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Frontera EEUU México

Deportado tras 36 años en EEUU: así recibe la frontera a los mexicanos que vuelven al país

Enclaves fronterizos como Ciudad Juárez se preparan para recibir a inmigrantes indocumentados deportados. La nueva política estadounidense plantea serios retos políticos, presupuestarios y sociales para México.
12 Mar 2017 – 9:32 AM EDT

CIUDAD JUÁREZ, México.- " Hey, this is Fernando. I just got out of jail. I’m in the Mexican side now, trying to be in touch with you".

Este es el primer mensaje de texto que Germán Fernando Jiménez envía desde México tras vivir 36 años como inmigrante indocumentado en Estados Unidos. Lleva un par de horas deportado y lo único que conserva de su vida americana es un abrigo oscuro, un pantalón deportivo gris, un suéter rojo y los lentes que se puso para escribir el mensaje desde un celular prestado.

Cuando fue entregado a México, las autoridades lo transportaron a un albergue católico para pasar sus primeras horas. Desde la camioneta, volvió a ver el país del que es nacional: “Está feo, muy opaco, muy tierroso. Se acostumbra uno allí al aire acondicionado y a las calles limpias”.

Llegó a la Casa del Migrante junto a seis mexicanos más acabados de deportar a Ciudad Juárez, urbe fronteriza con Texas y Nuevo México. La segunda ciudad más poblada de la frontera se prepara a contrarreloj por si la administración Trump cumple todas sus directrices: la ampliación de las prioridades de deportación, el envío a México de cualquier latinoamericano pidiendo asilo, el blindaje de la frontera y la separación de madres e hijos al cruzar ilegalmente.

Todo puede tener consecuencias graves en esta ciudad enclavada en medio del desierto, con un millón y medio de habitantes, y que arrastra problemas de violencia, pobreza y narcotráfico todavía enquistados.


“Esperamos cifras de deportación más agresivas en un par de meses”, dice Adolfo Castro, a cargo de la Comisión Estatal de Derechos Humanos, un organismo público que interviene asuntos migratorios. De momento, no se registró un aumento de mexicanos repatriados, según datos del Instituto Nacional de Migración.


Las primeras horas en México

“Pásele”. Eso es lo primero que Jiménez, de 57 años, recuerda haber escuchado de los oficiales mexicanos al llegar esta mañana al país.

Desde ese momento empieza un proceso que México asegura que engrasará por si las repatriaciones aumentan en los próximos meses: identifican al migrante que puede llegar sin documento en mano, le dan una ayuda para volverse en autobús a su estado de origen y lo transportan hasta un albergue religioso de la ciudad para darle de comer y ofrecerle alguna noche de acogida.

El más conocido en Juárez es la Casa del Migrante, que recibió recientemente unos 4 millones de pesos (unos 20,400 dólares) de dinero público para amortiguar desde sus instalaciones la llegada de inmigrantes y deportados.

“Ponga aquí su fecha de nacimiento”, le dice Yvonne López, trabajadora de la Casa del Migrante, a Germán. Tras rellenar el formulario, le ofrecen una sopa de lentejas.

Aquí las cosas están por ahora tranquilas, al mínimo de su capacidad, pero ya han preparado nuevas habitaciones y han traído más colchones. La coordinadora, Blanca Rivera, dice que podrían acoger hasta 3,000 repatriados y migrantes.


Sin intención de retorno


Rivera, sin embargo, admite que algo cambió en los nuevos visitantes. “Si antes se reflejaba un rostro de tristeza, ahora todavía más. Ahora lo están dudando. ‘No voy a volver a cruzar porque quien sabe qué va inventar este señor (Donald Trump) el día de mañana”.

Ese miedo agranda el reto para México: deberá absorber a más migrantes y a más deportados que ahora podrían descartar un nuevo cruce clandestino a Estados Unidos.

“A nivel federal, estatal y muncipal va a ser más que un problema presupuestario. Se necesita mucho dinero y mucho valor humano”, prevé Adolfo Castro, de la Comisión Estatal de Derechos Humanos.

De momento, las cosas empiezan mal. El presupuesto federal de 2017 incluye una reducción a la mitad del llamado Fondo Fronteras y una caída del 13% del Fondo de Atención a Migrantes, según El Diario de Juárez. El gobierno mexicano, además, ha pedido ayuda a las alcaldías para que reciban a los repatriados y varios expertos han advertido de que ciudades como Juárez no están preparadas.

Como una de sus primeras medidas, la ciudad fronteriza anunció que rehabilita un edificio público a unos metros de Estados Unidos para convertirlo en un centro de atención de deportados: autoridades, asociaciones y empresas tendrán oficinas allí en unas semanas para centralizar las posibles ayudas a los repatriados.


Deportados en Ciudad Juárez: quiénes son y a dónde llegan

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Germán Jiménez, el deportado con 36 años fuera del país, tiene claro que no intentará emigrar de nuevo. “No me gusta ya Estados Unidos, para como se está poniendo la situación. Ese presidente nuevo disfraza su racismo con patriotismo. En verdad el inmigrante lo único que quiere hacer es ir a trabajar”.

Buscar trabajo a la vuelta


“Hay que empezar otra vez”, dice Germán. “Hay que buscarle, buscarle y buscarle”. Como no le espera nadie en Coahuila, de donde es, ni le extraña nadie en Arkansas, donde vivía, quiere irse al estado de Sonora, también en la frontera con Estados Unidos.

Habla inglés, por lo que espera encontrar trabajo en alguna tienda, restaurante u hotel. Hasta ahora trabajaba en un restaurante mexicano de Arkansas y, de hecho, fue un día en la ruta con sus compañeros al trabajo que lo detuvieron. El conductor se saltó un semáforo rojo y la policía pidió los papeles a todos los pasajeros.

Lo cuenta en la entrada de la Casa del Migrante, donde hay carteles y panfletos para los recién llegados. Sorprendentemente algunos son en inglés, porque varias empresas que gestionan call centers ofrecen empleos para trabajadores bilingües.

La misma Casa del Migrante también les busca trabajo en casas de cambio, viveros, empresas de construcción, de lavado de autos y en las maquiladoras, la industria más potente de Ciudad Juárez, que emplea a unos 250,000 locales.

Tras la victoria de Donald Trump, la asociación que representa a las fábricas maquiladoras firmó un convenio con el Instituto Nacional de Inmigración para ofrecer empleos a los deportados. Pero la misma industria admite que el plan no es tan fácil.

Acostumbrados a los salarios mínimos de Estados Unidos –o más que eso–, los deportados se encontrarán con una industria maquiladora con largas jornadas y donde los operadadores cobran un equivalente a unos 250 dólares al mes. “Va a ser un golpe fuerte (para ellos) porque, económicamente hablando, sí existe una diferencia”, dice la presidenta de la Asociación de Maquiladoras de Juárez, Teresa Delgado.

Un plan de bienvenida complicado


A Germán, la ayuda económica del gobierno mexicano le permitirá pagarse el boleto de autobús a Sonora, pero ahora espera que algún amigo estadounidense le envíe algo más de dinero para “las tortas y las coca colas” del viaje. Otros repatriados, que viajan al sur de México, se quejan de que ese dinero no le da para llegar ni a la capital de la república.

Todo forma parte de Somos Mexicanos, un rebautizado programa migratorio del gobierno federal que pretende dar la bienvenida a los deportados. En su página web, promete el pago de los viajes, el regalo de mochilas, la ayuda para recuperar las pertenencias en Estados Unidos, e incluido créditos para desarrollar un nuevo negocio a su vuelta.

Sin embargo, un portavoz del Instituto Nacional de Migración no sabe cuantificar qué presupuesto o a cuántos deportados podrá atender este programa de bienvenida.

Blanca López, activista del Programa de Defensa e Incidencia Binacional, es más crítica: “No hay presupuesto específico para Somos Mexicanos porque es el mismo dinero de las dependencias que cotidianamente funcionan con los migrantes”. Además, explica que los fondos para asistir a repatriados mexicanos son distribuidos en función del estado de origen deportados y no de adónde llegan. Y eso deja a los estados fronterizos desprotegidos.

Mientras, Germán, recién llegado cuenta que a él le pagaron el “ticket” de autobús. Pero se da cuenta que ahora debe sustituir el spanglish por el vocabulario mexicano. “Verdad, como se dice… ¡el boleto!”.

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Si usted ha sido deportado desde Estados Unidos, puede contarle su experiencia al autor de esta historia a través del email dbonmati@univision.net o por Twitter.

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