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Siria y la ‘madre de todas las bombas’: el teatro militar de Donald Trump

Siria y la ‘madre de todas las bombas’: el teatro militar de Donald Trump

Para un presidente que llegó al poder hablando de retirar a EEUU de conflictos extranjeros, Trump ha adoptado en una semana dos acciones que buscan demostrar dentro y fuera del país con teatrales gestos militares cuál es la única superpotencia del mundo.

Video: Esta es la bomba que lanzó EEUU en Afganistán Univision

Tres presidentes de EEUU que han gobernado en guerra ( George W. Bush, Barack Obama y ahora Donald Trump) tuvieron en sus arsenales la “madre de todas las bombas”, pero sólo este último tomó la decisión de estrenarla en el campo de batalla y de paso mandar un mensaje de alcance global.

EEUU lanzó este jueves sobre Afganistán la poderosa bomba, también conocida por su acrónimo MOAB (M asive Ordinance Air Blast o Artefacto de Explosión Aérea Masiva) cerrando una semana de acciones militares notables tomadas por Trump, que empezó con el bombardeo de una base aérea siria con 59 misiles Tomahawk.

El Pentágono informó a los medios que la MOAB se arrojó sobre un complejo de cavernas usada por militantes del autodenominado Estados Islámico (EI o ISIS) en la región de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán.

Desde que fue probada por primera vez en 2003, la MOAB nunca fue empleada en un conflicto, precisa y paradójicamente por su poder destructivo. Con un radio de casi dos kilómetros de onda expansiva los llamados efectos colaterales (muerte de civiles) podrían ser demasiado altos.

Independientemente de la lógica militar detrás de esas acciones, con los ataques en Afganistán y Siria el presidente Trump está mandando un mensaje con destinatario triple: indica a aliados, enemigos y a la opinión pública que hay un nuevo Washington, más resuelto y decidido que el de Obama.

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El gran despliegue informativo bajo el cual se ha realizado, con imágenes inmediatamente disponibles para los medios, hace pensar a algunos en una intención propagandística paralela a la natural transparencia informativa que se espera del gobierno.

Es un mensaje (o una amenaza) que puede ir dirigido a grupos terroristas declarados en guerra con Washington, como EI o al-Qaeda; a gobiernos hostiles, como Corea del Norte y Siria, y hasta a naciones con las cuáles Washington tiene relaciones complejas, como Pakistán, Rusia o China. En el caso de Moscú y Pekín no porque exista la posibilidad de usar el músculo militar directamente contra ellos, pero sí en lugares donde estén involucrados sus intereses.

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Militarista y aislacionista

Hace una semana, el presidente Trump ordenó bombardear Siria en represalia por el ataque con armas químicas contra un pueblo del oeste del país que dos días antes había causado unos 80 muertos y del que Washington responsabiliza al presidente Bashar al-Asad.

La movida sorprendió a muchos dentro y fuera de EEUU que recordaban como hasta la semana anterior Trump decía que él no era “el presidente del mundo”, siguiendo la tónica de su campaña de retirar al país de conflictos extranjeros en los que no estuviera directamente amenazada la seguridad nacional.

De pronto, mientras comía un “hermoso trozo de torta de chocolate” con el presidente de China Xi Jinping en Mar-a-Lago, ordenó castigar a Siria. Una semana después la MOAB.

Estas acciones sorpresivas parecen ir en sintonía con lo que Trump ha dicho desde sus tiempos como candidato: que para las operaciones militares hay que mantener un elemento de sorpresa y no “telegrafiar” al enemigo los planes, como asegura que hizo Obama.

También se busca un efecto balsámico en ese orgullo estadounidense que algunos votantes de Trump extañaban y cuya vuelta se prometía con aquello de "hacer a EEUU grandioso de nuevo".

En una entrevista con Fox Business, la periodista María Bartiromo le preguntaba sobre cómo le había informado a Xi del ataque en Siria con inocultable complacencia en el rostro porque, según argumenta en su pregunta, “en ese momento estaba enviando un recordatorio de quién es la superpotencia del mundo”.

Pese a la vocación aislacionista que parecía presagiar el candidato del eslogan “EEUU primero”, Trump ejercitaba al mismo tiempo un discurso más guerrerista, invocando permanentemente el orgullo estadounidense en su poderío militar, aunque en el proceso insultara a meritorios generales de cinco estrellas de quienes aseguraba que no sabían de estrategia como sabía él.

Según el proyecto de presupuesto para 2018, la Casa Blanca quiere darle unos 50,000 millones de dólares al Departamento de Defensa para modernizar las fuerzas armadas, mayormente a expensas del Departamento de Estado, algo que ha sido interpretado por algunos como el retiro del énfasis en la diplomacia o “poder suave” de Obama para solucionar los conflictos y la vuelta a la presión militar.

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Militares sin supervisión

El general James Mathis llegó al Pentágono con el encargo de presentar en las primeras semanas del nuevo gobierno un abanico de opciones para seguir con las operaciones en las que está involucrado EEUU, particularmente en Afganistán e Irak.

Paralelamente, el asesor de seguridad nacional de la Casa Blanca, el general H. R. MacCaster, empezó a trasferir al Pentágono el manejo de los asuntos militares, reduciendo la injerencia de la presidencia de la que algunos conservadores de línea militarmente dura se quejaron durante el gobierno de Barack Obama.

“El beneficio de eso es que permite que las campañas militares avancen sin pausas innecesarias, interrupciones, ni dilaciones”, dijo a The New York Times el mes pasado Michele Flournoy, quien era el mayor funcionario civil del Departamento de Defensa en el anterior gobierno demócrata.

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Sin embargo, también se abre el riesgo de que no haya la suficiente supervisión por parte del comandante en jefe de las Fuerzas Armadas, el único que puede poner un condicionamiento político a las operaciones militares.

La filosofía de Obama era mantener ese control sobre las operaciones en el terreno y trabajar “Junto, con y a través” ( By, with and through) de las fuerzas locales para controlar a los grupos terroristas.

La filosofía del nuevo comandante en jefe ha implicado dejar en manos de “los militares más grandes del mundo”, como los llama ahora, los asuntos del manejo de las operaciones de guerra.

Fotos: MOAB, la bomba no nuclear más potente de EEUU lanzada en combate
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