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Lo que a Trump le pareció la "increíble oferta" de Putin para interrogar un exembajador resultó no ser buena idea

Tres días le tomó a la Casa Blanca aclarar que no está pensando dejar que exfuncionarios o ciudadanos estadounidenses sean interrogados por la justicia de Rusia, en la tercera corrección que ha debido hacer sobre cosas que dijo el presidente en su reunión con su colega ruso.
19 Jul 2018 – 6:21 PM EDT

La cumbre fue corta, pero el trabajo de control de daños que dejó para Donald Trump no termina y cuatro días después la Casa Blanca se ha visto en la necesidad de hacer la tercera corrección o aclaratoria sobre cosas que se dijeron el presidente estadounidense y su colega ruso Vladimir Putin en Helsinki.

Le tomó a la Casa Blanca tres días para aclarar que no era viable que Rusia interrogara a un exembajador estadounidense y otros ciudadanos, como había sugerido Putin en la rueda de prensa del lunes al final del encuentro en un intercambio para que el fiscal especial Robert Mueller entreviste a los agentes rusos que acusa de intervenir en el proceso electoral de 2016.

Trump saludó la iniciativa en principio como una “increíble oferta” generando asombro y malestar en EEUU. Incluso, la portavoz de la presidencia, Sarah Sanders, dijo el miércoles que era un tema bajo consideración, lo que avivó las críticas de quienes consideran inadmisible que el gobierno estadounidense ponga a sus ciudadanos a disposición de una nación que consideran hostil con un sistema de justicia cuestionado.

Este jueves Sanders se corrigió a sí misma, y de paso al presidente, al declarar en un comunicado que “es una propuesta hecha con sinceridad por el presidente Putin, pero el presidente Trump está en desacuerdo”.

La corrección, la tercera al hilo desde que terminó la cumbre, se produjo poco antes de que el Senado aprobara por una inusual unanimidad 98 votos a favor y 0 en contra una resolución advirtiendo que el ejecutivo no puede entregar a Rusia a ningún exfuncionario estadounidense.

Y aunque se trata de una resolución no vinculante es una cachetada a la Casa Blanca por la sola consideración que hizo por unos días de establecer una “colaboración” con Moscú en la investigación del llamado ‘Rusiagate’, algo que muchos críticos decían que equivalía a invitar al principal sospechoso de un crimen en el trabajo de la policía que lo investiga.

¿Y la inmunidad diplomática?

Al centro de la controversia está el exembajador de EEUU en Moscú, Michael McFaul, quien durante su gestión entre 2012 y 2014 fue uno de los promotores de la llamada Ley Magnitsky, que estableció sanciones contra funcionarios y empresarios rusos.

En la rueda de prensa de Helsinki, Putin indicó que hay una docena de estadounidenses con los que los fiscales rusos quisieran hablar sobre su supuesta injerencia en política interna de Rusia.

“No se trata solo de mí. Se trata del interés nacional estadounidense. No podemos permitir este tipo de equivalencia moral cuando lidiamos con Vladimir Putin”, dijo McFaul la mañana del jueves en entrevista con MSNBC, cuando todavía la Casa Blanca no había hacho la aclaratoria final.


Mucho antes de la Casa Blanca, el miércoles la portavoz del Departamento de Estado, Heather Nauert, había indicado que los señalamientos de Putin eran “absolutamente absurdos”.

Su jefe, el secretario Mike Pompeo dijo en una entrevista con la Christian Broadcasting Network que las aspiraciones rusas “no iban a suceder”.

“La administración no va a enviar, a forzar a viajar estadounidenses a Rusia para que sean interrogados por Vladimir Putin y su equipo”, dijo Pompeo.

Para entender el furor que causó el que la Casa Blanca siquiera considerara la “oferta” de Putin hay que entender que ningún país somete a la justicia de otro a sus diplomáticos, quienes de hecho gozan de inmunidad para poder ejercer sus funciones sin temer amenazas.

Washington ni siquiera reconoce la competencia de la Corte Criminal Internacional que se creó en 1998 bajo el Estatuto de Roma, precisamente porque considera que sus ciudadanos y militares desplegados en operaciones en el exterior no tienen suficientes garantías de que no serán objeto de procesos politizados.

Semana de correcciones

Esta la tercera corrección en tres días que se hace sobre cosas que dijo Trump en la cumbre con Putin.

El martes fue el mismo presidente, quien dijo que lo que había querido decir cuando dijo que, pese a la información recibida de sus agencias de inteligencia, “no veía razones por las cuales habría sido” Rusia la responsable de la injerencia detectada en las elecciones de 2016 era que “no veía las razones por las cuáles NO habría sido” Rusia.


En esa misma ocasión, leyendo su declaración, el presidente aseguró que tenía total confianza en sus servicios de inteligencia, algo sobre lo que no fue tan categórico cuando se le preguntó en la rueda de prensa con Putin.

Al día siguiente, el presidente respondió a los periodistas en la Casa Blanca de una manera que dio a entender que no consideraba que los rusos fueran actualmente una amenaza para los sistemas electorales estadounidenses.

En este caso la Casa Blanca “aclaró” que el presidente lo que quería decir es que no iba a responder más preguntas, una explicación que no convenció a muchos de quienes presenciaron el intercambio con el mandatario.

Todo el revuelo que ha causado, tanto entre demócratas como republicanos, lo que describen como la "vergonzosa" actuación de Trump, refuerza las tesis de que el estadounidense no estaba preparado para entrevistarse con Putin, un consumado político que maneja los destinos de Rusia desde hace dos décadas y quien es un hombre ducho en los manejos políticos internacionales.

En fotos: La reunión privada entre Vladimir Putin y Donald Trump en Helsinki

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