El memo hace estallar las relaciones entre el FBI y Trump, pero no desmonta la investigación del ‘Rusiagate’

Algunas fuentes políticas en Washington señalan que el próximo paso de la Casa Blanca es iniciar en varios frentes una batalla para desprestigiar al fiscal especial Mueller tomando como base lo que dice el documento. Sin embargo, gran parte de las indagaciones no tienen nada que ver con lo que allí se dice. Te lo mostramos.

El polémico memorando publicado por los republicanos, con el visto bueno del presidente Donald Trump, ha destapado el que podría ser un enfrentamiento directo entre la comunidad de inteligencia de EEUU y la Casa Blanca.

El documento, elaborado por el equipo del jefe del Comité de Inteligencia de la Cámara de Representantes, el republicano Devin Nunes, alega supuestos abusos de vigilancia por parte del FBI a un asesor de la campaña presidencial de Trump.

El FBI y el Departamento de Justicia (DOJ) intentaron enérgicamente evitar la publicación del memo porque aseguran que compromete la investigación federal en curso que encabeza el fiscal especial, Robert Mueller, sobre el ' Rusiagate', que intenta determinar, entre otras cosas, si hubo colaboración entre la campaña de Trump y Rusia para afectar los resultados de las elecciones presidenciales de noviembre de 2016.


Los líderes demócratas en el Capitolio, la congresista Nancy Pelosi y el senador Chuck Schumer, han pedido la salida de Nunes de la jefatura del Comité por poner en peligro la investigación de Mueller debido a que, como afirma el FBI, su memo tiene información parcializada, datos imprecisos y una falsa narrativa sobre sus operaciones de inteligencia.

Defendiendo su publicación, Trump acusó este viernes desde Twitter al FBI y al DOJ de estar "politizando" la investigación, porque actúan en favor de los demócratas, a pesar de que las cabezas del ambos organismos son republicanas.

Luego, el presidente criticó desde la Casa Blanca los "vicios" del FBI en la investigación del 'Rusiagate': "Creo que es una desgracia... mucha gente debe sentirse avergonzada de sí misma". El presidente asegura que el FBI espió a uno de sus colaboradores violando la ley y excediéndose en sus funciones.

La guerra verbal declarada por Trump al FBI va más lejos de cualquier precedente por el hecho de que ha sido pública y notoria.

Pero más allá de el toma y dame discursivo, hay importantes aspectos de la investigación especial que adelanta Mueller que no son abordados por el memo y que justifican, según los observadores, su vigencia.

El memo solo se concentra en tratar de desacreditar la vigilancia secreta del FBI al colaborador de Trump en la campaña Carter Page, bajo la presunción de que éste tenía vínculos sospechosos con el gobierno ruso.

Independientemente de que esto sea cierto o no, hay sujetos de la investigación de Mueller, que están involucrados en diferentes grados en el entramado que investiga el círculo cercano del presidente.

Estos son los más relevantes:

Donald Trump Jr.


El hijo mayor del presidente está envuelto en uno de los capítulos más serios de la trama del 'Rusiagate'.

A mediados de 2017 el diario The New York Times publicó correos electrónicos entre Trump Jr. y un intermediario que le ofreció información perjudicial sobre la entonces candidata demócrata Hillary Clinton en pleno fragor de la campaña presidencial de 2016.

Minutos después de que el periódico lanzara la noticia, el hijo del presidente reveló vía Twitter "en aras de ser totalmente transparente" el intercambio de correos que tuvo con Rob Goldstone -el intermediario- entre el 3 y el 8 de junio de 2016, en el que ambos intentan coordinar el mejor modo para intercambiar información.

Lo más grave de este capítulo es que la reunión finalmente se produjo en la propia Torre Trump de Nueva York para hablar del tema. Sin embargo, y esto es lo más notorio, desde la Casa Blanca el presidente ordenó la redacción de un comunicado donde se decía que en ese encuentro se habló de la política de adopciones de niños en Rusia.

Además de Trump Jr, al encuentro asistieron Jared Kushner, yerno y asesor del presidente; Paul Manafort, exjefe de la campaña de Trump; Natalia Veselnitskaya, abogada del gobierno ruso; Rinat Akhmetshin, lobista rusoestadounidense; y Ike Kaleladze, vicepresidente de la compañía constructora de dos empresarios rusos: Emin y Aras Agalarov.

Lo que se dijo en esa reunión solo lo saben sus participantes. Sin embargo, no se descarta que en un futuro el fiscal Mueller logre algún tipo de acuerdo con Manafort, quien enfrenta 12 acusaciones, a cambio de hablar sobre lo que allí sucedió, si se parte del hecho de que en la Torre Trump -o en otro encuentro- se organizó una trama para afectar a Clinton.

Michael Flynn

El consejero de Seguridad Nacional de Trump duró en su cargo poco menos de un mes porque se vio forzado a renunciar cuando se supo que en diciembre había estado con el embajador ruso en Washington DC, Sergei Kislyak, y ocultó ese encuentro al FBI donde le pidió al diplomático que Rusia no reaccionara de manera desproporcionada a las sanciones impuestas por Barack Obama por la intromisión del gobierno de Vladimir Putin en las elecciones, ya que el gobierno entrante de Trump las podría eliminar. También mintió sobre otra conversación con el diplomático sobre una votación pendiente en el Consejo de Seguridad de la ONU.


Esto violó la Ley Logan que prohíbe a particulares en EEUU hacer negociaciones diplomáticas. Además, le ocultó esto al vicepresidente Mike Pence.

Flynn se declaró culpable en una audiencia que se celebró el año pasado en una corte federal en Washington DC y llegó a un acuedo para colaborar en la investigación. El ex asesor de seguridad sostuvo que sus contactos con emisarios rusos estuvieron dirigidos por personal del equipo de transición del presidente. Entre ellos, Kushner, el yerno de Trump.

Aquí tampoco se descarta un acuerdo a cambio de colaborar con la investigación del 'Rusiagate' a cambio de beneficios.

Jared Kushner

Kushner fue interrogado por cerca de dos horas el pasado mes de julio por miembros del Comité de inteligencia del Senado sobre los contactos que tuvo con funcionarios rusos durante la campaña presidencial y el periodo de transición.

Al finalizar su comparecencia a puertas cerradas, Kushner se dirigió a la Casa Blanca, donde ofreció unas breves declaraciones a los medios repitiendo lo que ya había dicho en su testimonio escrito de 11 páginas previo a su comparecencia frente a los senadores.

En esa única intervención a los medios dijo: "Déjenme ser claro. No confabulé con Rusia y no conozco a nadie en la campaña que lo haya hecho. No tuve contactos inapropiados. No he dependido de recursos rusos para mis negocios. Y he sido transparente al momento de proveer toda la información solicitada".


Sin embargo, el yerno del presidente estuvo en la famosa reunión en la Torre Trump. En su testimonio escrito asegura que nunca vio el intercambio de correos entre su cuñado Trump Jr. y el empresario Rob Goldstone, facilitador del encuentro, hasta que sus abogados se los mostraron recientemente.

Según Kushner, la reunión fue una "pérdida de tiempo" puesto que el tema giró -supuestamente- en torno a adopciones de niños rusos y le envió un mensaje a su asistente que lo llamara y tener un pretexto para marcharse de la sala.

En todo caso, Michael Flynn dijo que las instrucciones dadas para sus encuentros con el embajador ruso fueron dadas, entre otros, por el propio Kushner por lo que aún hay zonas grises en torno al verdadedero involucramiento de este personaje en la trama general.

Paul Manafort

No se puede minimizar el impacto que tiene que un ex director de campaña de uno de los grandes partidos de EEUU haya sido procesado judicialmente por graves delitos federales, empezando por conspirar contra el país.

Ese es el caso de Manafort, acusado de 12 cargos, entre ellos conspiración contra EEUU, lavado de dinero y hacer declaraciones falsas a agencias del gobierno. También su socio de negocios Rick Gates, con quien trabajó en la campaña, es parte de la acusación.

Luego de apenas cinco meses manejando la campaña de Trump Manafort tuvo que renunciar forzado por un informe de The New York Times que reveló que había trabajado para el polémico exlíder de Ucrania prorruso, Viktor Yanukovich, y que su había documentos en los que constaba que se le habían pagado 12,7 millones de dólares.

Manafort es una persona con conexiones con funcionarios cercanos a Vladimir Putin, a quien precisamente la comunidad de inteligencia estadounidense acusa de haber estado detrás de la presunta intervención en las elecciones presidenciales del 2016.


Manafort fue también uno de los asistentes a la reunión en la Torre Trump.

La clave de su papel en el entramado del 'Rusiagate' es que algunos observadores sugieren que ahora él podría negociar con los fiscales para aportar datos potencialmente comprometedores sobre otras figuras de la investigación, entre ellos el propio presidente Trump, a cambio de un trato más favorable en el juicio en su contra.

Por ello, muchos creen que si hay una figura determinante en las posibles conexiones ilegales entre Rusia y la campaña republicana es justamente Manafort.

También por ello se insiste en que el memo hecho público este viernes con el visto bueno de Trump no representa un daño a la investigación del 'Rusiagate' y mucho menos una excusa válida que justifique que el presidente destituya a Mueller por una supuesta politización de las indagaciones o una obvia parcialización del FBI y el Departamento de Justicia, como argumenta la Casa Blanca.

George Papadopoulos

El exasesor en temas de política exterior de la campaña de Trump fue otra de las figuras que se declaró culpable de mentirle a agentes del FBI, convirtiéndose así en el tercer miembro de la campaña presidencial republicana en enfrentar cargos criminales bajo la investigación de Mueller.

El documento judicial que se dio a conocer este lunes dice que el pasado 5 de octubre, Papadopoulos, un abogado de Chicago, admitió haber tenido una reunión con un informante extranjero para conseguir datos sobre Clinton.

Este alegato es, hasta el momento, el punto más explícito en la conexión entre el equipo de campaña de Trump con la intromisión del gobierno ruso en las elecciones de 2016.


Papadopoulos dijo al FBI que había estado en contacto con un profesor extranjero anónimo que afirmó tener "datos sucios" sobre Clinton en "miles de correos electrónicos".

"A través de sus falsas declaraciones y omisiones, el acusado impidió la investigación en curso del FBI sobre la existencia de vínculos o coordinación entre individuos asociados con la campaña y los esfuerzos del gobierno ruso para interferir con las elecciones presidenciales de 2016", dice el documento.

La Casa Blanca ha intentado minimizar el papel de este personaje, pero, es de lejos una de las piezas más relevantes porque fue el que inició una nueva línea de investigación para el FBI.

Y todo se debe a que en una noche de copas de más, Papadopoulos terminó confiándole al exministro de Relaciones Exteriores australiano, Alexander Downer, que Rusia tenía información “sucia” que podía dañar políticamente a Hillary Clinton. La conversación entre Papadopoulos y el diplomático ocurrió en mayo del 2016 en un bar en Londres.

Este intercambio, dado a conocer por el australiano a organismos de inteligencia de EEUU fue un factor clave en la decisión del FBI de abrir una investigación sobre la interferencia rusa en la campaña presidencial de EEUU y es, a grandes rasgos, la razón por la cual el gobierno de Trump está en aprietos, un caso que potencialmente se puede convertir en una crisis de gobernabilidad no vista en mucho tiempo.