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“Menos regulaciones, más empleo”, la falacia económica que usa Trump para salirse del Acuerdo de París

El argumento contra las "regulaciones mata-empleos" que usa el presidente Trump es viejo y convincente, solo que no está respaldado por los estudios ni por la experiencia. Eventualmente, la frustración en zonas deprimidas del país podría profundizarse.
1 Jun 2017 – 5:59 PM EDT

Con el anuncio del retiro del Acuerdo de París sobre cambio climático, Donald Trump cumple una de sus más sonoras promesas de campaña: deshacerse de pactos y acuerdos internacionales que atentan contra el desarrollo económico y la creación de empleos en EEUU.

Es una medida que con seguridad será bien recibida en esas regiones a las que como candidato presidencialprometió recuperar trabajos desaparecidos mediante el desmontaje de las regulaciones establecidas por la Agencia de Protección Ambiental (EPA). Un punto que tuvo mucha resonancia en estados mineros como Kentucky, Virginia Occidental o Pennsylvania.

Eso de las “regulaciones mata-trabajos” es un viejo concepto muy acariciado por los sectores conservadores y por muchos dentro del Partido Republicano. Para ellos, Trump es la respuesta a sus plegarias para desmantelar leyes y códigos que consideran que impiden que la industria prospere y genere más trabajos.

La decisión anunciada el jueves por Trump es política, no basada en consideraciones científicas. El propio presidente parece aceptarlo cuando dijo en su discurso desde el jardín de la Casa Blanca que el Acuerdo de París “es menos sobre el clima y más sobre otros países ganando ventaja financieras sobre EEUU”.


Pero la movida tampoco parece estar respaldada con una visión amplia económicamente hablando, aunqueTrump asegurara en sus palabas que su motivación central eran los trabajadores (”a quienes amo”, dijo en un momento saliéndose de guion)

Las investigaciones indican que no existe una relación directa entre nivel de empleo y regulaciones ambientales, salvo naturalmente en aquellos sectores directamente afectados como minería y energía.

Regulaciones "excesivas"

La Casa Blanca insiste en vincular controles con pérdida de empleos, aunque eso no está respaldado por los principales estudios y ni siquiera por la experiencia.

El presidente aseguró que mantenerse en el acuerdo costaría a EEUU 2,7 millones de empleos para 2025, citando un cuestionado reporte que la National Economic Research Associates (NERA) hizo para el conservador Consejo Estadounidense de Formación de Capital y que, según sus críticos, no toma en cuenta los potenciales beneficios económicos de la reducción de emisiones y el desarrollo de nuevas tecnologías.

“El acuerdo (de París) no elimina los trabajos en el carbón. Solo los transfiere de EEUU a otros países”, afirmó Trump, reforzando su argumento de la defensa de los trabajadores.

Pero salirse del convenio no asegura la vuelta de esos empleos, sobre todo esos en la minería que la Casa Blanca dice querer defender.


“Hay un malentendido fundamental. Primero, en cómo opera el Acuerdo de París, que no dicta la política energética nacional. Y segundo, en cómo funciona el mercado de energía estadounidense”, indicó a Univision Noticias Luke Basset, especialista en energía del liberal Centro para el Progreso Estadounidense.

“Para el carbón, los aumentos o descensos en la demanda tienen más que ver con la competencia del gas natural, energía eólica y crecientemente de solar a la hora de construir plantas para la generación de electricidad”.

El carbón no ha podido hacer frente a fuentes de energía más baratas y limpias que compiten en el sector eléctrico lo que ha llevado a las mineras a buscar mayor rendimiento a través de la mecanización y automatización de procesos, algo a su vez que ha terminado desplazando a los obreros del sector. Por eso se da la aparente paradoja de que mientras EEUU produce casi un 50% más del carbón que producía en la década de los 40, emplea un octavo del personal.

Algo que reconoció Robert Murray, jefe ejecutivo de Murray Energy, la mayor empresa carbonera privada de EEUU (Potencialmente una de las mayores beneficiarias del desmontaje de las regulaciones)

“Yo sugerí (a Trump) que moderara sus expectativas. Esas son mis palabras exactas. Él no puede traer de vuelta esos empleos”, dijo Murray en una entrevista con el diario británico The Guardian en referencia a una reunión que tuvo con el presidente en febrero pasado.

El ejemplo del aire limpio

Para contrarrestar la especie de que las regulaciones ambientales perjudican a la industria y al empleo, grupos de defensa del medio ambiente recuerdan que la Ley de Aire Limpio de 1990 tuvo un efecto positivo en la economía en general, al crear nuevas tecnologías y abrir nuevos campos de trabajo.

“Desde 1970 un aire más limpio y una economía en crecimiento van de la mano. La ley ha creado oportunidades de mercado que han ayudado a inspirar innovación en tecnologías más limpias, tecnologías en las que EEUU se ha convertido en el líder del mercado global”, se lee en la página web de la EPA en la que se evalúa el beneficio de aquellas regulaciones.

No se trata solo de beneficios económicos directos, sino de impactos sociales medibles, como las mejoras en salud, reducción de los costos de salud y aumento de la productividad y de la calidad de vida.

Lo cierto es que no hacía falta salirse de París para exponer un punto político, ni siquiera para dar la sensación de cumplimiento de una promesa de campaña. Ya el gobierno republicano había dejado claras sus intenciones cuando firmó las órdenes ejecutivas con las que planteaba la revisión del Plan de Energía Limpia (Clean Power Plan) de Barack Obama.

Incluso antes, cuando el presidente postuló a Scott Pruit, un declarado enemigo de los "excesos" de la EPA, para dirigr la agencia protectora del ambiente.

El cambio climático en imágenes

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