Cinco historias del mayor centro de evacuados en Houston (y no todo en ellas es tragedia)

Entramos al centro de convenciones de Houston, donde están albergadas más de 10,000 personas que están viviendo en situación precaria y con falta de camas hasta que puedan volver a sus casas.

HOUSTON, Texas.- Zaida Pérez no logra terminar las palabras cuando cae en cuenta de su nueva realidad: lo perdió todo con Harvey. Sus hijos y sobrinos, que revolotean a su alrededor, la ven llorar y le preguntan: "¿Qué tienes en los ojos? ¿Temes que la casa se vea fea?". Ella se seca las lágrimas y les sonríe. Cree que ellos aún no han comprendido que están albergados en un refugio de Houston luego de que su casa acabara bajo el agua.

Están en el Convention Center George R. Brown, un lugar donde Barack Obama hizo un mitin en 2008, donde el show America's Got Talent buscó sus nuevas promesas y donde la National Football League hizo una feria previa al Superbowl de 2017. Ahora alberga unas 10,000 historias de personas que debieron evacuar sus viviendas por las inundaciones que trajo consigo el huracán.

Son cinco los pabellones dispuestos para resguardar a los damnificados. En algunos, las camillas tipo militar delimitan los espacios de las nuevas viviendas a familias completas; en otros, hay quienes llegaron demasiado tarde, la noche del lunes, y duermen sobre cartones. El centro es grande, pero la cantidad de personas bajo su techo no hace más que reafirmar la magnitud de la catástrofe.

Imagen 360: desplázate por la fotografía para ver toda la escena:

Y fuera de los grandes salones se escuchan gritos al megáfono con instrucciones: "Primero deben registrarse". Las familias llegan tomadas de la mano, llegan hombres y mujeres solitarios, y anotan sus nombres en una planilla. Hay espacios con montañas de ropa, carteras, toallas, juguetes. Militares van, médicos vienen, caminan por doquier montones de personas que vinieron a ayudar. Hay guarderías para que los niños olviden la tragedia.

"Yo hice ese Facebook Live desde la cuenta de mi esposo"

Llovía fuerte el domingo por la tarde. Los 17 miembros de la familia de Zaida Pérez intentaban escapar del río de agua que inundaba sus casas para ponerse a salvo y ella, arriesgada, sacó el celular de su esposo y comenzó un Facebook Live. Sus hijos y los de su hermana iban a bordo de una canoa improvisada por su padre con un contenedor metálico que sostenían con varas de madera.


El agua les daba por debajo del ombligo entonces, pero rápidamente les llegó al cuello y frenó la grabación. "Yo hice ese Facebook Live con la cuenta de mi esposo. Era como algo que nunca pensábamos que íbamos a hacer: salir de nuestra casa como lo ves en el video", dice al mostrar las imágenes en el teléfono.

Ahora la numerosa familia intenta convertir el Convention Center en un pedazo –momentáneo– de lo que era su hogar. Los niños juegan, su padre –de quien Zaida habla como un héroe por improvisar la barca– encontró oficio botando la basura del pabellón donde duermen desde el lunes.

Mientras conversa, una persona interrumpe su historia. Viene buscando al hermano de Zaida y le agradece porque en la noche, cuando se acabaron las camillas, la familia decidió donarle una a costa de apiñarse de a dos en otra. "Le está agradeciendo porque le dio la cama, una cobija y una almohada”.

“Tuve que entrar a buscar el pasaporte y el agua ya me pasaba el cuello”

Cuando Idolka Núñez llegó al Convention Center este lunes, cargó el celular y se puso a llamar con insistencia a FEMA, la agencia federal que gestiona las emergencias. Esperó toda la tarde hasta que le respondieron.


“Perdimos todo y andamos averiguando el tema de las ayudas económicas”, cuenta esta cubana recostada en su camilla en una sala de convenciones convertida en refugio masivo. En FEMA, la empezaron a atender, le pusieron una intérprete en español, le hicieron muchas preguntas y la llamada se cayó. No ha logrado volver a hablar con la agencia.

Núñez huyó de las inundaciones con su marido, su hija y dos nietas. No tiene ni un dólar en efectivo y solo conserva lo que llevaba puesto, un celular que sobrevivió al agua y los documentos básicos. De hecho, en su partida, tuvo que volver por su pasaporte y el agua ya le llegaba al cuello.

Los refugiaron vecinos de la segunda planta el sábado en la medianoche y los vinieron a rescatar el domingo a las 3 de la tarde en lanchas. Sacaron a siete familias en lancha.

En su rincón del centro de convenciones, Núñez tiene donaciones que han recibido: juguetes, mantas y una revista Women’s Health –ahora sarcástica– que habla de cómo reducir barriga en dos semanas. En un rato, volverá a llamar a FEMA.

“Buscaban ayuda para bilingües y me ofrecí”

Una chica joven duerme bocabajo y tapada hasta las orejas en el Convention Center a las dos de la tarde. Pasó toda la madrugada organizando donaciones y dedicó la mañana a servir café a centenares de evacuados por la feroz tormenta tropical.

Ella es evacuada también, pero decidió ayudar. Lo cuenta Crystal, una vecina suya de 26 años y con dos hijas, que se sumó también al voluntariado en la madrugada. Necesitaban bilingües y ella, criada entre Estados Unidos y México, podía ser útil. Vio a otros 15 afectados ofreciéndose.

Clasificando toallas, cobijas, ropa de hombre y de mujer, se dio cuenta de la envergadura de Harvey. Su familia huyó de su casa tráiler del sureste de Houston, muy inundada por las lluvias, pero ayudando en la madrugada supo que la tormenta ha afectado también al norte, al este, a familias hispanas, afroamericanos, blancas, a gente mayor.

Almorzaron pasta con pollo y vegetales que repartieron masivamente a los afectados en cajas de cartón. Es comida instantánea que se calienta sin microondas y que a esta familia le pareció muy buena. Su tía entra en la escena y se pone a barrer entre sus camillas. “Hay que limpiar”, dice entre el caos que genera más de un millar de personas instalados en un pabellón.

“Vinimos a Houston a un funeral”

Janet Klumas viajó a Houston para asistir al funeral de su cuñada y ahora está sentada leyendo en una camilla del centro de convenciones. La acompañan tres maletas negras con ruedas, de esas de aeropuerto, que llaman la atención entre tanta precariedad y bolsas de plástico.


Ella y su marido necesitaban estar el viernes en San Diego, California, para encontrarse con su hijo con problemas psiquiátricos y asistir con él a un matrimonio. Pero Houston está incomunicada por cielo, y el matrimonio, ambos jubilados, decidieron irse en un auto rentado al aeropuerto de Dallas.

En la autopista, una repentina inundación los dejó varados en el agua y temiendo por su vida. “Fuimos rescatados por unos camioneros y nos llevaron a un lugar seco”, relata Klumas con cara de cansada y de vuelta a Houston, como si fueran refugiados.

Se emociona cuando habla de los voluntarios. “¡Fabulosos!”. Ni su marido ni ella pueden comer gluten y, gracias a ellos, almorzaron sin intoxicarse.

“Tengo miedo de seguir acá y tengo miedo de estar afuera“

Derek, un inmigrante guatemalteco indocumentado, perdió su casa por las inundaciones y teme que ICE pueda arrestar a toda su familia en el propio Convention Center. Desde el lunes en la mañana no ha dormido por estar vigilando las casi 14 sillas que encierran la camilla de su hija, la jaula de su perro y las cobijas de su esposa.

Su hija aún no entiende lo que están viviendo y eso lo tranquiliza: "Ella me dijo hoy en la mañana que por qué no nos quedábamos aquí para siempre, que puede correr con Tommy (su mascota)".

Este inmigrante no piensa estar más de una semana en este lugar y a sus vecinos de pabellón les ha estado preguntado si saben algo de su casa al noroeste de Houston, pero nadie le ha dado respuesta.

"Me quiero ir de acá, pero no sé cómo. Sé que si salgo con mi familia no habrá un bus, un carro o un Uber que nos lleve", cuenta Derek. “Tengo miedo de seguir acá y tengo miedo de estar afuera“.

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