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Elecciones 2016

La elección y la polarización: Estados Unidos, un país dividido

Univision Noticias recorre las fronteras entre el campo y la ciudad en estados claves en la elección para explorar un tema central de los últimos tiempos: la creciente polarización cultural, social y económica en Estados Unidos.
30 Sep 2016 – 5:31 PM EDT

Donald Trump y Hillary Clinton compiten por llegar a la Casa Blanca en un ambiente de creciente polarización. No se trata sólo de la tradicional división de liberales y conservadores, o la de élites contra outsiders. En realidad nos encontramos frente a un profundo quiebre entre dos realidades paralelas: la vida en el campo y la vida en la ciudad.

Univision Noticias visita las fronteras que se forman de costa a costa entre estas dos zonas. Las 'islas azules' en 'mares rojos' son los mejores sitios para empezar a entender de dónde viene esta división y entender cómo la gente vive en países separados por sus ideas, costumbres, necesidades, creencias y aspiraciones.

Exploramos las grietas que surcan los Estados Divididos de Norteamérica, un país que se debate entre continuar un legado progresista de la mano de Clinton, y "volver a ser grandioso de nuevo", de la mano de Trump.


Día 4: Lancaster, de rojo a azúl

En Lancaster son las 7:30 p.m. pero la mayoría de los locales están cerrados. Excepto por el teatro local, un café, y una oficina forrada en propaganda política.

Adentro dos jóvenes voluntarios terminan de organizar el papeleo del día. Trabajan para las campañas de los demócratas Christina Hartman, candidata al Congreso por el Distrito 16 de Pennsylvania, Mike Sturla por el Distrito 26 y Greg Paulson, candidato al Senado.



Uno de ellos, quien prefirió no dar su nombre ya que no puede hablar por las campañas, me habla entusiasmado de la lista “De Rojo a Azúl” del DCCC, el Comité de Campañas Congresionales Democráticas por sus siglas en inglés, el brazo oficial de las campañas demócratas en la Cámara de Representantes.

“Los demócratas de la Cámara están a la ofensiva y van a tomarse muchos puestos en noviembre …. estos candidatos están listos para darle la pelea a los republicanos de la Cámara. El pueblo estadounidense se merece una Cámara de Representantes que luche por el progreso y la prosperidad, no la obstrucción”, reza su página web.

El DCCC ayuda a estos candidatos como Hartman, Sturla y Paulson recaudando fondos para sus campañas, les comparten recursos, listas de votantes, listas de emails, y los conecta con voluntarios, según me cuenta uno de ellos.


Lancaster tiene un grupo importante de boricuas, me dice el otro, y cuando sale a tocar puertas pidiendo el voto por su candidato, Sturla, usa su botón de Donald Trump que dice “Pendejo”, y nunca le falla.

El otro voluntario me dice: “Ellos entienden que cuando Trump habla sobre los mexicanos está hablando de ellos también”.

En ese momento un hombre entró a la oficina para ofrecerse como voluntario. Scottie Collins, de 33 años, se acababa de mudar a Lancaster hacia tres semanas de un lugar llamado Coal Township, y la alegoría no podía ser más literal.


“Se ha puesto mucho peor, no hay nada allá”, me dice Scottie. Aquí “hay más oportunidades”, acá tiene amigos y además le gusta la escena de la música y el arte.

Scottie consiguió trabajo en una bodega empacando productos para mandar por correo, como Amazon e eBay. Toca guitarra, dibuja y escribe poesía. Eso es lo que realmente quiere hacer. La política le parece importante y se identifica más con los demócratas.

De donde viene, Coal Township, es “hardcore Trump republicano”, me dice. “Me insultan, pero no me molesta. Me llaman ‘lib-tard’, (un juego de palabras en inglés entre ‘liberal’ y ‘retrasado’).


Dice que en los pueblos cercanos de Shamokin y Ephrata se ven banderas confederadas y avisos en los patios con la imagen de Trump.

“Los únicos que debieran votar por él son los millonarios", dice Collins. "Yo voy a votar por alguien que tenga mis intereses en mente”.


Día 3: Filadelfia y Lancaster, o cómo millenials en la quiebra podrían transformar el campo

Hoy salgo de Filadelfia para dirigirme hacia el condado aledaño de Lancaster, al pueblo del mismo nombre.



Se llega por una zona de Pennsylvania con carreteras con nombres como ‘Camino de la Cantera de Piedra’. Sin embargo este pueblo de 59,322 habitantes es el contra-argumento del estereotipo del pueblo pequeño y deprimido del Cinturón de Óxido.

Está en uno de los condados más rojos más cercanos a Filadelfia--que esta en uno de los condados más azules del estado. Según números obtenidos por la firma de procesamiento de datos, Cifras y Conceptos, en el condado de Filadelfia 78% son demócratas registrados y 11% republicanos. Los condados que lo rodean son swing, o morados, es decir, casi mitad-mitad están registrados por un partido y por el otro. El condado de Lancaster sí se encuentra en el espectro rojo, con 52% para los republicanos y 32% para los demócratas.


Pero esto podría cambiar. Cuando hablé con Brian Creech, profesor de periodismo de la Universidad de Temple en Filadelfia, le pregunté qué tipo de patrones demográficos políticos podríamos ver en los años que vienen. Me habló de millenials en la quiebra que tienen que huir de las grandes ciudades por la renta exorbitante hacia ciudades más pequeñas, los suburbios y los pueblos.

Esto mismo fue lo que me encontré en Lancaster, más una ciudad miniatura que un pueblo pequeño.

En vez de un pueblo de gente blanca y mayor, con valores tradicionales y más rígidos, vi diversidad: parejas interraciales, metaleros, hippies. Hombres de pelo rizado hasta los hombros con chaquetas de cuero, jeans negros y faldas escocesas. A 10 minutos de aquí horrorizaría a los transeúntes pero en este café que vende sopa de maní africano y aguacate pasa desapercibido. Hay niños jugando, dos parejas de unos 60 años, hombres con barbas blancas y panzas protuberantes. Hay tiendas de vinilos y casas de arquitectura tradicional a una cuadra de un teatro donde se presentan musicales.



Creech dice que los medios y los políticos subestimaron qué tanto golpeó la recesión a los jóvenes que hasta ahora entran a la fuerza económica, y eso en parte llevó al ascenso político inesperado de Bernie Sanders.

Pero no son solo los jóvenes los que no tienen dinero y que podrían empezar a emigrar fuera de las ciudades. Otro grupo que siempre anda en la quiebra, como bien reza el estereotipo, son los artistas.

¿Qué relevancia pueden tener ellos en esta historia?

La clave de cómo se pueden ver transformados pueblos como Lancaster está en un desarrollador de bienes raíces de los 80, y cómo transformó barrios y ciudades enteras.

Tony Goldman fue un desarrollador ‘visionario que convirtió a Miami Beach en Miami Beach, a Soho en Nueva York en Soho y a Wynwood en Miami en lo que es hoy en día.

Además revivió la zona de la Calle 13 en Filadelfia, que en los 90 era la “capital de la prostitución, droga y deterioro de la ciudad", según el presidente del Distrito del Centro de la Ciudad, Paul Levy.

Su estrategia: comprar propiedades al por mayor en barrios derruidos y ofrecer allí renta gratis a artistas, con una condición: en Lincoln Road, que pintaran y practicaran baile en recintos con ventanas descubiertas para que la gente al pasar viera todo lo que ocurría adentro. En Wynwood, que los edificios mismos fueran el lienzo donde pintaran sus obras.

Y en Filadelfia la clave del éxito fue los restaurantes artesanales gourmet. Ahora la zona está llena de enormes murales que continúan el ciclo de atraer gente, subir los precios, limpiar la zona y bajar el crimen. En los tres casos el arte y lo artesanal atrajo a la gente, la gente atrajo a los negocios, los cafés, las boutiques de lujo, subiendo la renta y desplazando a los antiguos habitantes de bajos recursos que le daban mal nombre al lugar.


Indudablemente esto tiene una dimensión de desplazamiento económico violento, además de una dimensión racial, ya que los barrios deprimidos muchas veces son habitados por afroestadounidenses e hispanos. Por otro lado, los recién llegados que buscan cerveza artesanal, yoga y batidos de verduras son en su mayoría blancos.

Pero en lugares como Lancaster, donde la historia de la gentrificación es más una historia de clase económica que de raza, los millenials y los artistas traen no solo arte y comida artesanal y todas las otras cosas que asociamos con los millenials. También traen sus ideologías liberales y sus ganas de votar. Más de eso en la siguiente entrada.

Día 2: Los temas usuales, divididos y politizados

Incluso un tema como Uber, el servicio de transporte particular, se ha vuelto un tema politizado y polarizado, y esta división se marca sobre las líneas usuales entre zonas urbanas y rurales.


Kevin Kane, un estudiante de Temple University y director de coordinación voluntario para Turning Point USA, una organización sin ánimo de lucro que aboga por el libre comercio, recorre el campus de la universidad estos días contándole a los estudiantes sobre la última controversia de Uber.

Las licencias que tienen Uber y Lyft, los servicios de transporte particular, expiraron en Filadelfia el 30 de septiembre, y expirarán en todo el estado el 30 de enero de 2017.

Kane me contó que “ha sido difícil recibir atención o apoyo de parte de la prensa y políticos locales, porque es un tema que nos afecta mucho a los estudiantes, pero no a la gente del campo”.

A nivel estatal, más no a nivel federal, el poder legislativo está ladeado hacia el campo, como me explica Brian Creech, profesor de periodismo de la Universidad de Temple cuando nos reunimos en Filadelfia a hablar sobre la polarización del país.

Esto se ve reflejado en el problema que tienen estudiantes como Kane cuando quieren apelar a decisiones que afectan a todo el estado, incuyendo a las ciudades.

“En el campo cada uno tiene su propio carro o camioneta, pero aquí —no sé si se dio cuenta, este barrio no es muy bueno— nosotros dependemos del transporte público, y no tenemos carro, y si salimos tarde de clase o alguna otra cosa, dependemos de Uber. Mientras más opciones tengamos, mucho mejor”.


El papel de los medios


Aunque el ambiente físico en el que vive la gente del campo y la ciudad es radicalmente distinto, esto no alcanza a explicar por qué por qué la mayoría de los republicanos ( 72% según una encuesta de NBC de agosto) aún duda que el Presidente Barack Obama sea un ciudadano estadadounidense, y que ahora muchos crean en las teorías de conspiración de que Hillary Clinton tiene una enfermedad mental inhabilitante (por nombrar las teorías más decentes).


Estos millones de personas tienen una perspectiva de la realidad diametralmente opuesta a la de la otra mitad: estos son más jóvenes, más progresistas, creen con pasión en los derechos LGBT y en la diversidad, creen que el cambio climático es un peligro real y urgente y si pudieran eligirían a Obama cuatro años más.

Todo esto no puede ser solamente porque unos fueron a la universidad y los otros no, o porque unos se duerman con el sonido de los grillos y los otros con sirenas de ambulancias. Para entender más de esto hay que ir a la fuente de dónde la gente forma gran parte de su percepción de la realidad: a través de las noticias.


Diferentes sabores de la realidad

Para Brian Creech, profesor de periodismo de la Universidad de Temple en Filadelfia, “las noticias son un artefacto cultural producido en un mercado, y como tal, obedece las reglas de un mercado”.

Eso nos da una clave de cómo opera la prensa hoy en día y cómo ha creado estas perspectivas atomizadas de la realidad, que se venden como diferentes sabores que se pueden vender con estrategias de mercadeo y publicidad.

Creech estudia “la producción de conocimiento público, y las maneras en que la tecnología, la política y el periodismo presentan los problemas, eventos y fenomenos que entran en el debate y discurso público”. Nos reunimos en un barrio en el noroeste de la ciudad llamado Manyunk que limita con zonas más suburbanas pero que está lleno de restaurantes internacionales y cafés donde familias alemanas vienen a jugar con sus niños.


Creech me explica que cuando surge la televisión de cable en los 90 y el canal de noticias de derecha Fox News (aunque dice que Fox no debería considerarse como noticias) descubre ese modelo de negocio increíblemente exitoso de apelar a un nicho, y por ese camino muchos siguieron, como MSNBC, un canal más de izquierda.

Luego surge el internet, los blogs y luego las redes sociales, hasta llegar a nuestros días cuando la saturación de información es altísima, pero las noticias “objetivas” o “neutrales” son escasas.

“Hemos tenido prensa sesgada


por mucho más tiempo


del que hemos tenido


prensa ‘neutral’”


-Brian Creech


"En el periodismo ha habido una demanda del mercado por competir con el entretenimiento, por lo menos desde los 80", me dice Creech. "Lo vemos cuando emerge el periodismo de estilo de vida, un tipo de periodismo más suave en vez de periodismo duro y contextualizado, porque existe esa suposición de que la audiencia no quiere eso, no quiere conocimientos complejos en sus noticias. Eso lleva a un entendimiento general del mercado y en la industria de que las audiencias no quieren información cuidadosa y analizada, que quieren noticias que son más relevantes para su vida diaria, en vez de su vida como ciudadanos de una democracia".

Esa última parte es clave: si se asume que los ciudadanos quieren información relevante para su vida diaria, entonces la información que se presente tendría que adaptarse y modificarse considerablemente, teniendo en cuenta que el estilo de vida, economía, transporte, valores, necesidades, etc., de los citadinos y los pueblerinos son tan opuestos.

Creech piensa que hacer esta suposición es un error.

El problema está, dice Creech, en que es difícil medir qué tanto impacto puede tener una noticia en un “ciudadano”—si empieza a aparecerse en las reuniones del consejo de su ciudad, o empieza a votar en elecciones locales.

En cambio, es más fácil medir si una publicidad tiene efecto o no, y como esta es la que patrocina las noticias, al final sí determina quiérase o no, todo lo que se publica.


Historia cíclica

Lo que es interesante es que “hemos tenido prensa sesgada por mucho más tiempo que el que hemos tenido prensa ‘neutral’”, dice Creech.

Al principio de la historia del país, me explica, a partir de finales de 1700, la prensa era parte de los partidos políticos, y solo representaban esos puntos de vista. En los años 20 y 30 la publicidad surge y es lo que le permite a la prensa ser libre, para poder sostenerse por sí misma.

Desde ese entonces hasta los 90s cuando surge Fox News, tuvimos un periodo extraordinario donde “el periodista neutral, o por lo menos el concepto del periodista neutral, era el ideal”.

Sin duda la candidatura de Donald Trump está de nuevo resignificando y cuestionando el papel del periodista. ¿Hasta qué punto puede o debe ser neutral? Pero también, ¿para qué? ¿qué efecto quiere tener un periodista, en el individuo, en la sociedad?

Día 1: Filadelfia y la educación como factor en la polarización

La primera parada es en Filadelfia, en Pennsylvania. Este estado del noreste es un estado péndulo, uno de los siete a 11 estados que decidirán esta elección.


Como pasa en Nueva York y Atlantic City, una gran urbe está rodeada de zonas rurales, dividiendo el voto entre demócrata para la ciudad y republicano para el campo. Lo mismo ocurre en Pennsylvania en Filadelfia y en Pittsburgh, al otro lado del estado.

Uno de los factores que mejor determinan qué tan liberal o conservador es un votante es el nivel de educación. Y usualmente la gente en las ciudades tiene más acceso a la educación secundaria. Por esto también los votantes en las ciudades tienden a ser más liberales.

Visité la Universidad de Temple en el norte de Filadelfia para hablar con expertos y estudiantes sobre el tema. El campus de Temple es un campus muy citadino y muy del noreste del país: había camiones de comida alineados por muchas de sus calles, con diseños modernos, ofreciendo comida india, opciones vegetarianas, crepes franceses y tacos con fusión asiática. Los estudiantes visten jeans apretados, chaquetas verde militar, botas negras. Jóvenes por lo usual blancos, pálidos, con pintas más intelectuales que de atleta.


En Temple hablé con Fabienne Darling-Wolf, profesora de periodismo que estudia el impacto de la comunicación global en la cultura y la organización social. Darling-Wolf es originaria de Francia pero ha vivido en Texas, Japón y Iowa, lo que le da una perspectiva única de estas elecciones.

Para Darling-Wolf, esta gran división en el país se viene cementando desde la era de Reagan, en los 80s, cuando creció la corriente anti-intelectual en el país que los republicanos han impulsado desde entonces. Eso ha contribuido a que el público desconfíe de los medios y de los políticos, dos sectores de la población que casi por definición vienen de una clase letrada.

Ahora estamos viendo cómo Trump explota esta desconfianza al máximo, con una osadía que ni los mismo republicanos de alto rango como Newt Gingrich, ex presidente de la Cámara de Representantes, o Rudy Giuliani, exalcalde de Nueva York, se atrevían a sacar.

Lo que le llama la atención a Darling-Wolf, entre muchas otras cosas, de sus estudiantes estadounidenses, es que piensan que la prensa en el país tiene un sesgo de izquierda, cuando estudios de medios que ella misma condujo determinan que no es así.

Me dijo que sus estudiantes creen que NPR, la Radio Pública Nacional, por ejemplo, es de izquierda, al igual que The New York Times, cuando sus posturas nunca cuestionan el capitalismo, el consumismo, el neoliberalismo, u otras posturas de centro-derecha y derecha.

Este hecho recalca, por supuesto, la "falta de una verdadera izquierda en Estados Unidos, por lo menos desde los años 20, una izquierda que no veíamos hasta que apareció Bernie", dice Darling-Wolf, refiriendose al ex candidato a la nominación demócrata, el senador por Vermont Bernie Sanders.


Un regalo de cumpleaños


Cerca al centro de estudiantes y de una biblioteca había un puesto para registrar votantes. Hablé con Amy Bell, una mujer de 60 años que para su último cumpleaños se regaló a si misma comprometerse a hacer algo por su comunidad que la “llenara personalmente”, y decidió dedicarse a registrar estudiantes para votar.

Se ofreció como voluntaria para la campaña de Hillary Clinton, y a través del Partido Demócrata de Pennsylvania por los últimos tres días ha ayudado a registrar a unos 25 estudiantes, pero ha hablado con decenas más. De estos ella estima que un “3% es republicano” —es decir, muy pocos.

“Vi lo que estaba pasando en el país, lo feo que se está poniendo el mundo, lo polarizados que están los temas, lo degradado que está el dialogo, que decidí que tenía que hacer esto después de retirarme”.


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