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CityLab Vivienda

Por qué los hogares están perdiendo sus jardines en EEUU

Las dimensiones de las casas han aumentado, pero los patios en todo el país se han empequeñecido.
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11 Jul 2016 – 11:34 AM EDT

Las casas en Estados Unidos siguen creciendo. Hoy día, una residencia nueva promedio abarca 2,500 pies cuadrados, cerca de un 50% más que el promedio de las casas a fines de los setentas, según información censal. Comparada con la casa típica de hace 40 años, la de hoy tiene un baño y una habitación adicionales, lo que la equipara en dimensiones a la de La Familia Brady, en la cual podían famosamente convivir dos familias a la vez.

Esta expansión, lógicamente, ha tenido su costo: el césped.

El primer diagrama a continuación muestra cómo se veía una casa promedio en 1978, cuando medía 1,650 pies cuadrados y ocupaba 0.22 acres. El segundo gráfico, en cambio, ilustra las dimensiones de una casa tipo en 2015.


Mientras las residencias han ido creciendo, los terrenos sobre los cuales están construidas se han reducido. Un área promedio ha disminuido hasta 0.19 acres, lo que equivale a una reducción del 13% respecto de 1978. Eso podría no parecer mucho, pero cuando se tiene en cuenta el tamaño ajustado al crecimiento de las residencias, entonces resulta que el patio promedio se ha contraído en más de un 26%, y ahora abarca apenas 0.14 acres. El valor real está en algún lugar entre esos dos números, ya que los pies cuadrados de una casa podrían incluir un segundo (o tercer) piso. En cualquier caso, se trata de una reducción sustancial.


Y aquí van algunos datos sobre los nuevos hogares. Primero, nadie va de puerta en puerta podando patios delanteros ( bueno, hay algunas excepciones). La verdad es mucho más siniestra: los estadounidenses están, deliberadamente, comprando casas con patios más pequeños. ¿Con qué podemos identificar a Estados Unidos, si no con el derecho a pastos mullidos y fértiles, incluso más tupidos que las alfombras y paredes de los Brady?

En un inicio supuse que el encogimiento de los espacios verdes se debía al interés creciente por construir casas “anexas”, apartamentos de dos plantas, o cualquier vivienda que comparta pared con un vecino. Este tipo de residencias, populares en algunas ciudades y suburbios interiores, ofrecen mucho menos espacio de patio que las casas independientes, a pesar de su cantidad de metros cuadrados. Por desgracia, los datos del Censo indican que un 90% de las nuevas viviendas vendidas en 2015 son "independientes", lo que quiere decir que casi todo el crecimiento provino de las estructuras más tradicionales. Mi teoría se derrumbó.

¿Se trata de una problemática regional? Quizás la estrechez de los terrenos sea una consecuencia directa de que siga construyéndose en las hacinadas ciudades del Noreste, donde la tierra cada vez es más cara. Pues no: debido a la recesión, la construcción de nuevos hogares en el extenso trayecto norte de la I-95 cayó estrepitosamente, y desde entonces no se ha recuperado. Es el Sur, en cambio, el que ha experimentado el mayor auge en este ámbito, y la tierra allí es aún bien barata. De hecho, un informe de Zillow en 2015 halló que los patios también se están reduciendo en los estados sureños y en las Grandes Llanuras, a pesar de un exceso de espacio para expandirse.

El mismo informe plantea que esta contracción de las áreas verdes tiene más bien un trasfondo económico. La gente quiere casas más grandes, pero como cada pie cuadrado adicional aprecia la casa, entonces los constructores mantienen los mismos precios por medio de la reducción de la superficie del césped.

Así lo explica Svenja Gudell, economista principal de Zillow:

Todavía queremos casas grandes con amplios dormitorios y cuartos de baño; pero, cada vez más, vamos a tener que llegar a un acuerdo para mantener ese tipo de viviendas accesibles, es decir, buscaremos terrenos más pequeños. Los estadounidenses quieren, a la vez, espacio y comodidad, pero la tierra disponible cerca de los centros de trabajo es cara. Esta tendencia de grandes casas y terrenos más pequeños implica un compromiso entre lo que los constructores pueden construir de manera rentable y lo que los consumidores realmente van a comprar.

Forzados a escoger entre una casa o un patio más grande, el norteamericano tipo, que vive cerca de centros económicos, escoge la casa.

Pero la primacía cultural de los espacios verdes tiene también otros detractores. Como advirtió mi colega Megan Garber el año pasado en The Life and Death of the American Lawn (La vida y la muerte del césped estadounidense), una mezcla de falta de conciencia ambiental y de un cambio en las costumbres sociales ha propiciado que invertir dinero y esfuerzos en el embellecimiento del césped sea visto como algo banal, incluso egoísta. “Quizá, como rezan las vallas publicitarias a ambos lados de las carreteras de California: ‘Brown is the New Green’ (El café es el nuevo verde)”, escribió Garber. Vea aquí el aumento de los jardines rocosos y los patios resistentes a la sequía.

Ahora bien, hay un punto de inflexión que debemos notar. Hasta el momento, un césped sigue siendo un fin en sí mismo, un lugar para jugar, cultivar plantas y flamencos rosados. Pero si la contracción continúa, el césped estaría en peligro de convertirse en un espacio meramente simbólico. Eso no es nada nuevo para los habitantes de la ciudad, quienes se ven a sí mismos como afortunados por tener un pedazo de hierba y haber hecho, de los parques públicos, sus patios durante siglos. Pero implicaría un cambio profundo en los suburbios -y ni siquiera un cambio atractivo en general-, mientras las peyorativamente llamadas McMansions se amontonan como nunca antes, enormes y solitarias.

El artículo apareció originalmente en inglés en The Atlantic.

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