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Primarias Demócratas

Biden al contraataque: el exvicepresidente logra apuntalar su imagen tras el segundo debate demócrata

En el escenario de Detroit la consigna parecía la de ir todos contra el exvicepresidente. Sin embargo, Biden lució mejor que en el primer debate de Miami y terminó dominando el tiempo de pantalla, aunque solo fuera para responder ataques.
1 Ago 2019 – 12:53 AM EDT

Lo primero que se escuchó de la última jornada del segundo debate demócrata fue algo que en realidad no estaba previsto que escuchara la audiencia, cuando el vicepresidente Joe Biden le dijo sonriente a la senadora Kamala Harris “Trátame suave, chica”, con el micrófono abierto pese a que el evento no había empezado.

Esta vez el enfrentamiento no empezó por diferencias sobre cómo manejar problemas de segregación de medio siglo atrás, como ocurrió en el primer debate de Miami en junio pasado (aunque el tema volvió a surgir más adelante en el encuentro organizado por CNN en Detroit)

Harris no estaba dispuesta a ese trato “suave” y por buena parte de la primera hora del debate enfiló contra Biden al contrastar el plan de salud que ella presentó recientemente, una versión híbrida del “Medicare para todos” -con participación pública y privada-, con la propuesta del exvicepresidente, quien quiere expandir la actual ley de salud, conocida como Obamacare.

La senadora por California cuestionó que Biden quisiera extender un sistema que no ha logrado responder a las necesidades de todos los ciudadanos y este le respondió diciéndole que “no puedes derrotar al presidente Trump con un doble discurso sobre este plan”, haciendo referencia al alto costo que implicaría para el fisco.

Pero Harris no reaccionó bien a las críticas de Biden (ni de otros aspirantes que, viendo el relieve que Harris adquirió después del primer debate presidencial también le dedicaron la atención que suelen concentrar los punteros a quienes los demás quieren desplazar).

En un punto Harris sugirió que quienes la criticaban no habían leído bien su propuesta de salud.

La congresista por Hawaii Tulsi Gabbard cuestionó que el plan de Harris contara con el respaldo de Kathlee Sebelius, quien fuera secretaria de Salud y Servicios Humanos de Barack Obama, lo que para la representante era demostración de que era un programa del gusto de la industria de la salud.

Pero el centro de los esfuerzos de todos era Biden. Desde el podio del extremo derecho del escenario, el alcalde de Nueva York, Bill de Blasio trató de elevar su perfil dentro del programa arremetiendo contra Biden, haciéndole preguntas directamente, usurpando el trabajo de los moderadores.

Los tres periodistas de CNN, Jake Tapper, Dana Bash y John Lemon, tuvieron más problemas que la víspera para controlar la tendencia de los candidatos a tomarse más tiempo del pautado, pero por momentos se limitaron a tratar de que se produjeran choques entre los aspirantes.

Del gusto de Trump

Puede haber tenido razón el senador Cory Booker cuando pasado ya varios minutos de intercambios que se hacían cada vez más tensos dijo que “la persona que más está disfrutando más este debate es Donald Trump”.

Aunque el mismo Booker se enfrascó poco después con Biden por el tema de la reforma de justicia criminal, uno de los puntos considerados más débiles de su tiempo como senador por Delaware, cuando promovió duras leyes para tratar de controlar el crimen asociado al narcotráfico que terminaron afectando desproporcionadamente a las minorías.

“(Tenemos) una crisis en nuestro país porque hemos tratado asuntos de raza y pobreza, salud mental y adicción encerrando gente y no sacándola adelante. Y el señor vicepresidente ha dicho que desde los 70, cada ley de crimen importante, grande o pequeña, lleva su nombre”

El careo entre ambos llegó a puntos álgidos cuando Biden trató de defenderse de los ataques.

Todos contra Biden en la segunda noche de debate demócrata en Detroit (fotos)

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“Desde 2007, por ejemplo, yo traté de eliminar totalmente la disparidad el polvo crack de cocaína. En 2007 usted se convirtió en alcalde (de Newark, Nueva Jersey) y tenía un departamento de policía que contrató al hombre de Rudy Giuliani y se enfrascó en detener y cachear. El 75% de esas detenciones fueron consideradas ilegales”, fue el contraataque de Biden.

Booker le dijo que estaba contento con comparar experiencias y aseguró que la ley de reforma criminal recién aprobada sustituyó una que “hasta 2015 usted se vanagloriaba de llamar la Ley Biden”.


Hasta la generalmente menos combativa senadora Gillbrand tomó su turno para lanzar dardos contra el exvicepresidente al exigirle que explicara unas opiniones sobre la mujer en la fuerza laboral que Biden escribió décadas atrás, en 1981.

“Cuando el Senado estaba debatiendo cuidados infantiles asequibles para la clase media, él escribió un artículo. Él votó en contra. Él escribió un artículo: él creía que las mujeres trabajando fuera del hogar ‘crearían un deterioro de la familia’. También dijo que las mujeres que trabajan fuera del hogar están ‘evadiendo responsabilidades’”.

El exvicepresidente explicó primero que “eso fue hace mucho tiempo” y afirmó que votó en contra porque daría exenciones impositivas a personas que ganaban más de 100,000 dólares.

Pero como Gillbrand no se dio por satisfecha con la respuesta, Biden tuvo que explicar que su fallecida esposa y su actual esposa eran mujeres que trabajaban, que él había escrito la ley de Violencia Contra la Mujer y que había trabajado con la senadora por Nueva York en temas femeninos.

“No sé qué ha pasado, excepto que está ahora compitiendo para presidente”, dijo Biden a Gillibrand, notablemente exasperado por estar siendo acorralado por un frente que quizá los estrategas de su campaña no habían previsto.

La salida de Biden generó aplausos entre el público, pero solo sirvió para que Harris la tomara y le devolviera el proyectil retórico al exvicepresidente cuestionando su reciente cambio de posición respecto a la llamada Enmienda Hyde, que impide que sean destinados fondos federales para la práctica de abortos.

Esa es una política que Biden siempre apoyó desde el Senado y luego en la Casa Blanca de Obama. Pero cambió de opinión al inicio de la campaña por las primarias, en parte presionado por el clima de la opinión dentro del Partido Demócrata, donde el ala más progresista domina la agenda en el tema de los derechos reproductivos y de la mujer.

El aprendizaje de inmigración

Igual que sucedió la víspera, inmigración fue uno de los temas que consumió más tiempo y generó más discusión entre los aspirantes demócratas.

Aunque todos los candidatos expresaron su rechazo a la política de tolerancia cero promovida por el presidente Donald Trump que permitió (y según denuncias de grupos de defensa de los derechos civiles) sigue permitiendo la separación de familias que llegan sin documentación a la frontera, hubo áreas de confrontación.

Biden fue el que tuvo más problemas para explicar su posición, cuestionado por el hecho de que Barack Obama deportó más indocumentados que ningún otro presidente (de hecho, los grupos de defensa de los inmigrantes lo bautizaron “Deportador en Jefe”)

De hecho, en medio de su intervención dos mujeres se pararon al fondo de teatro y gritaron consignas y mostraron pancartas recordando a los 3 millones de personas que fueron deportadas durante el gobierno Obama-Biden. En eso momento el favorito en las encuestas tuvo que hacer una pausa mientras se reestablecía el orden.

Desde el podio, tanto Booker, el alcalde De Blasio y el exsecretario de Vivienda, Julián Castro, enfilaron contra el exvicepresidente. A Castro, Biden le dijo que en las muchas reuniones de gabinete en las que participaron nunca le escuchó decir algo sobre el tema.

“Parece que uno de nosotros aprendió la lesión del pasado y otro no. Necesitamos a alguien que realmente tenga coraje en este tema”, expresó Castro.
Cuando De Blasio quiso saber si como vicepresidente le había parecido buena idea o si había aconsejado al presidente Obama detener las deportaciones, Biden respondió que no hablaría en público sobre los consejos que le dio al entonces presidente, de quien dijo que era la responsabilidad de manejar la política migratoria.

Y allí saltó nuevamente desde el flanco derecho Booker diciendo a Biden: “No puedes tener ambas cosas. Usted invoca al presidente Obama más que nadie en esta campaña, no puede hacerlo cuando es conveniente y esquivarlos cuando no lo es”.

El solitario Yang

Hubo menos diferencias en temas como cambio climático, una amenaza que todos los aspirantes demócratas reconocen como el máximo desafío que enfrenta la humanidad, en contraste con los republicanos que ponen en duda el basamento científico del concepto.

El único candidato que no la emprendió contra alguno de sus compañeros de escenario y trató de ofrecer un mensaje más directo sobre economía y trabajos fue el empresario Andrew Yang, el ‘outsider’ del grupo de 10 que se vieron las caras este miércoles. Fue también quien menos tiempo logró hablar.

Yang insistió en su plan de dar 1,000 dólares mensuales a cada adulto estadounidense, un plan que considera que ayudará dinamizar la economía y hasta apoyar los planes de estudio de algunos ciudadanos para tener mejores destrezas laborales.

En sus palabras de cierre, Yang se quejó de que todo de lo que se habló de él tras el debate de Miami fue el que no llevara puesta una corbata (como tampoco hizo en esta ocasión) y cerró con una dura crítica a la dinámica del careo que considera que no favorece el debate en profundidad.

“Acá estamos con maquillaje en nuestras caras y nuestras ensayadas líneas de ataque. Haciendo papeles en este reality show. Es una de las razones por las que elegimos a una estrella de la reality TV como nuestro presidente”.

Y el ganador es....

El de Detroit quizá sea el último debate de doble tanda de las primarias demócratas. El tercero que realizarán en Houston ABC y Univision tendrá niveles más altos para clasificar y por eso muchos candidatos hicieron sus mejores esfuerzos por destacarse entre un público nacional.

Los primeros análisis de la noche indicaban como “ganadores en ausencia” y por contraste a los senadores Bernie Sandes y Elizabeth Warren, quienes participaron en la primera jornada de debates la noche del martes. Harris no tuvo el brillo que mostró en Miami, mientras que Booker tampoco descolló en su presentación.

El consenso era que Biden, pese a ser el más vapuleado en el escenario, logró recuperar algo su imagen de la actuación deslucida que tuvo en Miami. El exvicepresidente lució más combativo y hasta agresivo a la hora de responder a sus contrincantes.

Es cierto que no lució todo lo agudo que algunos recuerdan de sus tiempos del Senado o como segundo de Barack Obama y pareció tener dificultades al concretar ideas presionado por el tiempo.

Incluso al final, en sus palabras de cierre, envió un mensaje de recaudación de fondos de campaña en el que al dar un número para mensajes de texto pareció estar dando la dirección de un sitio de campaña. Biden 30303 se convirtió rápidamente en meme y algunos bromeaban con que esa era la fecha de su próxima candidatura.

Con todo, Biden dominó el reloj y acumuló más de 21 minutos de intervenciones, seguido por Harris con casi 18 minutos y Booker con 13. El resto del pelotón logró hablar entre 9 y 11 minutos.


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