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Los estudiantes de Parkland también se enfrentan a teorías conspirativas que buscan desacreditarlos

Una semana después de haber visto morir a 14 compañeros y 3 profesores a manos de un excompañero de 18 años, las nuevas caras del movimiento contra la violencia armada son víctimas de una campaña de desprestigio desde medios de derecha.
21 Feb 2018 – 03:05 PM EST
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Los jóvenes que tras la tragedia de Parkland se convirtieron en los nuevos rostros de la campaña por la regulación de armas están sufriendo un duro estreno en el mundo de la política al ver cómo promotores de teorías conspirativas refutan sus argumentos y hasta degradan la validez de su dolor.

Medios conservadores, personalidades derechistas y grupos que defienden el derecho a portar armas han arremetido contra esos muchachos que hace apenas una semana perdieron 14 compañeros y 3 profesores cuando un exestudiante irrumpió en la escuela secundaria Marjory Stoneman Douglas de ese suburbio al norte de Miami con un rifle semiautomático AR-15.

Los han llamado “actores”, han cuestionado que los jóvenes traumatizados por la experiencia vivida sean capaces de razonar y otros se han burlado de la rabia que algunos expresaron el martes cuando la Asamblea Legislativa de Florida se negó a considerar una prohibición de rifles de asalto.


Hasta el hijo del presidente, Donald Trump Jr., se ha hecho eco de esas teorías al darle “like” a dos mensajes en Twitter de sitios ultraconservadores que descalifican a los estudiantes.

Sitios web como Breibart News o Infowars, que suelen diseminar informaciones falsas o no bien fundamentadas en su agenda contra lo que consideran posiciones liberales, han promovido la corriente de que dos de las figuras más conocidas del nuevo movimiento contra las armas, David Hogg y Emma González, son “actores” que viajan por el país reaccionando a crisis de este tipo.

“Actores”

No hay una explicación de quién los contrataría, ni en qué otras “crisis” han aparecido. A no ser que se acepte como prueba un reportaje de una televisora local de California de agosto pasado en el que Hogg aparece declarando sobre el incidente que un amigo suyo tuvo con un salvavidas de la playa Redondo.

Esa fue la “prueba” que envió Benjamin Kelly, hoy exasistente del representante estatal de Florida, el republicano, Shawn Harrison, cuando el Tampa Bay News le pidió que sustentara la acusación que hizo en un mail que envió al editor del diario en Washington DC.

Tras enterarse de lo dicho por su asistente, Harrison anunció primero su suspensión y luego su despido. Hasta el senador de Florida Marco Rubio, quien asegura que un mayor control de armas no solucionaría el problema de la violencia en las escuelas, criticó que alguien pusiera en duda la honestidad de los jóvenes que exigen acción al gobierno.


Un sitio de extrema derecha que apoya la agenda conservadora de Trump presenta una nota en la que indica que Hogg es un “infiltrado” porque al ser “hijo de un agente del FBI” (en realidad su padre está retirado del buró) su función sería la de desviar la conversación de la supuesta responsabilidad de la agencia al fallar en detectar la amenaza que representaba el pistolero, pero que recibió denuncias en ese sentido.

El ‘problema’ de la juventud

La juventud y el trauma vivido es vista como un punto débil de los activistas para el conocido periodista Bill O´Reilly, la exestrella de Fox News que renunció el año pasado cuando se supo de los acuerdos millonarios con los que resolvió varias demandas por acoso sexual.

“La gran pregunta es: ¿deben los medios promover opiniones de adolescentes que están en un estado emocional y enfrentando la extrema presión de sus similares en algunos casos?”, tuiteó O´Reilly poniendo en duda la capacidad de los estudiantes de presentar un argumento sólido en favor del control de armas.


Y el presentador tiene la respuesta, que es: “No, los medios no deberían”, al tiempo que sugiere que políticos de izquierda están manipulando a los estudiantes para perjudicar al gobierno de Donald Trump, contra el que O´Reilly asegura desde hace tiempo que hay un “golpe de estado” en marcha.

Desde Tallahassee, la capital de Florida, uno de los sobrevivientes de la masacre de Parkland, Alfonso Calderón, cuestionó que se les desacredite “porque somos sólo muchachos”, según dijo en una rueda de prensa luego de una grupo de estudiantes del colegio se reunió con legisladores locales para pedirles que adopten leyes que ayuden a evitar tragedias como las que vivieron ellos.

“No porque seamos niños, no entendemos. Estuve cuatro horas encerrado en un armario. Entiendo qué es mandar un mensaje de despedida a mis padres", fue la respuesta de Calderón a quienes critican su juventud.

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La reacción de los jóvenes de Parkland ante la negativa a limitar las armas de asalto

Redes sociales implacables

Los ataques contra los jóvenes de Parkland han sido más nutridos y despiadados en redes sociales.

Cameron Kasky, otro de los líderes del movimiento surgido en Florida, tuvo que salirse temporalmente de Facebook, según aseguró, acosado por “amenazas” de gente afín a la Asociación Nacional del Rifle (NRA).

“Temporalmente fuera de Facebook porque no hay límite de caracteres así que las amenazas de muerte de los cultores del @NRA son un poco más gráficas que las de Twitter- Regresaré cuando tenga tiempo para eso. Ocupado con mis sentimientos heridos por compañeros adolescentes en Br**tb*rt”, escribió Kasky en aparente referencia al sitio de noticias de derecha Breibart News, uno de los que ha dado una cobertura crítica al movimiento juvenil contra las armas.

Una búsqueda superficial en YouTube muestra varios videos respaldando las teorías contra Hogg, el incidente en la playa de California y las entrevistas en las que se ve forzado a explicar que él no es un actor.

Dinesh D'Souza, un polémico cineasta y autor que suele atacar las posiciones liberales, tuiteó la foto de un grupo de estudiantes de Parkland con rostros llorosos cuando escucharon que la Cámara de Representantes de Florida no discutiría una ley para prohibir las armas de asalto que está en un comité legislativo desde que los demócratas la propusieron el año pasado.

“La peor noticia desde que sus padres les dijeron que buscaran trabajos para el verano”, escribió D'Souza quien además puso en duda la espontaneidad del dolor que expresaban los jóvenes al decir que era “actuada” y por tanto no podía solidarizarse con ellos.


Quince horas después D'Souza presentó una disculpa, aseguran que aunque su crítica iba dirigida a los medios que explotaban la tragedia, fue “insensible con estudiantes que perdieron amigos en una terrible tragedia”.

Otra dura voz conservadora es la del excongresista republicano por Florida Allen West, quien colocó una foto en su cuenta Twitter en la que presenta al atacante de Parkland junto a cinco estadounidenses de origen árabe responsables de ataques terroristas (aunque no existe ningún vínculo entre Nikolas Cruz y grupos extremistas islámicos)

“Una tendencia altamente perturbadora emerge entre Florida y otros tiroteos masivos – demuele la narrativa liberal”, escribe West, quien era considerado uno de los más destacados congresistas vinculados al Tea Party, el movimiento conservador que surgió entre el Partido Republicano tras el triunfo de Barack Obama en 2008.

Pero cuando se entra al blog de West la nota se sabe que la “tendencia” no es, como sugiere la foto, motivaciones terroristas en Parkland o el que hayan usado el mismo tipo de fusil semiautomático AR-15, sino los “errores” del FBI de no haber detenido acciones de personas que algún momento tuvo en su radar.

Viejos ataques, nuevas teorías

Con cada tiroteo, surgen las teorías de conspiración, de la misma manera que los reclamos para limitar el acceso a las armas.

Alex Jones, director de Inforwars, sigue manteniendo que la masacre de Sandy Hook en diciembre de 2012, en la que 20 niños y 6 adultos fue un “simulacro” y ha rehusado a disculparse con los padres de las víctimas, mucho menos a reconocer su ofensivo error.

Y como sucedió con Sandy Hook, o más recientemente con las masacres en Las Vegas, de octubre de 2017, o de Orlando, en junio de 2016, y muchas otras, desde la extrema derecha surgen voces de defensores del derecho al porte de armas dispuestos a aplastar a quienes pretendan presentar casa nueva masacre como razón para legislar sobre el tema, sin importar la edad o el trauma de los sobrevivientes.

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