corea del Sur, los norcoreanos adelantaron el tradicional desfile con el que marcan la creación de su ejército, algunos dicen, para aprovechar que los ojos del mundo miran hacia la región.

Como sucedió en 1991 en ocasión del último desfile militar estadounidense (y como sucede con muchas propuestas del presidente), la iniciativa ha generado divisiones entre quienes aplauden el gesto como un reconocimiento al sacrificio de la clase militar y a quienes les parece un inútil gasto de dinero.

Ese debate alimenta la polarización que favorece el discurso presidencial al trazar una división entre los “verdaderos patriotas” y las élites liberales “traidores” a las que acusa de estar avergonzadas por lo que representa EEUU ( entre esos se deben contar con seguridad aquellos "antiestadounidenses" que no aplauden sus discursos, como dijo en un evento en Ohio días atrás)

No es solo cuestión de debate político o pulso patriotero. A otros les preocupan cosas prácticas, como la factura en transporte de llevar tanques, cañones y otros artefactos hasta la ciudad en la que se vaya a realizar la ceremonia (Washington o Nueva York), el costo del combustible que consumirán los notablemente poco económicos tanques de guerra y hasta lo que va a costar despúes reparar las calles destrozadas por las orugas de los vehículos militares.

Entre los republicanos, siempre tan agradecidos del sacrificio de los militares, también hay críticos. En palabras del senador republicano John Kennedy (sin vínculos con el clan homónimo), quien estima que ·el país más poderosos de la historia de la humanidad” no necesita mostrar su poderío bélico, porque “la confianza es silenciosa y la inseguridad gritona”.

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