El primer asalto de Trump versus Biden

Se supone que el primer debate, que se celebrará en Cleveland, se concentre en seis temas previamente seleccionados por la comisión de debates presidenciales: los antecedentes de Biden y Trump, la Corte Suprema, la pandemia, el racismo y la violencia social, le integridad de las elecciones y la economía.

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Daniel Morcate
Donald Trump y Joe Biden se verán las caras en las elecciones de noviembre.
Donald Trump y Joe Biden se verán las caras en las elecciones de noviembre.
Imagen Patrick Semansky/AP

Un lugar común de la política de Estados Unidos es que los debates no deciden contiendas presidenciales. Puede ser. Pero desde que comenzaron a celebrarse, en 1960, han sido un barómetro confiable para determinar cómo son y cómo piensan los candidatos sobre asuntos fundamentales en los que está en juego el futuro de la nación. Son una carta de presentación de los aspirantes ante los electores, especialmente ante aquellos que no los conocen bien o que votarán por primera vez.

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Los votantes veteranos conocemos bien, o deberíamos conocer bien, a los dos candidatos que debatirán a partir de mañana martes. Biden lleva medio siglo en la política y ha sido concejal, senador y vicepresidente. Esto presupone un bagaje de servicio público cuyos logros él puede invocar y cuyos errores puede explotar su rival.

Trump, como sabemos, no es un político de carrera. Pero ha usado su fama televisiva y su extraordinaria capacidad para engatusar a millones y convertirse en presidente. Se ha rezagado en las encuestas nacionales y enfrenta una andanada de denuncias sobre su carácter, sus negocios, sus impuestos y su manejo de la pandemia de coronavirus y la crisis económica sin precedentes que ésta ha provocado, entre otras cosas.

Se supone que el primer debate, que se celebrará en Cleveland, se concentre en seis temas previamente seleccionados por la comisión de debates presidenciales: los antecedentes de Biden y Trump, la Corte Suprema, la pandemia, el racismo y la violencia social, le integridad de las elecciones y la economía. Pero el moderador Chris Wallace, con la ayuda del equipo periodístico de la cadena Fox que lo asesora, tratará de extender esos temas a otros igualmente sustantivos.

Uno de ellos seguramente será la reveladora exposición que hace The New York Times sobre cómo Trump ha sorteado durante años el pago de impuestos, tiene en quiebra virtual la mayoría de sus negocios y debe cientos de millones de dólares al gobierno y al sector privado. La cuestión es qué podemos esperar de los dos candidatos.

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En el caso de Trump no es difícil imaginarlo. Acusará a Biden sin tregua de cosas que no es o de las que no tiene pruebas: socialista, débil ante la delincuencia y corrupto porque su hijo Hunter fue ejecutivo de Burisma, una empresa energética de Ucrania que ha enfrentado investigaciones de cohecho. Sus ataques irán precedidos de su ya famoso – o infame – “todo el mundo sabe que”, donde “todo el mundo” en realidad significa él, sus cómplices y, a lo sumo, sus seguidores fanáticos o ingenuos.

El presidente también evitará defenderse de las críticas que le haga su rival y cambiará de tema cuando el moderador le haga preguntas incómodas. Invariablemente culpará a segundos y terceros de las calamidades y desafueros que se le atribuyen, como el manejo irresponsable de la pandemia, el nepotismo desvergonzado, el uso de su cargo para promover sus negocios personales y familiares, el uso de la fuerza excesiva para reprimir manifestaciones motivadas por la brutalidad policíaca y su renuencia a comprometerse a aceptar los resultados de las elecciones si pierde.

El reto de Biden será evitar el cometer errores desastrosos que puedan afectar su condición de líder en los sondeos. El exvicepresidente lleva días preparándose para el debate y se entiende. Pero no es nada fácil prepararse para responder a quien debate con insultos, humillaciones, falsedades y exageraciones, como suele hacer Trump.

Analistas como Phillipe Reines le recomiendan que use recursos cuestionables de su rival, diciendo, por ejemplo: “Señor presidente, todo el mundo sabe que lo que usted llama falso es real; lo que llama verdad es mentira; y que aquello de lo que acusa a los demás es lo que usted hace”. Reines hizo el papel de Trump en los preparativos para los debates de Hillary Clinton hace cuatro años.

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Yo creo más bien que Biden saldría mejor parado si en estos encuentros televisados a millones establece claramente la diferencia entre un candidato presidenciable que se preocupa por el bien común y entiende las necesidades de los débiles y vulnerables y un narcisista que se nutre de la adulación, denigra ferozmente a sus críticos y es indiferente al sufrimiento y las necesidades de los demás. El vicepresidente tiene a su favor las pocas expectativas que inspira su condición de político de carrera y moderado. Si utilizara los típicos golpes bajos de Trump, correría el riesgo de estar fuera de su elemento, de rebajarse y de enlodarse.

En última instancia, los debates que se inician este martes son una oportunidad óptima para evaluar a quienes aspiran a gobernarnos durante los próximos cuatro años, sopesar su ánimo, el tono de su discurso y su personalidad. Pero también deberían ser solo un abreboca para indagar con avidez en otras partes – periódicos, revistas, programas televisivos - más información sobre la trayectoria, los planes y las promesas que nos hacen los dos candidatos.

Nota: La presente pieza fue seleccionada para publicación en nuestra sección de opinión como una contribución al debate público. La(s) visión(es) expresadas allí pertenecen exclusivamente a su(s) autor(es). Este contenido no representa la visión de Univision Noticias o la de su línea editorial.