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Elecciones 2016

¿Saldrá ileso Trump de su pelea con los padres del soldado muerto en Irak?

Las críticas del republicano contra un matrimonio paquistaní-estadounidense, que contó en la Convención Demócrata la historia de su hijo militar caído en Irak, le ha resultado un embrollo en el arranque de la campaña, incluso dentro de su propio partido.
1 Ago 2016 – 10:25 AM EDT

La inesperada emergencia que creó Donald Trump permitió que Mike Pence encontrara un trabajo inmediato que hacer como candidato a la vicepresidencia: enmendarle la plana a su compañero de fórmula y tratar de sacarlo del hueco en el que se metió en su pelea con la familia de un soldado estadounidense musulmán caído en Irak doce años atrás.

Pence emitió un comunicado el domingo explicando que tanto él como Trump reconocen que Humayun Khan es un “héroe estadounidense”, aunque insiste en la propuesta de prohibir la entrada de musulmanes al país, centro de las críticas que los padres del capitán Khan hicieron a los republicanos desde la Convención Nacional Demócrata de Filadelfia la última semana de julio.

La pelea con los Khan domina el arranque de la campaña electoral para las presidenciales de noviembre y aunque es muy pronto para saber qué impacto puede tener en las aspiraciones del magnate republicano, recuerda lo sucedido en junio pasado con un respetado juez federal de ascendencia mexicana Gonzalo Curiel, cuando Trump fue criticado por sus declaraciones “racistas” hasta por notables de su propio partido.

En este nuevo caso, el empresario-candidato arremete contra una instancia respetada como pocas en EEUU: las familias de los militares y sobre todo la de los caídos en la “defensa de la libertad”, conocidas como “Gold Star”.

Por eso, cuando los organizadores de la Convención Nacional Demócrata pensaron en la familia Khan para que diera un discurso sobre el significado del patriotismo siendo inmigrantes, estadounidenses y musulmanes, seguramente lo hicieron pensando que el suyo era un ejemplo poderoso, blindado, muy difícil de criticar.

Nada sagrado

Khizr Khan, sin experiencia en grandes escenarios, pero con aplomo notable, acompañado silenciosamente por su esposa Ghazala, explicó cómo cayó su hijo en la guerra de Irak. Y arremetió contra el republicano Donald Trump por su discurso que desconoce los aportes al país que hacen familias inmigrantes como la suya.

Pero no parece haber muchas cosas sagradas para Trump, quien atacó sin consideración a la pareja paquistaní, los calificó de “títeres” de los demócratas y de paso sugirió que la esposa no habló porque no la dejaron, como correspondería en la religión musulmana.

En eso siguió el fin de semana, hasta que dentro del Partido Republicano empezaron a surgir voces alarmadas por estos ataques contra la familia de un condecorado héroe estadounidense. Paul Ryan una vez más salió a distanciarse de su candidato, al que tanto alabó en la Convención de Cleveland dos semanas atrás.

Cierto que los Khan no le dieron respiro porque el fin de semana estuvieron hablando de su historia en los programas políticos de TV y Ghazala publicó un artículo en The Washington Post explicando que era el dolor del recuerdo de su hijo la razón de ese silencio que a Trump le pareció tan sospechoso.

Oponentes insospechados

Los Khan han resultado un muro poderoso con el que se ha topado Trump, una familia humilde radicada en Carolina del Norte que desmonta el discurso del magnate y de paso deja claro cuán divisiva es su estrategia, al punto que casi llega a establecer niveles entre los militares estadounidenses basado en su origen racial o nacional.

Es muy difícil creer que si se tratara de una familia blanca anglosajona, Trump hubiera reaccionado de la manera como lo hizo.

Además, el episodio recuerda la pelea en la que se embarcó él solo con el juez Gonzalo Curiel, el magistrado federal de San Diego que lleva un caso contra la Universidad Trump, en suspenso hasta después de las elecciones.

La “mexicanidad” de Curiel era lo que el republicano señalaba para mostrar cómo no podía recibir un juicio justo. Esa pelea, a la que ni Curiel ni su oficina respondieron, le valió a Trump el calificativo de “racista” por parte de algunos, incluyendo a Paul Ryan.

Este lunes, el senador John McCain salió en defensa de los Khan. El mismo McCain fue criticado en su momento por Trump, quien cuestionó su estatus de héroe de la guerra de Vietnam.

Criticar a un juez federal respetado por todos quienes le conocen y por el Senado que aprobó su nombramiento, o cuestionar a una familia que vive el duelo de la pérdida de un hijo, son honduras donde con seguridad algunos estrategas de la campaña preferirían que el candidato no se metiera.

Cuestión de temperamento

Pero Trump no es un político, condición que vende como su mayor virtud, el atractivo de su oferta electoral. Además tiene en sus manos una cuenta Twitter con la que ejerce sin cortapisas su derecho a la libertad de expresión.

También es cierto que en el cálculo de su campaña debe estar el que los seguidores del magnate estarán con él sin importar en qué polémica se meta. De hecho, pensarán como piense su líder, sospecharán de musulmanes independientemente de las condecoraciones militares que puedan tener.

Lo de Curiel le costó algunos puntos en las encuestas ante Hillary Clinton, pero superado el tema los recuperó en unas semanas. Claro que la dinámica de la campaña era otra y esto puede costarle más caro, sobre todo porque se trata de una familia militar, algo más cercano al votante que un frío magistrado.

Si la historia de los Khan era una trampa que le tendieron en la Convención Demócrata, Trump picó el señuelo. Si no lo fue, demostró ser víctima una vez más de sus rápidas reacciones vía Twitter cada vez que algo le toca el ego.

Cualquiera que haya sido el caso muestra características de su personalidad que son difíciles de compatibilizar con el cargo al que aspira, para el que la mesura y la claridad son fundamentales.

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