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La Casa Blanca y el FBI, en rumbo de colisión por un informe del Congreso

La publicación de un memo criticando el supuesto "abuso de poder" de la agencia al investigar a un asesor de la campaña de Trump promete desatar una crisis entre el poder ejecutivo y el cuerpo federal de investigaciones.
1 Feb 2018 – 07:21 PM EST
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La Casa Blanca y el FBI parecen rumbo a una delicada colisión a causa de un polémico memo y del llamado ‘ Rusiagate’, una situación inédita que podría tener serias consecuencias para la tradicional independencia de una de las más prestigiosas policías investigativas del mundo.

Pese a las objeciones de la agencia y del Departamento de Justicia, el presidente Donald Trump está dispuesto a que se publique un polémico memorando redactado por el presidente del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, Devin Nunes, en el que se pone en duda la profesionalidad del FBI al investigar a un exasesor de la campaña republicana.

El jefe del FBI, Christopher Wray -nombrado por Trump para reemplazar a James Comey, a quien despidió intempestivamente en mayo en medio de la investigación del ‘Rusiagate’- está frustrado porque el mandatario no toma en cuenta sus argumentos sobre los riesgos a la seguridad nacional que, estima, implicaría la presentación del documento de Nunes.

Con todo el debate en torno al memo sobre el FBI se están viendo en Washington cosas raras: como que los republicanos quieran arrojar luces sobre los frecuentemente misteriosos procedimientos de los cuerpos de vigilancia gubernamentales y que, en cambio, los demócratas defiendan la necesidad de mantener ciertas cosas en secreto en aras de la institucionalidad, cuando históricamente ha sido a la inversa.

El memo de Nunes

El polémico documento ha sido bautizado como ‘el memo de Nunes’ y, según quienes lo han visto, ayudaría a reforzar la tesis que promueve Trump desde el principio del proceso de que toda la investigación del Rusiagate es una “cacería de brujas” políticamente motivada.


El buró empezó a investigar las comunicaciones de Carter Page, asesor de política exterior de la campaña de Trump, luego de un viaje que hizo a Moscú en julio de 2016 y que levantó sospechas de los investigadores. Para eso pidió autorización a un tribunal especial de las conocidas como cortes FISA, que manejan la Ley de Seguridad Inteligencia Extranjera.

El problema, según el memo, es que la solicitud se hizo supuestamente con base en el también famoso reporte sobre Trump que hizo el exespía británico Christopher Steele para la empresa Fusion GPS por encargo de la campaña de Hillary Clinton y que contiene datos vergonzosos no confirmados sobre excesos del hoy presidente y sus supuestos contactos con Moscú.

Los expertos indican que es poco probable que ese informe haya sido el único fundamento del FBI para solicitar autorización para vigilar a Page, pero afirman que la presentación del memo dañará a la agencia y de paso arrojará dudas entre la opinión pública sobre la investigación del Rusiagate que realiza el fiscal especial Robert Mueller. Algunos afirman que esa precisamente es la intención de los republicanos.

Esos mismos expertos indican que en un simple memo no puede develar una supuesta conspiración de ese tipo, sin haber tenido acceso a toda la información que el FBI tenía sobre el caso. El peligro adicional, dice el FBI, es que deje en evidencia algunos métodos que aseguran que deben mantenerse secretos por el bien de la seguridad nacional.

Nunes, el “infiltrado”

El presidente de la Cámara de Representantes, Paul Ryan, aseguró que se trata de preservar las libertades ciudadanas con la correcta supervisión de cómo se usan las cortes FISA.

“Esto no es una acusación contra nuestras instituciones o nuestro sistema de justicia. Este memo no es un señalamiento contra el FBI o el Departamento de Justicia. No es una impugnación de la investigación (del ‘Rusiagate’) del vice fiscal general”, aseguró la tarde del jueves Ryan desde el retiro republicano en Virginia Occidental.

En cambio, el FBI afirma que no tuvo tiempo de revisar en profundidad el documento e indica que se hizo una selección arbitraria e interesada para reforzar el argumento de Nunes sobre los supuestos abusos de la agencia.

“Los intereses de la comunidad de inteligencia trascienden los del buró. Todos somos puestos en riesgo cuando la inteligencia se politiza (…) Nadie se beneficia cuando el público es engañado mediante publicaciones selectivas”, escribió el ex director de la CIA Michael Hayden en la publicación Lawfare.

Quienes argumentan que los republicanos están politizando el tema para torpedear la investigación del ‘Rusiagate’ recuerdan quién es Nunes y cómo ha sido su actuación desde que empezó la investigación.

Nunes fue parte de la campaña de Trump, a la que asesoró en asuntos de inteligencia y fue parte de su equipo de transición. En marzo pasado, tuvo que inhibirse cuando fue pasado al Comité de Ética luego de que se indicó que había compartido con la Casa Blanca algunos hallazgos de la investigación.

Además, Nunes ayudó a reforzar la denuncia de Trump de que los teléfonos de su campaña habían sido “ilegalmente” intervenidos por el presidente Barack Obama con una confusa rueda de prensa en la que dijo que “tangencialmente” asesores del entonces candidato republicano estaban bajo la mira del FBI.

Pero en diciembre, el Comité de Ética determinó que el congresista no había compartido información clasificada con la presidencia y regresó a su cargo en el Comité de Inteligencia con plenos poderes.

Desconfianzas históricas

Desde su creación en 1908 “el buró”, como se le conoce, ha sido el centro de las sospechas de los más liberales, sobre todo cuando después de la Primera Guerra Mundial, bajo la égida de su más famoso director Edgar J. Hoover, se concentró en investigar a grupos radicales que fueran sospechosos de ser simpatizantes del comunismo, particularmente durante la "caza de brujas" desatada por el senador Joseph McCarty en los años 50.

Para mediados de los sesenta, el FBI vigilaba a organizaciones tan disímiles como el Ku Klux Klan, el Partido Comunista o el movimiento que encabezaba el líder de los derechos civiles Martin Luther King. Aparentemente todos tenían razones para temer estar bajo la lupa de los agentes federales.

Los medios y el Congreso empezaron a sospechar que el buró y su director se habían convertido en un mecanismo con demasiado poder, sobre todo, con tenencia a abusar de él, por lo que adoptaron leyes para que la agencia fuera mejor controlada por el Departamento de Justicia. Además, se estableció un límite de diez años para el período del jefe del FBI.

Hoover murió en 1972 y no vio el desarrollo del escándalo de espionaje telefónico Watergate y cómo la Casa Blanca trató de usar al FBI para impedir la investigación que eventualmente llevaría a Richard Nixon a renunciar al cargo. Curiosamente, fue información salida del FBI la que permitió a la prensa descubir la conspiración urdida desde la Casa Blanca.

Pero como vemos, son otros tiempos. Hoy son los conservadores quienes aseguran que el pueblo ahora tiene derecho a saber cómo se ha llevado a cabo una investigación federal, cuando hasta hace poco eran los liberales los que alertaban sobre el alcance de la autoridad federal para vigilar a los ciudadanos.

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