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Muertes

"Vi a mi niña morir lenta y muy dolorosamente": una madre denuncia en el Congreso la "negligencia" con que ICE atendió a su bebé enferma

La guatemalteca Yazmín Juárez se presentó este miércoles ante el subcomité de Derechos y Libertades Civiles de la Cámara de Representantes para dar su testimonio de cómo perdió a su hija Mariee, de 21 meses, por la deficiente asistencia médica y falta de tratamiento adecuado mientras estuvo en custodia del Servicio de Inmigración y Aduanas. Cuenta que su hija llegó feliz y sana a Estados Unidos y que se contrajo una infección en el centro de detención.
10 Jul 2019 – 3:30 PM EDT

Yazmín Juárez recuerda que la huída de Guatemala fue "peligrosa", pero era peor quedarse y que pudiera pasarles algo. Ella y su bebé de 21 meses, Mariee, llegaron en abril de 2018 a Estados Unidos como muchos, para "construir una vida mejor y más segura" para ambas. Eso no pasó. Mientras estuvieron en custodia del Servicio de Inmigración y Aduanas (ICE) en un centro de detención en Dilley, Texas, la niña enfermó, se agravó por la atención "negligente" que recibió, fueron liberadas y días después la menor murió. Este miércoles, la madre se presentó en el Subcomité de Derechos y Libertades Civiles de la Cámara de Representantes para contar su experiencia que, asegura, es también la de otras madres migrantes que llegan a Estados Unidos buscando una protección que no tienen en su país.

"Una enfermera examinó a Mariee cuando llegamos y la encontró perfectamente sana", dijo la madre a los representantes sobre su llegada a Dilley, luego de que la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) transfiriera la custodia de ambas a ICE. Allí las encerraron en una habitación con otras 10 personas más, cinco madres con sus cinco hijos. "Me di cuenta inmediatamente de cuántos niños enfermos había y de que no hacían un esfuerzo por separar a los enfermos de los sanos", contó Juárez al panel de congresistas.

Uno de los niños, de la misma edad de Mariee, tosía constantemente, tenía la nariz mocosa y se veía decaído todo el tiempo. "Su madre trató de llevarlo a la clínica, pero los devolvían sin haberle dado ninguna atención", contó y aseguró que el centro médico estaba abierto solo durante algunas horas del día. "Así que si aún estabas en la fila cuando se suponía que cerraban, te regresaban a tu habitación sin haber sido examinado y te hacían volver otro día".

La representante demócrata Alexandria Ocasio-Cortez —que la semana pasada visitó centros de CBP en Texas— le preguntó a Juárez en su indagatoria si se sintió segura mientras estuvo con su hija en el centro de detención de ICE y en el de procesamiento de CBP. Su respuesta, a secas, fue un "no".

Y le tocó a Mariee

Una semana después de llegar a Dilley, la que se enfermó fue Mariee. Primero, comenzó a toser y estornudar. Su madre la llevó a la clínica del lugar y le dijeron que la niña tenía una infección respiratoria, le dieron Tylenol, miel para la tos y le dijeron que volviera en seis meses.

24 horas después la niña estaba peor. "Tenía 104 grados de fiebre y comenzó con diarrea y a vomitar. No comía, y recuerdo que la sentía muy caliente", aseguró la madre, que ese mismo día, dijo, decidió volver a la larga fila de la clínica para que la examinaran nuevamente. Un asistente médico le diagnosticó entonces una infección en el oído y le recetó antibióticos, sin haberle practicado exámenes más detallados. "Yo conozco a mi bebé y sabía que había algo más serio", explicó la guatemalteca en su testimonio. "Les rogué que le hicieran más pruebas, pero nos regresaron a nuestra habitación y nos dijeron que volviéramos si Mariee empeoraba".

Y empeoró. Así que Juárez volvió varias veces más e hizo la fila con otras madres que llevaban también a sus hijos enfermos. No la atendieron.

Una noche, dijo Juárez, debían ir a cenar pero la niña no reaccionó. Ella asegura que les rogó para que un médico la viera. "Me hicieron esperar más de una hora", dijo. "Luego solo le tomaron la temperatura y le dieron un helado. Yo me decía: '¿Por qué un helado?'. Eso le hacía más daño a los pulmones de mi hija". Poco después, la madre asegura que la niña vomitó frente a uno de los médicos.

Mariee perdió dos libras en 10 días, el 8% de su peso. Seguía vomitando, tosiendo, y fue entonces cuando la atendió otro asistente médico y le dio nuevamente Tylenol y un Pedialyte para hidratarla. "Me dijo que volviera en una semana".

La fiebre de Mariee continuaba una semana después. Fue entonces cuando la evaluó el primer médico y le recetó más Pedialyte, ibuprofeno, un antialérgico y Vicks VapoRub. "No supe hasta que mi hija murió que no debes darle Vicks VapoRub a niños menores de dos años porque les puedes causar problemas respiratorios", lamentó la madre en su testimonio. "Vi a mi niña morir lenta y dolorosamente".

"Mi pobre niña empeoró y empeoró en el siguiente par de días. Vomitaba constantemente, seguía con fiebre y no podía comer ni dormir. Su cuerpo estaba débil y caliente. Yo la veía enfermarse más cada día y me desesperaba", señaló Juárez. Le dijeron entonces que tendría una cita con otro médico a las 8:00 de la mañana del día siguiente. "Sentí alivio", recordó Juárez. Pero no pudo volver al médico.

Del "médicamente perfecta" a la muerte

Tres horas antes de que Mariee tuviera una nueva cita médica, las despertaron. Eran las 5:00 am. Las llevaron al gimansio del centro de detención para procesarlas y dejarlas en libertad. Allí estuvieron por horas y a pesar de eso no le permitieron llevar a la niña a la clínica y tampoco fue chequeada por un médico.

Por el contrario, le dieron un reporte en el que le daban el alta y aseguraban que la niña estaba bien de salud, contó Juárez.

Ese día las llevaron al aeropuerto y las montaron en un avión para que viajaran a Nueva Jersey, donde vive la madre de Yazmín Juárez. "Mariee iba tan enferma en el avión que otros pasajeros me dijeron que necesitaba llevarla a un doctor". Y eso hicieron: la llevaron a un pediatra y él la transfirió a una emergencia. Para ese momento ya tenía dificultades respiratorias y la ingresaron en una unidad de cuidados intensivos con una infección de pulmón. Seis semanas después debieron trasladarla a un centro especializado en atención para niños. Lo de Mariee era serio.

"Yo veía cómo mi hija sufría del dolor. Estaba conectada a toda clase de agujas, le hacían muchos exámenes y eventualmente necesitó un ventilador que la ayudara a respirar. Tenía tantas cosas atadas a su cuerpo que no podía ni siquiera abrazarla bien para consolarla cuando lloraba".

Pero la ayuda médica llegó muy tarde. El 10 de mayo de 2018 la niña murió. La madre salió ese día del hospital sin su hija, solo con una hoja de papel con las huellas de las manos de Mariee, que las enfermeras le regalaron para que la recordara ese día de la madre que estaba por celebrarse.

La representante Debbie Wasserman Schultz le dijo que eso era "inaceptable". Poco antes, igual que hicieron otros en la sala del subcomité, lamentó la muerte de la niña.

Como la congresista demócrata Ayana Pressley, que le dijo: "No te olvidaremos ni a ti ni a Mariee".

"Hay días en que quiero rendirme al pensar que nunca más la veré o podré abrazarla. Trato de recordar los buenos tiempos, su sonrisa, cómo se sentían sus abrazos", dijo la madre a los congresistas. "Ella debería estar aquí, preparándose para celebrar su tercer cumpleaños en agosto. Pero no, mi hija se ha ido".

Después de la muerte de Mariee, se conocieron al menos seis muertes más de menores guatemaltecos que fallecieron por falta de cuidados médicos mientras estaban en custodia de autoridades fronterizas (de CBP o de ICE) o días después de que habían sido liberados. Los funcionarios a la cabeza de estas instituciones insisten en que existe una crisis humanitaria en la frontera y que sus instalaciones están sobrepasadas en su capacidad de alojamiento. Ergo, dicen, no pueden dar una mejor atención.

Pero a eso se han sumado denuncias de todo tipo: de comida descompuesta que es dada a los migrantes en custodia; de que duermen hacinados sobre el suelo y a temperaturas gélidas; que les permiten asearse o usar el baño, cosas tan simples como beber agua. Y esta, una de las más comunes: la mala atención médica que reciben.

Para Juárez, su testimonio busca que otros niños no pasen por el mismo sufrimiento que ella y Mariee: "No quiero que otras madres y padres pierdan a sus hijos. No debe ser difícil para este gran país asegurarse de que los niños pequeños que encierra no mueran por abusos y negligencia".

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